Jesús narra la parábola de la semilla de mostaza

Este pasaje también nos muestra al alumno sabio. Nos pinta el cuadro del círculo íntimo al que Jesús podía explicar las cosas real y verdaderamente.

(a) El alumno sabio no se olvida cuando se marcha de la clase. Cuando se va, piensa en lo que ha oído. Lo rumia hasta digerirlo y asimilarlo. Epicteto, el sabio maestro estoico, solía molestarse con algunos de sus alumnos. Decía que las personas deberían usarla filosofía que aprendían, no para discutir, sino para vivir. En una metáfora cruda, decía que las ovejas no vomitan la hierba para que vea el pastor cuánto han comido, sino la digieren y la convierten en lana y leche. El alumno sabio se va, no para olvidar lo que ha aprendido, ni para presumir de ello, sino para meditarlo reposadamente hasta descubrir lo que quiere decir en su caso y en su vida.

(b) Por encima de todo, el alumno sabio busca la compañía de su maestro. Después de oír a Jesús, las muchedumbres se dispersaban; pero había una pequeña compañía que se quedaba con Él y no tenía prisa en marcharse. Era a ellos a los que Jesús desarrollaba el sentido de cada cosa.

 En último análisis, si uno es de veras un gran maestro no es tanto su enseñanza lo que se quiere conocer, sino a él mismo. Su mensaje siempre consistirá, no tanto en lo que dice sino en cómo es. Él que quiere aprender de Cristo debe buscarle›y estar en Su compañía. Si lo hace ganará, no sólo conocimientos, sino la vida misma.

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