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Jesus predice su muerte por primera vez

Pastor Lionel

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En nuestro tiempo y país no es probable que sea una cuestión de martirio, pero sigue siendo un hecho que, si nos enfrentamos con la vida en una constante búsqueda de seguridad, facilidad y comodidad, si todas las decisiones las hacemos por motivos mundanos de prudencia, estamos perdiéndonos todo lo que hace que la vida valga la pena. La vida se convierte en algo incoloro y blandengue, cuando podría haber sido una aventura. La vida se convierte en algo egoísta, cuando podría haber estado radiante en el servicio. La vida se vuelve una cosa atada a la tierra, cuando podría haber estado escalando las estrellas. Alguien escribió una vez un amargo epitafio a otro: «Nació hombre, y murió tendero.» En vez de tendero podemos poner cualquier otra profesión. El que siempre juega a lo seguro deja de ser un hombre, porque el hombre fue hecho a imagen de Dios.

(ii) El hombre que lo arriesga todo -y puede que parezca que lo ha perdido todo- por Cristo, encuentra la vida. La sencilla lección de la Historia es que siempre han sido las almas aventureras, que dijeron adiós a la seguridad y a la tranquilidad, las que escribieron sus nombres en la Historia y ayudaron grandemente a la humanidad. Si no hubiera sido por los que, estuvieron dispuestos a asumir riesgos, no habría existido ninguna cura médica. Si no hubiera sido por los que estuvieron dispuestos a asumir riesgos, muchos de los aparatos que hacen la vida más fácil no se habrían inventado. Si no hubiera sido por las madres que estuvieron dispuestas a asumir riesgos, no habría nacido ningún niño. Siempre es la persona que está dispuesta « a jugarse la vida a que hay Dios» la que a fin de cuentas encuentra la vida.

(iii) Entonces Jesús hace una advertencia: «Supongamos que uno va a lo seguro; supongamos que se gana todo el mundo; supongamos también que la vida no vale la pena… ¿Qué puede hacer para recuperar la vida?» Y la hosca conclusión es que no puede hacer nada para recuperarla. En cualquier decisión de la vida estamos haciéndonos algo a nosotros mismos; nos estamos haciendo una clase de persona; estamos construyendo paulatina e inevitablemente una cierta clase de carácter; estamos capacitándonos para hacer ciertas cosas e incapacitándonos para hacer otras. Es posible que uno consiga todo lo que se propone, y que se despierte una mañana para darse cuenta de que ha perdido todo lo que era más importante.

El mundo representa aquí las cosas materiales que son opuestas á Dios; y de todas ellas se pueden decir tres cosas.

(a) Uno no se las puede llevar consigo al final; no puede llevarse nada más que a sí mismo; y, si se ha degradado a sí mismo para conseguirlas, más amargo será su pesar.

(b) No le pueden ayudar a uno en las circunstancias aciagas de la vida. Las cosas materiales no pueden sanar un corazón quebrantado ni alegrar a un alma -solitaria.

(c) Si resultara que una persona hubiera ganado sus posesiones materiales de una manera deshonrosa, llegará el día cuando hable la conciencia, y experimentará el infierno a este lado de la tumba.

El mundo está lleno de voces que advierten que es un loco el que vende la vida real por cosas materiales.

(iv) Por último, Jesús pregunta: « ¿Qué puede dar un hombre a cambio de su alma?» La palabra griega es: «¿Qué antal- lagma dará un hombre por su alma?» Antal- lagma es una palabra interesante. En el libro del Eclesiástico leemos: «No hay antal- lagma por un amigo fiel,» y « No hay antal- lagma por un alma disciplinada» (Eclesiástico 6:15; 26:14). Quiere decir que no hay dinero en el mundo para comprar un amigo fiel o un alma disciplinada; que son cosas que no tienen precio. Así es que este dicho final de Jesús puede querer decir dos cosas.

(a) Puede querer decir: Una vez que una persona ha perdido la vida real por su deseo de cosas materiales y de seguridad, no hay precio que pueda pagar para recuperarla. Se ha producido un perjuicio que no podrá borrar jamás.

(b) Puede querer decir: Una persona se debe a sí misma y todo lo demás a Jesucristo; y no hay nada que Le pueda dar a Cristo a cambio de su vida. Es muy posible que trate de darle a Cristo su dinero para quedarse con su vida. Y aún más posible que Le dé a Cristo un tributo de labios para fuera y siga reteniendo su vida. Muchas personas contribuyen económicamente al mantenimiento de la iglesia, pero no asisten. Está claro que eso no satisface las demandas de la membresía. Lo único que podemos darle a la Iglesia esa nosotros mismos; y la única donación que podemos hacerle a Cristo es toda nuestra vida. No hay ningún sustituto. Ninguna otra cosa valdrá.

La advertencia y la promesa

Jesús siguió diciéndoles: Porque el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de Su Padre, con Sus ángeles, y entonces sancionará a cada persona según su curso de acción. Os digo la pura verdad: Hay algunos de dos que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre llegando en Su Reino.

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