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Jesús predica por toda Galilea

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De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario. Pero la gente lo buscó, y llegaron a donde él estaba. Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús, y cuando lo encontraron le dijeron: Todos te están buscando, quieren detenerte para que no te vayas. Pero él les contestó: Vamos a los otros lugares cercanos; también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido. Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje, enseñando en la sinagoga de cada lugar del país de los judíos y expulsando a los demonios. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de todas sus enfermedades y dolencias. Jesús recorría toda Galilea, Se hablaba de Jesús en toda la región de Siria, y le traían a cuantos sufrían de diferentes males, enfermedades y dolores, y a los endemoniados, a los epilépticos y a los paralíticos. Y Jesús los sanaba. Mucha gente de Galilea, de los pueblos de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la región al oriente del Jordán seguía a Jesús. Jesús bajó del cerro con ellos y se de tuvo en un llano. Se habían juntado allí muchos de sus seguidores y mucha gente de toda la región de Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Habían llegado para oír a Jesús y para que los curara de sus enfermedades. Los que sufrían a causa de espíritus impuros, también quedaban sanos. Así que toda la gente quería tocar a Jesús, porque los sanaba a todos con el poder que de él salía. Jesús predica por toda Galilea. Mateo 4:23-25; Lucas 4.42-44; Marcos 1.35-39

De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario. Pero la gente lo buscó, y llegaron a donde él estaba. Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús, y cuando lo encontraron le dijeron: Todos te están buscando, quieren detenerte para que no te vayas. Pero él les contestó: Vamos a los otros lugares cercanos; también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido.

Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje, enseñando en la sinagoga de cada lugar del país de los judíos y expulsando a los demonios. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de todas sus enfermedades y dolencias. Jesús recorría toda Galilea, Se hablaba de Jesús en toda la región de Siria, y le traían a cuantos sufrían de diferentes males, enfermedades y dolores, y a los endemoniados, a los epilépticos y a los paralíticos. Y Jesús los sanaba. Mucha gente de Galilea, de los pueblos de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la región al oriente del Jordán seguía a Jesús.

Jesús bajó del cerro con ellos y se de tuvo en un llano. Se habían juntado allí muchos de sus seguidores y mucha gente de toda la región de Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Habían llegado para oír a Jesús y para que los curara de sus enfermedades. Los que sufrían a causa de espíritus impuros, también quedaban sanos. Así que toda la gente quería tocar a Jesús, porque los sanaba a todos con el poder que de él salía.

De madrugada, Jesús salió para estar a solas con Dios. Podía responder a las insistentes necesidades humanas gracias a que antes buscaba la compañía de Dios. Una vez, en la guerra de 1914-18, estaba a punto de celebrarse una conferencia de los jefes, y ya estaban todos presentes menos el mariscal Foch, que era el general en jefe. Un oficial que le conocía bien dijo: -Creo que sé dónde podemos encontrarle. Y llevó a los demás a las ruinas de una capilla cercana al cuartel general; y allí, ante el altar derruido, estaba el gran soldado arrodillado en oración. Antes de encontrarse con los hombres tenía que encontrarse con Dios.

Jesús no dijo ni una palabra de queja o resentimiento cuando la gente invadió su soledad. La oración es algo muy importante, pero en última instancia la necesidad humana lo es más. La gran maestra misionera Florence Allshorn dirigía una escuela para preparar misioneros; conocía la naturaleza humana, y no disculpaba a los que de pronto se daban cuenta de que había llegado su momento de oración privada precisamente cuando había que fregar los cacharros. Hay que orar; pero la oración no debe ser nunca una evasión de la realidad. La oración no nos debe aislar del clamór, insistente de la necesidad humana, sino prepararnos para salirle al paso. Y algunas veces tendremos que dejar de estar de rodillas para ponernos en pie antes de lo que quisiéramos, y ponernos a hacer algo.

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