Jesús habla de la pureza interior y condena las tradiciones humanas

Una regla inicua

Jesús les dijo a los escribas y fariseos: – ¡Hacéis maravillas anulando el mandamiento de Dios para cumplir con vuestra tradición! Porque lo que dijo Moisés fue: » Honra a tu padre y a tu madre. » Y también: «El que hable mal de su padre o de su madre, que lo pague con la vida. » Pero lo que decís vosotros es que, si uno le dice a su padre o a su madre: «Lo que te podría haber dado para ayudarte es Korbán» -que quiere decir consagrado a Dios-, ya no le dejáis hacer nada por su padre o por su madre, y de esa manera anuláis la Palabra de Dios con la tradición que seguís. Y hacéis otras muchas cosas por el estilo.

El sentido exacto de este pasaje es difícil de descubrir. Gira en tomo a la palabra korbán, que parece haber pasado por varias etapas en la evolución de su significado.

(i) En un principio quería decir don, regalo, y se usaba para describir algo que se dedicaba especialmente a Dios. Una cosa que era korbán estaba como si ya se hubiera colocado sobre el altar; es decir, totalmente aparte de todos los usos ordinarios, y era propiedad de Dios. Si una persona quería dedicar parte de su dinero o propiedades a Dios declaraba que aquello era korbán, y desde aquel momento ya no se podía usar para nada ordinario o secular.

Parece que, aun en esta etapa, esta palabra se podía usar con mucha astucia. Por ejemplo: Un acreedor que tuviera un deudor moroso podía decirle: » Lo que me debes es korbán» -es decir: tu deuda está dedicada a Dios. A partir de aquel momento, el deudor dejaba de estar en deuda con un semejante y pasaba a estarlo con Dios, lo cual era mucho más serio. Puede ser que el acreedor pudiera cumplir su parte del asunto pagando una cantidad simbólica al templo y guardándose el resto para sí. En cualquier caso, el introducir la idea de korbán en esta clase de transacciones era una especie de chantaje religioso que convertía una deuda que se tenía con un hombre en una deuda que se tenía con Dios.

No parece que la idea de korbán fuera todavía capaz de un uso abusivo. Si se trataba de eso, el pasaje habla de una persona que declaraba que su propiedad era korbán, consagrada a Dios, y por tanto, cuando su padre o su madre estaban en necesidad perentoria y acudían a su hijo para pedirle ayuda, este podía decirles: «Siento mucho no poder darte ninguna ayuda, porque todo lo que pudiera poner a vuestra disposición está dedicado a Dios.» El voto se hacía como una excusa para no ayudar a los padres necesitados. El voto en el que insistía el religioso legalista implicaba quebrantar uno de los diez mandamientos de Dios, que son la Ley de Dios. Además, ya se comprende que esta podía ser una mentira de la peor especie, ya que se faltaba a la Ley de Dios pretendiendo una piedad dudosa que ni siquiera se cumplía.

(ii) Llegó un tiempo en que korbán se convirtió en un juramento mucho más amplio. Cuando una persona declaraba que algo era korbán es que lo ponía totalmente fuera del alcance de la persona con la que estuviera hablando. Uno podía decir: » ¡Korbán es todo lo tuyo que me pudiera ser de provecho! » -, y al hacerlo así juramentaba a la otra persona para que no pudiera ni tocar ni gustar ni usar nada que poseyera. O podía decir » Korbán sea cualquier cosa que yo tenga de la que tú te podrías aprovechar,» y al decirlo, se juramentaba a no ayudar ni beneficiar al otro con nada suyo. Si es eso lo que se quiere decir aquí, el pasaje quiere decir que, en algún momento, tal vez bajo los efectos de la ira o de la rebeldía, una persona podría decirles a sus padres: «Korbán es todo lo que podría dar para ayudaros.» Y desde ese momento, aunque se arrepintiera de su juramento precipitado, los legalistas escribas declaraban que aquello era inquebrantable, y que ya nunca podría dar a sus padres ninguna ayuda.

En cualquiera de estos casos -y no nos es posible saber de cuál se trata aquí-, de una cosa sí podemos estar seguros: Que había casos es que el estricto cumplimiento de la ley de los escribas hacía imposible el que una persona cumpliera la ley de los Diez Mandamientos.

Jesús estaba atacando un sistema que ponía las reglas y normas por encima de la llamada de la necesidad humana. El mandamiento de Dios era que la llamada del amor humano tenía prioridad. El mandamiento de los escribas era que la llamada de las reglas y normas legales debía ocupar el primer lugar. Jesús estaba totalmente seguro de que cualquier reglamento que le impidiera a una persona ayudar al necesitado no era ni más ni menos que una contradicción de la Ley de Dios.

Debemos tener cuidado de no dejar nunca que las reglas bloqueen las llamadas del amor. Nada que nos impida ayudar a un semejante en necesidad puede ser nunca una regla que Dios apruebe.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario