Jesús sana a un leproso

Al séptimo día volverá el sacerdote a examinarla, y si la plaga se ha extendido por las paredes de la casa, dará órdenes de que se quiten las piedras que tengan esa mancha y se arrojen en un lugar impuro fuera de la ciudad; dará órdenes también de que se raspe todo el interior de la casa, y de que el polvo raspado se arroje a un lugar impuro fuera de la ciudad. Se tomarán entonces otras piedras para reponer las que fueron quitadas, y barro nuevo para recubrir la casa. “Si la plaga vuelve a aparecer en la casa después de haberse quitado las piedras, raspado la pared y haberla recubierto de nuevo, el sacerdote entrará a examinarla. Si la plaga se ha extendido por la casa, se trata de lepra maligna y la casa es impura. Por lo tanto, la casa deberá ser derribada y todos sus escombros arrojados a un lugar impuro fuera de la ciudad. Cualquiera que entre en la casa durante el tiempo en que el sacerdote haya ordenado mantenerla cerrada, será considerado impuro hasta el anochecer.

Cualquiera que coma o duerma en la casa, deberá lavar su ropa para purificarla. “Si al entrar el sacerdote a examinar la casa, nota que la plaga no se ha extendido después de haber sido recubierta, la declarará casa pura, porque la plaga ha terminado. Para purificar la casa, tomará dos pajarillos, madera de cedro, tela roja e hisopo. Matará uno de los pajarillos sobre una olla de barro con agua de manantial. Luego tomará el cedro, el hisopo, la tela roja y el pajarillo vivo, y los mojará con la sangre del pajarillo muerto y con el agua de manantial, y rociará la casa siete veces. Así purificará la casa con la sangre del pajarillo y el agua de manantial, y con el pajarillo vivo, el cedro, el hisopo y la tela roja. Después dejará en libertad al pajarillo vivo en las afueras de la ciudad, y así cumplirá con lo requerido para la purificación de la casa.” Estas son las instrucciones acerca de cualquier plaga de lepra y de tiña, de lepra en la ropa y en las casas, de hinchazones, erupciones y manchas, para que se pueda distinguir entre lo puro y lo impuro. Hasta aquí las instrucciones acerca de la lepra. El leproso tenía que ser examinado por un sacerdote. Había que llevar dos avecillas, y matar una sobre agua corriente. Además había que llevar cedro, escarlata e hisopo. Estas cosas se llevaban, juntamente con la avecilla viva, se untaban con la sangre de la muerta, y entonces se dejaba libre a la viva. El hombre lavaba su cuerpo y su Topa y se afeitaba. Se dejaban pasar siete días, y se le examinaba otra vez. Entonces tenía que afeitarse el pelo de la cabeza y de las cejas. Entonces se hacían ciertos sacrificios que consistían en dos corderos sin defecto y una cordera; tres décimas de un efa de flor de harina mezclada con aceite, y un log de aceite. Se tocaba al leproso restaurado con la sangre y el aceite el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha y del pie derecho. Por último le examinaban por última vez y, si se confirmaba la curación, se le permitía volver a la vida normal con un certificado de que era limpio.

Jesús le dijo a este hombre que pasara todo ese proceso. Aquí hay dirección. Jesús le estaba diciendo a ese hombre que no se inhibiera de las disposiciones que había a su disposición en aquellos días. No seremos beneficiarios de milagros si despreciamos el tratamiento médico y científico que está a nuestro alcance. Debemos hacer todo lo que nos es humanamente posible antes de que el poder de Dios pueda cooperar con nuestros esfuerzos. Un milagro no viene cuando esperamos inactivos a que Dios lo haga todo, sino en respuesta a la colaboración de un esfuerzo lleno de fe por parte del hombre con la ilimitada gracia de Dios.

De la descripción de Levítico 13 se deduce claramente que en los tiempos del Nuevo Testamento el término lepra se usaba aplicándolo a otras enfermedades de la piel: “Cuando alguien tenga hinchazones, erupciones o manchas en la piel del cuerpo, o llagas que parezcan de lepra, deberá ser llevado al sacerdote Aarón o a uno de los sacerdotes descendientes de él. El sacerdote deberá examinar la llaga en la piel, y si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco y la llaga se ve más hundida que la piel, seguramente es llaga de lepra. Luego que el sacerdote haya examinado a esa persona, la declarará impura. “Si la mancha de la piel es blanca, pero no se ve más hundida que la piel, ni el pelo se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrará al enfermo durante siete días. A los siete días lo volverá a examinar, y si la llaga sigue igual y no se ha extendido por la piel, volverá a encerrarlo otros siete días. A los siete días lo examinará de nuevo, y si la llaga va desapareciendo y no se ha extendido por la piel, entonces el sacerdote declarará puro al enfermo, pues era solo una irritación de la piel. Entonces el enfermo lavará su ropa y quedará puro. “Pero si la irritación sigue extendiéndose por la piel después de que el enfermo fue examinado y declarado puro por el sacerdote, tendrá que ir otra vez a que el sacerdote lo examine. Si al examinar el sacerdote al enfermo, ve que la irritación se ha extendido por toda la piel, entonces lo declarará impuro, pues está enfermo de lepra. “Cuando una persona tenga llagas de lepra, deberá ser llevada al sacerdote.

El sacerdote la examinará, y si la hinchazón de la piel es blanca y ha causado que el pelo se vuelva blanco, y si se ve la carne viva en la hinchazón, es que se trata de lepra crónica de la piel. El sacerdote deberá declarar impura a esa persona, y no será necesario que la encierre, porque ya es impura. “Si la lepra se desarrolla rápidamente, al grado de cubrir de pies a cabeza la piel del enfermo hasta donde el sacerdote pueda ver, el sacerdote lo examinará; y si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, el sacerdote lo declarará puro, pues la lepra se ha vuelto blanca y él ha quedado puro.

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