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Jesús lanza a los demonios a un hato de cerdos

Un testigo de cristo

Cuando Jesús se estaba subiendo a la barca, el hombre que había estado poseído por el demonio Le pidió insistentemente que le dejara estar con Él. Jesús no se lo permitió, sino le dijo: -Vuelve a tu pueblo y a los tuyos, y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti. Y él se marchó, y empezó a proclamar por toda Decápolis la historia de todo lo que Jesús había hecho por él.

Es sumamente interesante que este acontecimiento tuvo lugar en la Decápolis. Decápolis quiere decir Las Diez Ciudades. Cerca del Jordán y hacia el Este, había diez ciudades que tenían un carácter bastante especial. Eran esencialmente griegas. Se llamaban Escitópolis, que era la única al Oeste del Jordán, Pela, Dión, Gerasa, Filadelfia, Gadara, Rafana, Canata Hipos y Damasco. Con las conquistas de Alejandro Magno había habido una penetración griega en Palestina y Siria.

Las ciudades griegas que se fundaron allí y entonces tenían una curiosa posición. Estaban dentro de Siria, pero eran considerablemente independientes. Tenían sus propios consejos, y acuñaban su propia moneda; tenían el derecho de la administración local, no sólo de sí mismas, sino del área a su alrededor. Tenían el derecho de asociarse entre sí para la defensa mutua y para fines comerciales. Se mantuvieron en una especie de semi-independencia hasta el tiempo de los Macabeos, a mediados del siglo 11 a.C., cuando los conquistadores judíos sometieron la mayor parte de estas ciudades al gobierno judío.

Fueron liberadas del control judío por el emperador romano Pompeyo hacia el año 63 a.C. Todavía estaban en una posición curiosa. Eran independientes hasta cierto punto, pero estaban sujetas a los impuestos y al servicio militar romanos. No tenían una guarnición, pero eran con frecuencia el cuartel general de las legiones romanas en las campañas orientales. Ahora bien, Roma gobernaba casi toda esta parte del mundo por un sistema de reyes tributarios. El resultado era que Roma podía ofrecerles a estas ciudades muy poca protección; así es que se asociaban entre sí en una especie de confederación para defenderse de la presión de los judíos y de los árabes. Eran ciudades hermosas. Eran tozudamente griegas: tenían sus dioses griegos y sus templos griegos y sus anfiteatros griegos; estaban consagradas a la manera griega de vivir.

Así es que aquí tenemos algo muy interesante. Si Jesús estuvo en la Decápolis, este es uno de los primeros indicios de cosas por venir. Habría judíos allí, pero era fundamentalmente un área griega. Aquí tenemos las primicias de un mundo para Cristo. Aquí tenemos la primera señal del Cristianismo rompiendo los límites del judaísmo y saliendo a todo el mundo. Cómo eran estas ciudades y la importancia que tenían se puede ver por el hecho de que de Gadara solo procedían Filodemo, el gran filósofo epicúreo, que era contemporáneo de Cicerón; Meleagro, el maestro del epigrama griego; Menipo -cuyo supuesto retrato pintó Velázquez-, el famoso satírico, y el retórico Teodoro, que fue nada menos que el tutor del emperador reinante Tiberio. Algo sucedió aquel día que Jesús puso Su pie en Decápolis.

Había una buena razón para que Jesús mandara al hombre que había sido un poseso de vuelta a su tierra.

(i) Había de ser un testigo del Evangelio. Había de ser una demostración viva, andante, visible e incontestable de lo que Cristo puede hacer por una persona. Nuestra gloria debe consistir siempre, no en lo que nosotros podemos hacer por Cristo, sino en lo que Cristo puede hacer y ha hecho por nosotros. La prueba incontestable del Cristianismo es un hombre nacido de nuevo.

(ii) Había de ser la primera semilla de lo que a su tiempo llegaría a ser una cosecha poderosa. El primer contacto con la civilización griega se hizo en la Decápolis. Todo tiene que empezar en algún sitio; y la gloria de todo el Cristianismo que un día florecería en la mente y el genio helénico empezó con un hombre que había estado poseído por demonios y a quien Cristo sanó. Cristo siempre tiene que empezar por alguien. En nuestro propio círculo y sociedad, ¿por qué no ha de empezar Él por nosotros?

Jamás empezaremos a entender este relato a menos que nos demos cuenta de que, pensemos nosotros lo que pensemos, los demonios eran algo muy real para aquella gente de Gadara, y para el mismo hombre. Ahora se diría que era un caso de demencia violenta. Era un peligro para la gente, así es que vivía entre las tumbas, que se creía que eran la morada de los demonios.

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