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Jesús narra la parábola del hijo perdido

Pastor Lionel

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Así es que el hijo pródigo decidió volver a casa y pedir que se le recibiera, no como hijo, sino como uno de los que estaban en el nivel más bajo: los contratados para trabajar por días. Los esclavos corrientes eran en cierto modo miembros de la familia; pero los jornaleros se podían despedir de un día para otro; no eran parte de la familia. El hijo volvió a casa; y, según el mejor texto original, su padre no le dejó decir lo que se había preparado de que le dejara quedarse como jornalero. Le cortó antes. La ropa representa el honor; el anillo, la autoridad, porque el que una persona le diera a otra el anillo era como darle poder notarial; los zapatos distinguían, a los hijos, de los esclavos, que no los tenían. (De ahí el espiritual negro en el que el esclavo negro expresa su sueño de libertad diciendo que «Todos los hijos de Dios llevan zapatos»). Y empezó la fiesta para que todos pudieran celebrar la vuelta del ausente.

Parémonos aquí para contemplar la verdad de esta parábola:

(i) No es justo que se la conozca como « la parábola del Hijo Pródigo», porque el hijo no es el héroe de la historia. Debería llamarse «del Padre Amante», porque nos habla más del amor del Padre que del pecado del hijo.

(ii) Nos dice un montón del perdón de Dios. El padre tiene que haber estado esperando y observando el camino, porque vio al hijo cuando aún estaba a una distancia considerable. Y cuando llegó, le perdonó sin echarle nada en cara. Hay un perdón que se otorga por hacer un favor; o aún peor: cuando se sigue recordando el pecado con insinuaciones o alusiones o amenazas. Una vez uno le preguntó a Lincoln cómo iba a tratar a los rebeldes sudistas cuando fueran derrotados y volvieran a la Unión. Él esperaba que Lincoln hablara de venganza; pero sólo recibió por respuesta: «Los trataré como si nunca hubieran estado separados.» Es maravilloso que el amor de Dios nos trate así.

Ese no es el final de la historia. En la última parte aparece el hermano mayor, que sentía que su hermano hubiera vuelto.

Representa a los fariseos que se creían justos, y que habrían preferido que el pecador fuera destruido, y no salvo. Fíjemonos en algunos detalles:

(i) Se ve por su actitud que los años que había pasado sirviendo y obedeciendo a su padre los había pasado más cumpliendo con una obligación desagradable que sirviendo ,por amor.

(ii) Su actitud era de absoluta falta de compasión. Se refiere al pródigo, no como mi hermano, sino como tu hijo, probablemente despectivamente. Parece ser uno de esos tipos que se complacen en hundir aún más al desgraciado.

(iii) Tenía una mente sucia. No se mencionan las prostitutas hasta que lo hace él. Parece que acusaba a su hermano de pecados que le habría gustado cometer a él.

Otra vez nos encontramos con la verdad sorprendente y admirable de que es más fácil confesarnos con Dios que con muchos hombres; que Dios es más misericordioso en sus juicios que muchos supuestos piadosos; que el amor de Dios es más amplio que el de los hombres, y que Dios está dispuesto a perdonar cuando los hombres no. Ante un amor así, no podemos más que perdernos en admiración, amor y alabanza.

Tres cosas perdidas y el gozo de encontrarlas

Para terminar, debemos darnos cuenta de que las tres parábolas de este capítulo no son sencillamente tres maneras de decir lo mismo. Hay diferencias. La oveja se perdió porque era un animal estúpido. No pensaba; y muchos se librarían de caer en el pecado si pensaran un poco y a tiempo. La moneda se perdió sin que fuera culpa suya, diríamos que por accidente. El hijo se perdió a posta y a sabiendas, volviéndole la espalda a su padre.

El amor de Dios puede vencer la estupidez humana, las circunstancias que tantas veces influyen para mal, y hasta la consciente rebeldía del corazón. Porque Dios es amor, no se resigna a perder lo que ama, sino que busca y espera, y se alegra con gozo inefable y glorioso cuando recupera lo que se le había perdido.

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