Jesús promete descanso para el alma

Al cabo de setenta años el Señor volverá a ocuparse de Tiro. Ella volverá a alquilarse y se prostituirá con todos los países de la tierra. Pero las ganancias de su comercio serán consagradas al Señor; no serán guardadas ni almacenadas, sino que serán dadas a los que sirven al Señor, para que (Isaías 23); «Por eso yo, el Señor, digo: Tiro, yo me declaro tu enemigo. Haré que muchas naciones se levanten contra ti, como levanta el mar sus olas, y que destruyan tus murallas y echen abajo tus torres. Hasta el polvo barreré de su lugar, y solo dejaré una roca pelada. En medio del mar quedará, como un lugar para poner las redes a secar. yo, el Señor, lo afirmo. Tiro será saqueada por las naciones, y sus colonias en tierra firme caerán a filo de espada. Entonces reconocerán que yo soy el Señor. «Yo, el Señor, digo: Voy a hacer venir del norte a Nabucodonosor, rey de Babilonia, el rey más poderoso, para que ataque a Tiro. Vendrá con caballos, y carros, y jinetes, y con muchas tropas reunidas. (Ezequiel 26:3-7); «Tú, hombre, entona un canto fúnebre al rey de Tiro, y dile: ‹Esto dice el Señor: Tú eras modelo de perfección, lleno de sabiduría y de perfecta belleza. Estabas en Edén, el jardín de Dios, adornado de toda clase de piedras preciosas: rubí, crisólito, jade, topacio, cornalina, jaspe, zafiro, granate y esmeralda; tus joyas y aretes eran de oro, preparados desde el día en que fuiste creado. Te dejé al cuidado de un ser alado, estabas en el monte santo de Dios y caminabas entre las estrellas. Tu conducta fue perfecta desde el día en que fuiste creado hasta que apareció en ti la maldad. Con la abundancia de tu comercio te llenaste de violencia y de pecado. Entonces te eché de mi presencia; te expulsé del monte de Dios, y el ser alado que te protegía te sacó de entre las estrellas. Tu belleza te llenó de orgullo; tu esplendor echó a perder tu sabiduría. yo te arrojé al suelo, te expuse al ridículo en presencia de los reyes. Tantos pecados cometiste y tanto te corrompiste con tu comercio, que llegaste a profanar tus templos. Entonces hice brotar en medio de ti un fuego que te devorara. Todos pueden verte ahora en el suelo, convertido en cenizas. Todas las naciones que te conocen se espantan al verte. Te has convertido en algo terrible; ¡para siempre has dejado de existir!› El Señor se dirigió a mí, y me dijo: «Tú, hombre, vuélvete hacia Sidón y habla en mi nombre contra ella. Dile: ‹Esto dice el Señor: yo me declaro tu enemigo, Sidón; en medio de ti voy a ser glorificado. y cuando ejecute la sentencia contra ti y demuestre así mi santidad, se reconocerá que yo soy el Señor. (Ezequiel 28:12-22). Sodoma y Gomorra eran y son el prototipo de la iniquidad.

Cuál fue entonces el pecado de Corazín, de Betsaida, de Cafarnaum?

(i) Fue el pecado de los que olvidan las responsabilidades del privilegio.

A las ciudades de Galilea se les había concedido un privilegio que no habían tenido nunca Tiro y Sidón, o Sodoma y Gomorra; porque las ciudades de Galilea habían visto y oído a Jesús en persona. No podemos condenar a alguien que no ha tenido nunca la oportunidad de saber; pero si uno que ha tenido todas las oportunidades para conocer el bien obra el mal, merece la condenación. No condenamos a un niño por lo que condenaríamos a un adulto; no condenaríamos a un salvaje por una conducta que condenaríamos en una persona civilizada; no esperamos que el que se ha criado en la pobreza de un barrio de chabolas viva la vida de una persona que ha vivido siempre en un hogar bueno y cómodo. Cuanto mayores son nuestros privilegios, mayor es nuestra condenación si fallamos en asumir las responsabilidades y aceptar las obligaciones que conllevan estos privilegios.

(ii) Era el pecado de la indiferencia. Estas ciudades no atacaron a Jesucristo; no le echaron de su entorno; no trataron de crucificarle; simplemente no le prestaron atención.

No hacer caso puede ser tan mortal como la persecución. Un autor escribe un libro; se lo manda a los críticos; algunos puede que lo alaben, otros puede que lo condenen; no importa, siempre que le presten atención; la única cosa que puede dejar a un libro tan muerto como una piedra es que no se le preste la menor atención para hacerle una crítica positiva o negativa.

Un pintor hizo un cuadro de Cristo en pie en uno de los famosos puentes de Londres. Le representó con las manos extendidas en actitud de llamada o invitación a la gente que pasaba a Su lado sin prestarle atención. Sólo una joven enfermera demostraba darse cuenta de Su presencia. Ahí tenemos la situación moderna de muchos países hoy en día. No hay hostilidad hacia el Cristianismo; ni deseo de destruirlo: sólo una total indiferencia. Se relega a Cristo al nivel de los que no importan. La indiferencia también es un pecado, y de los peores, porque la indiferencia mata. No quema viva una religión: la mata por congelación. No la decapita; le quita la vida despacito por asfixia.

(iii) Así que nos encontramos cara a cara con una gran verdad amenazadora: también es un pecado no hacer nada.

Hay pecados de acción, que se cometen; pero también los hay de inacción, que se omiten. El pecado de Corazín, Betsaida y Cafarnaum fue el pecado de no hacer nada. La defensa de muchos es alegar: «¡Yo no he hecho nunca nada!» Esa puede que sea su condenación.

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