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Jesús predice la destrucción del templo

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Los peligros de los últimos días

Cuando Jesús estaba sentado en el Monte de los Olivos, enfrente de los edificios del Templo, Pedro y Santiago y Juan y Andrés Le preguntaron privadamente: Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando estas cosas estén apunto de cumplirse? Jesús empezó a decirles: No os dejéis engañar por nadie. Vendrán muchos en Mi nombre diciendo: «¡Yo soy Éll, » y descarriarán a muchos. «Y si alguno os dice entonces: «¡Fijaos! ¡Aquí está el Mesías!», o «¡Fijaos! ¡Allí está!», no los creáis; porque surgirán falsos mesías y falsos profetas que realizarán señales y milagros para descarriar a los elegidos, si les fuera posible. ¡Pero vosotros, tened cuidado! ¡Fijaos! Os he advertido de antemano todo lo que va a suceder.

Jesús se daba perfecta cuenta de que, antes del final, surgirían herejes; y de hecho no pasó mucho tiempo cuando aparecieron en la Iglesia. La herejía surge de cinco causas.

(i) Surge de construir una doctrina a gusto de cada uno. La mente humana tiene una capacidad ilimitada para pensar lo que le conviene. En una frase famosa, el salmista dijo: «El necio se dijo para sus adentros: «¡Dios no existe!»» El necio del que habla el salmista no era ningún ignorante estúpido, sino un necio moral. Su afirmación de que Dios no existe surgía de su deseo de que Dios no existiera. Si Dios existía sería peor para él; por tanto, Le eliminaba de su universo.

Una herejía concreta que ha existido siempre es el antinomismo. El antínomo parte del principio de que hay que abolir la Ley -y en cierto sentido tiene razón. De ahí pasa a decir que no existe nada más que la gracia -y de nuevo, en cierto sentido, tiene razón. De ahí pasa a discutir-como Pablo nos muestra en Romanos 6- de la manera siguiente: « ¿Dices que la gracia de Dios es suficientemente amplia para cubrir cualquier pecado?» « Sí.» «¿Dices que la gracia de Dios puede perdonar cualquier pecado?» « Sí.» « ¿Dices que la gracia de Dios es la cosa más grande y maravillosa del universo?» «Sí.» «Entonces -concluye el antínomo-, ¡sigamos pecando a gusto, porque cuanto más pequemos más oportunidades de manifestarse le damos a la maravillosa gracia de Dios! El pecado es una cosa buena, porque le da oportunidad de obrar a la gracia. Por tanto, vivamos como nos dé la gana.» La gracia de Dios se tergiversa para darle la razón al que quiere pecar.

La misma clase de argumento usa el que declara que lo único importante de la vida es el alma, y que el cuerpo no importa lo más mínimo. En ese caso, así se razona, uno puede hacer lo que quiera con su cuerpo. Si tiene esa inclinación, puede saciar sus deseos.

Una de las maneras más corrientes de llegar a la herejía es moldear la verdad cristiana a nuestro gusto y conveniencia.

¿Podría ser que las doctrinas del infierno y la de la Segunda Venida se hubieran marginado de gran parte del pensamiento teológico porque son ambas tan inquietantes? Nadie querría recuperar ninguna de las dos en su forma más cruda; pero, ¿podrá ser que ambas se hayan desplazado demasiado lejos del pensamiento cristiano porque no nos conviene creer en ellas?

(ii) La herejía surge de hacer hincapié excesivo en una parte de la verdad. Siempre es erróneo, por ejemplo, subrayar excesivamente uno de los atributos de la Divinidad en detrimento de los otros. Si no pensamos nada más que en la santidad de Dios, nunca llegaremos a ninguna intimidad con Él, sino tenderemos más bien a un deísmo que Le conciba como totalmente remoto del mundo. Si pensamos solamente en la justicia de Dios, no nos libraremos nunca de tenerle miedo. Nos encontraremos asediados, pero no ayudados, por nuestra religión.

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