Comprometidos a Sembrar La Palabra de Dios

Jesús sana a una mujer con flujo de sangre y resucita a una niña

En la hora de la necesidad

Aquí tenemos todos los elementos de una tragedia. Siempre es trágico que un niño esté enfermo. Esta historia nos dice que la hija del gobernador de la sinagoga tenía doce años. Según la costumbre judía, una niña se hacía mujer al cumplir los doce años.

Esta chica estaba en el umbral de la feminidad, y cuando llega la muerte en esa edad es doblemente trágica. La historia nos dice algo acerca de este hombre que era el gobernador de la sinagoga. Tiene que haber sido una persona de considerable importancia. El gobernador era el responsable administrativo de la sinagoga. Era el presidente de la junta de ancianos, y el responsable de la buena marcha de la sinagoga. Tenía a su cargo el orden de los cultos. No solía tomar parte en ellos él mismo, pero era responsable de la distribución de obligaciones y de ver que todo se llevaba a cabo decentemente y con orden. El gobernador de la sinagoga era uno de los hombres más importantes y más respetados de la comunidad. Pero algo le sucedió cuando su hija cayó enferma, y él pensó en Jesús.

(i) Se olvidó de sus prejuicios. No hay duda que Jairo debe de haber considerado a Jesús un marginado, un hereje peligroso, uno para Quien las puertas de la sinagoga estaban justificadamente cerradas, y Uno al que haría bien en evitar todo el que apreciara su relación con los guardianes de la ortodoxia. Pero era lo suficientemente persona como para abandonar sus prejuicios a la hora de su necesidad. Prejuicio quiere decir realmente juicio que se hace antes de tiempo. Es juzgar antes de haber examinado la evidencia, o dar un veredicto antes de examinar aquella. Pocas cosas han contribuido más que esta a detener las cosas. Casi cada paso hacia adelante se ha tenido que dar oponiéndose a un prejuicio inicial. Cuando Sir James Simpson descubrió el uso del cloroformo como anestésico, especialmente en los partos, se dijo que eso no era más que «una treta de Satanás, presentada como una bendición para las mujeres, pero que acaba endureciéndolas y robando a Dios de los clamores profundos y serios que deben elevarse a Él en tiempo de prueba.» Una mente dada a los prejuicios le cierra el camino a muchas bendiciones.

(ii) Se olvidó de su dignidad. Él, el gobernador de la sinagoga, vino a se postró a los pies de Jesús, el Maestro ambulante. No pocas veces una persona tiene que olvidar su dignidad para salvar su vida o su alma. Hay una historia famosa de Diógenes, el filósofo cínico. Le capturaron unos piratas, y le iban a vender como esclavo. Mirando a los que pasaban y envidaban por él, se fijó en un hombre. «Véndeme a ese hombre –dijo-. Necesita un maestro.» El
hombre le compró; le confió a Diógenes la dirección de su casa y la educación de sus hijos. «Fue un buen día para mí -solía decir aquel hombre-cuando Diógenes entró en mi casa.» Cierto; pero le costó a aquel hombre abdicar de su dignidad. A menudo sucede que una persona mantiene su dignidad y cae de la gracia.

(iii) Se olvidó de su orgullo. Tiene que haberle costado un esfuerzo consciente de humillación a este gobernador de la sinagoga el venir a pedirle ayuda a Jesús de Nazaret. A nadie le gusta deberle un favor a otro; todos queremos resolverlo todo solos. El primer paso en la vida cristiana es darnos cuenta de que no podemos por menos de estar en deuda con Dios. En una antigua historia, eso fue precisamente lo que tuvo que hacer Naamán (2 Reyes 5). Tuvo que venir a Eliseo para curarse de la lepra. La prescripción de Eliseo fue que fuera y se bañara en el Jordán siete veces. ¡Esa no era manera de tratar al primer ministro de Siria! Eliseo ni siquiera había comunicado el mensaje personalmente. ¡Se lo había enviado con un criado! Y, ¿es que no había ríos mucho mejores en Siria que ese riachuelo polvoriento y cenagoso del Jordán? Estos fueron los primeros pensamientos de Naamán; pero acabó por tragarse su orgullo, y se libró de su lepra.

Ayúdanos a continuar sembrando La Palbara de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar los fondos para continuar con La Gran Comisión


Deja el primer comentario

Otros artículos de Nuestro Blog

Que pueden ser de interés para ti de acuerdo a tus lecturas previas.

  • Job 5: Al necio lo mata la ira

    Job 5:14 De día tropiezan con tinieblas; a mediodía andan a tientas, como de noche. Job 5:15 Él libra de…
  • Jeremías 4: La amargura

    Jeremías 4:19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí;…
  • Isaías 4: La purificación y gloria de Sion

    La purificación y gloria de Sion El paso de la sección anterior a la presente es abrupto. Aparentemente no tiene…
  • El sembrador

    En 1930 un joven viajero exploraba los Alpes Franceses. Llegó a una vasta extensión de tierra estéril. Estaba desolada. Era…