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Jesús resucita de entre los muertos

Así que fue a Pedro y Juan a los que acudió María, y ellos se dirigieron inmediatamente a la tumba. Fueron a la carrera; y Juan, que debe de haber sido más joven que Pedro puesto que vivió hasta el final del siglo I, dejó atrás a su compañero. Cuando llegó a la tumba, Juan miró hacia dentro, pero no entró. Pedro, impulsivo por naturaleza, no sólo miró, sino entró. De momento, Pedro sólo se sorprendió de que la tumba estuviera vacía; pero algo empezó a ocurrir en la mente de Juan. Si alguien se hubiera llevado el cuerpo de Jesús, si lo hubieran robado los ladrones de tumbas, ¿por qué se iban a dejar la mortaja?

Entonces otra cosa le sorprendió aún más: los lienzos no estaban tirados de cualquier manera, sino colocados todavía con sus dobleces -eso es lo que dice el original-:los que habían cubierto el cuerpo, donde había estado el cuerpo; y los que la cabeza, donde había estado la cabeza. Lo que se nos quiere decir es que las ropas fúnebres no parecían como si se le hubieran quitado al cadáver, sino que estaban colocadas como si el cuerpo de Jesús se hubiera esfumado. Aquello penetró en la mente de Juan; se dio cuenta de lo que había sucedido -¡y creyó! No fue lo que había leído en las Escrituras lo que le convenció de que Jesús había resucitado, sino lo que vio con sus propios ojos.

El papel del amor en esta historia es extraordinario. Fue María, la que tanto amaba a Jesús, la primera en ir a la tumba. Y fue Juan, el discípulo al que amaba Jesús y que amaba a Jesús de una manera especial, el primero que creyó en la Resurrección. Esa será siempre la mayor gloria de Juan. Fue el primero en darse cuenta y en creer. El amor le abrió los ojos para leer las señales, y la mente para entenderlas.

Aquí tenemos una de las grandes leyes de la vida. En cualquier clase de obra, es verdad que no podemos realmente interpretar el pensamiento de otra persona a menos que haya entre nosotros un nexo de simpatía. Resulta evidente cuando el director de orquesta está en relación de simpatía con la música del compositor cuya pieza está interpretando. El amor es el gran intérprete. El amor puede captar la verdad cuando el intelecto se mueve todavía inseguro y a tientas. El amor puede darse cuenta del sentido de una cosa cuando la investigación sigue a ciegas. Una vez, un artista joven le trajo a Doré un cuadro de Jesús para que le diera su parecer. Doré se resistía a hacerlo; pero, por último, dijo una sola frase: « Tú no Le amas; porque, si Le amaras, Le habrías pintado mejor.» No podemos entender a Jesús ni ayudar a otros a entenderle, si no Le entregamos nuestros corazones tanto como nuestras mentes.

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