Jesús narra la parábola de la semilla de mostaza

Hay en esta parábola dos cuadros que cualquier judío podría reconocer fácilmente. Primero, en Palestina se usaba proverbialmente el grano de mostaza como la cosa más pequeña que se pudiera imaginar. Por ejemplo, «una fe como un grano de mostaza» quiere decir « la cantidad más pequeña imaginable de fe.» Este grano de mostaza crecía de hecho hasta hacerse algo como un árbol. Un viajero en Palestina nos habla de haber visto una planta de mostaza que, en altura, sobrepasaba a un caballo con su jinete. A los pájaros les encantan las semillitas negras del árbol, y era corriente ver una nube de pájaros en una planta de mostaza.

Segundo, en el Antiguo Testamento se describe un gran imperio como un árbol, y los países súbditos como las aves que encuentran cobijo a la sombra de sus ramas (Ezequiel 17:22ss; 31:1 ss; Daniel 4:10, 21). La figura de un árbol con pájaros en sus ramas representa por tanto un gran imperio y las naciones que forman parte de él.

(i) Esta parábola dice: No te desanimes nunca por los principios humildes. Puede parecer que de momento no pueden producir más que un efecto muy pequeño; pero si ese efecto pequeño se repite y se repite, llegará a ser muy grande. Hay un experimento científico que muestra el efecto de los tintes. Se tiene una gran vasija de agua clara, y un frasquito de tinte. Gota a gota se deja caer el tinte en el agua clara. Al principio parece que no produce absolutamente ningún efecto, y el agua no parece colorearse lo más mínimo. Pero poco a poco el agua empieza a teñirse de color; poco a poco el color se hace más intenso hasta que todo el recipiente se colorea. Es el efecto de las gotas repetidas sucesivamente.

Algunas veces pensamos que, para todo lo que podemos hacer, realmente apenas vale la pena empezarlo. Pero debemos siempre tener presente esto: Todo tiene que tener un principio. Nada nace como Minerva de la cabeza de Zeus en la mitología griega, teniendo su forma definitiva. Debemos hacer lo que podamos; y el efecto acumulativo de todos los pequeños esfuerzos acabará produciendo un resultado sorprendente.

(ii) Esta parábola habla del imperio de la Iglesia. El árbol y los pájaros, como hemos visto, representan un gran imperio y todas las naciones que encuentran cobijo en él. La Iglesia empezó por una persona, y está diseñada para abarcar todo el mundo. Hay dos direcciones en las que esto es verdad.

(a) La Iglesia es un imperio en el que pueden tener su lugar todas las opiniones y todas las teologías. Tenemos la manía de tachar de herejes a todos los que no piensan como nosotros: John Wesley fue el mayor ejemplo de tolerancia de la Historia. «Pensamos -decía-, y dejamos pensar.» «Yo no tengo más derecho -decía- a objetar a uno que tiene una opinión diferente de la mía del que tengo a diferir de uno porque lleva peluca mientras que yo tengo todavía mi pelo.» Wesley tenía un saludo: « ¿Es tu corazón como el mío? ¡Entonces, dame la mano!» Está bien que uno esté seguro de tener razón; pero eso no es razón para pretender que ningún otro la tenga.

(b) La Iglesia es un imperio en el que tienen cabida todas las naciones. Una vez, se estaba construyendo una iglesia. Una de sus muchas bellezas iba a ser una vidriera de colores. El comité de construcción buscaba un tema, y finalmente se decidió por los versos del himno Del trono eterno en derredor niñitos mil están.

Contrataron a un gran artista para que hiciera el modelo del que luego se haría la vidriera. Tan pronto como empezó su trabajo, se entregó a él totalmente. Cuando lo terminó, se acostó y se quedó dormido; pero por la noche creyó oír un ruido en el estudio. Fue a investigar, y vio a un extraño, con la paleta y el pincel en la mano, trabajando en su pintura. « ¡Estate quieto! -gritó- ¡Vas a estropearme el cuadro!» «Creo -dijo el extraño- que ya lo has estropeado tú.» «¿Por qué me dices eso?» -preguntó el artista. «Porque – le contestó el otro «tú tienes muchos colores en la paleta, pero no has usado nada más que blanco para los rostros de los niños. ¿Quién te dijo que el Cielo es un lugar en el que no hay más que niños blancos?» «Nadie -confesó el artista-; pero así es como yo me lo figuré.» «¡Mira! -dijo el extraño-. Voy a poner algunas de sus caritas amarillas, y otras negras, y otras rojas, y otras grises. Todos están allí, porque han aceptado Mi invitación.» «¿Tu invitación? ¿Quién eres Tú?» El Extraño sonrió, y dijo: «Una vez hace mucho Yo dije: «Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino del Cielo» -¡Y lo sigo diciendo!» Entonces el artista se dio cuenta de que era el Maestro en persona; y cuando se dio cuenta, Él desapareció. El cuadro parecía tanto más maravilloso ahora que tenía niños negros y amarillos y rojos y grises y blancos. Por la mañana, el artista se despertó y fue corriendo al estudio. Su cuadro estaba corno lo había dejado el día antes; y se dio cuenta de que todo había sido un sueño. Aunque aquel mismo día venían los del comité a ver el cuadro, él cogió los pinceles y la paleta, y empezó a pintar los niños de todos los colores que tienen las razas humanas en todo el mundo. Cuando llegó el comité, todos pensaron que el cuadro era maravilloso; y uno dijo conmovido: «¡Vamos a tener la familia de Dios en nuestra iglesia!»

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