Jesús narra la parábola del crecimiento de la semilla

Jesús narra la parábola del crecimiento de la semilla

Jesús dijo también: «Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra: que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga y cuando ya el grano está maduro, lo recoge, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.» Marcos 4:26-29

Esta es la única parábola que nos cuenta tan solo Marcos. El Reino de Dios quiere decir literalmente el reinado de Dios. Quiere decir el día cuando la voluntad de Dios se cumpla tan perfectamente en la Tierra como se cumple en el Cielo. Ese es el objetivo de Dios para todo el universo. Esta parábola es corta, pero está llena de verdades insoslayables.

(i) Nos habla de la impotencia humana. El labrador no hace crecer la semilla. En último análisis, ni siquiera sabe cómo crece. La semilla tiene el secreto de la vida y del crecimiento en sí misma. Nadie ha poseído nunca el secreto de la vida. Ninguna persona ha creado nunca nada en el sentido exacto de la palabra. El ser humano puede descubrir cosas; puede organizarlas; puede desarrollarlas; pero no puede crearlas.

Nosotros no creamos el Reino de Dios; el Reino es de Dios. Es verdad que lo podemos frustrar o impedir; y que podemos producir una situación en el mundo en la que se le da la oportunidad de que venga más plenamente y más rápidamente. Pero por detrás de todas las cosas está Dios, y el poder y la voluntad de Dios.

(ii) Nos dice algo acerca del Reino. Es un hecho notable el que Jesús usara tan a menudo ilustraciones del crecimiento de la naturaleza para describir la venida del Reino de Dios.

(a) El crecimiento natural es a menudo imperceptible. Si vemos una planta todos los días no nos damos cuenta de su crecimiento. Es sólo cuando la vemos de tarde en tarde cuando notamos la diferencia. Así sucede con›el Reino. No nos cabe la menor duda que el Reino está avanzando si comparamos, no hoy con ayer, sino este siglo con cualquiera de los pasados.

Cuando Elizabeth Fry fue a la cárcel de Newgate en 1817, encontró en el pabellón de las mujeres a trescientas mujeres e innumerables niños apiñados en dos pequeñas salas. Vivían y cocinaban y comían y dormían en el suelo. Los únicos que estaban a cargo eran un anciano y su hijo. Las mujeres estaban apelmazadas, medio desnudas, casi como bestias, mendigando dinero que gastaban en bebida alcohólica en el bar de la misma cárcel. Elizabeth encontró allí a un chico de nueve años que estaba esperando que le ahorcaran por romper una ventana y robar unos dibujos valorados en dos peniques. En 1853, los tejedores de Bolton estaban de huelga pidiendo un sueldo de diez peniques y medio al día, y los mineros de Stafford estaban en huelga pidiendo una paga de dos chelines y medio a la semana. (2 peniques son ahora 1 peseta; había 12 peniques en 1 chelín).

Ahora esas cosas no se pueden ni imaginar. ¿Por qué? Porque el Reino sigue avanzando. Puede que el crecimiento del Reino, como el de la planta, sea imperceptible de un día para otro; pero con el paso de. los años es indudable.

(b) El crecimiento natural es constante. Noche y día, mientras el c^pesino duerme, el crecimiento prosigue. No hay nada irregular en la obra de Dios. Lo malo del esfuerzo humano y de la bondad humana es que son
espasmódicos. Un día damos un paso adelante, y al día siguiente retrocedemos dos. Pero la obra de Dios prosigue calladamente; Dios desarrolla Su plan sin cesar.

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