Jesús narra la parábola del banquete de boda

El evangelista añade como comentario suyo las cosas terribles que sucedieron de hecho a la nación que se negó a aceptar el camino de Cristo. Y es, por supuesto, el sencillo hecho histórico que, si los judíos hubieran aceptado el camino de Cristo, y se hubieran conducido con amor, humildad y sacrificio, nunca habrían sido el pueblo rebelde y guerrero que acabó por provocar la ira vengativa de Roma, que no puedo soportar más sus maquinaciones políticas.

(ii) Igualmente, esta parábola tiene mucho que decir en una escala mucho más amplia.

(a) Nos recuerda que la invitación de Dios es a una fiesta tan alegre como una fiesta de bodas. Su invitación es a la alegría. El considerar el Cristianismo como una renuncia lúgubre a todo lo que trae risa y regocijo y gozosa compañía es confundir toda su naturaleza. Es al gozo a lo que se invita al cristiano; y es el gozo lo que se pierde si se rechaza la invitación.

(b) Nos recuerda que las cosas que hacen a las personas sordas a lk invitación de Cristo no son necesariamente cosas malas. Un hombre se fue a su hacienda; otro, a sus negocios. No se descarriaron por caminos de vicios salvajes o de aventuras inmorales. Fueron a ocuparse de las excelentes tareas de la administración eficaz del negocio de su vida comercial. Es muy fácil estar tan ocupado con las cosas del tiempo que se olvidan las de la eternidad, estar tan preocupado con las cosas que se ven que se olvidan las que no se ven, escuchar las demandas insistentes del mundo que no se oye la suave invitación de la voz de Cristo. La tragedia de la vida es que son a menudo las cosas menos buenas las que desplazan a las mejores, las cosas que son buenas en sí mismas las que excluyen a las cosas excelentes. Una persona puede estar tan ocupada ganándose honradamente la vida que no se da cuenta de que está realmente perdiendo la vida; puede estar tan ocupada con la administración y organización de la vida que se olvida de vivir.

(c) Nos recuerda que la llamada de Cristo no es tanto a considerar el castigo que se nos viene encima como a ver lo que nos perderemos si no seguimos Su camino. Los que no quisieron ir fueron castigados, pero su verdadera tragedia fue que se perdieron la alegría de una fiesta de bodas. Si rechazamos la invitación de Cristo, algún día nos daremos cuenta de que lo peor no es lo que suframos, sino el darnos cuenta de las cosas preciosas que nos habremos perdido.

(d) Nos recuerda que en último análisis la invitación de Dios es la invitación de la gracia. Los que iban por los caminos y los senderos no tenían ningún derecho a la atención del rey; no podrían nunca haberse esperado el ser invitados a una fiesta de bodas reales, y todavía menos se les habría podido ocurrir que se lo habían ganado. No se les presentó de ninguna otra manera que por la hospitalidad que les ofrecía el rey a brazos y corazón abiertos. Fue la gracia la que ofreció la invitación, y la que congregó a aquellos invitados.

El escrutinio del rey

Jesús continuó diciendo: El rey entró a ver a los que estaban sentados a la mesa, y vio allí a uno que no llevaba ropa de boda. «Amigo – le dijo- , ¿cómo viniste aquí sin vestirte de boda?» El hombre se quedó mudo de miedo. Entonces el rey dio orden a sus sirvientes: «¡Atadle de pies y manos, y tiradle a la oscuridad de fuera! ¡Que llore y rechine los dientes allí!» Porque muchos son invitados, pero pocos son seleccionados.

Esta es otra parábola distinta, pero es también una continuación y una ampliación de la anterior. Es la historia de un invitado que se presentó en la fiesta de bodas sin ir adecuadamente vestido.

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