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Jesús predice la destrucción del templo

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Y si pensamos solamente en el amor de Dios, nuestra religión se puede convertir en una sensiblería facilona. Hay más que Lucas 15 en el Nuevo Testamento.

Siempre encontraremos paradojas en el Evangelio. Dios es amor, y sin embargo es también justicia. El hombre es libre; sin embargo, Dios está en control. El hombre es una criatura del tiempo; pero también es una criatura de la eternidad. G. K. Chesterton decía que la ortodoxia era como andar por el filo de la navaja con las fauces del abismo abiertas a cada lado. Un paso demasiado a la derecha o a la izquierda, y viene el desastre. Debemos, como repetían los griegos, ver la vida equilibradamente, y verla en su conjunto.

(iii) La herejía surge cuando se trata de producir una religión que le vaya bien a todo el mundo, que sea popular y atractiva.

Para eso hay que aguarla. El aguijón, la condenación, la humillación, las exigencias morales, tienen que evitarse para ello. Nuestra tarea no consiste en modificar el Evangelio para agradar a la gente, sino en transformar a la gente para que se ajuste al Evangelio.

(iv) La herejía surge cuando nos divorciamos de la comunión cristiana. Cuando una persona piensa por libre, corre un grave peligro de descarriarse. Hay tal cosa como la tradición de la Iglesia a la que algunos puede que den una importancia excesiva, y otros insuficiente. Aquí se puede errar, unos por carta de más, y otros por carta de menos. Se nos dice que la Iglesia es la guardiana -«columna y apoyo»- de la verdad. Si uno descubre que su pensamiento le separa de la comunión con los demás, lo más probable es que la culpa sea de su pensamiento. Es un principio católico-romano que uno no puede tener a Dios por Padre sin tener a la Iglesia por madre -y hay mucha verdad en ello.

(v) La herejía surge de intentar ser completamente inteligible. Aquí tenemos una de las grandes paradojas. Tenemos la obligación moral de hacer todo lo posible por entender nuestra fe; pero, como somos finitos y Dios es infinito, no podemos nunca entenderlo todo totalmente desde esta ladera. « Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos, dice el Señor. Como están los cielos por encima de la tierra, así están Mis caminos por encima de los vuestros, y Mis pensamientos por encima de los vuestros» (Isaías 55:8s).

Por esa misma razón, una fe que se pueda expresar con claridad meridiana en una serie de proposiciones, y que se pueda demostrar irrefutablemente en una serie de pasos lógicos como un teorema de geometría es una contradicción en términos. Como decía G. K. Chesterton: «Tiene uno que ser un necio para tratar de meterse los cielos en la cabeza sin que se le reviente.

El sabio se contenta con meter la cabeza en los cielos.» Aun en nuestra actitud más intelectual debemos recordar que hay un lugar para el misterio supremo ante el que no podemos hacer sino maravillarnos y adorar. «Creo -como decía Tertuliano-, porque es algo que no me cabe en la cabeza.»

Su segunda venida

Jesús continuó diciéndoles: -Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os inquietéis. Estas cosas tienen que suceder, pero todavía no es el fin. Unas naciones se levantarán contra otras, y unos reinos contra otros. En algunos lugares habrá terremotos, y en otros hambrunas. Estas cosas son el principio de los dolores de parto de la nueva era. ..»Y en esos días, después de esa tribulación, el Sol se oscurecerá y la Luna no dará su luz, y las estrellas estarán cayendo del cielo, y las potencias de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre Que viene en las nubes con mucho poder y gloria. Y entonces Él enviará a Sus ángeles a recoger a los escogidos de los cuatro vientos, desde el límite de la Tierra hasta el límite de los cielos.

Aquí Jesús está hablando sin duda de Su Segunda Venida; pero -y esto es importante- reviste la idea en tres cuadros que son parte integrante del aparato del Día del Señor.

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