Jesús habla de la pureza interior y condena las tradiciones humanas

La pregunta que Le hicieron a Jesús los dirigentes de los judíos ortodoxos era: « ¿Por qué Tus discípulos no cumplen las abluciones que establece nuestra tradición?»

Hablaban de las tradiciones de los ancianos. Para los judíos, la Ley tenía dos secciones. Estaba la Ley escrita, que estaba en la Sagrada Escritura; y estaba la ley oral, que incluía las deducciones, tales como los lavamientos de manos, que los escribas y los expertos habían desarrollado a través de muchas generaciones; y todas estas elaboraciones eran la tradición de los ancianos, y se consideraban tan obligatorias, si no más, como la Ley escrita. De nuevo debemos detenernos a recordar el punto principal: para los judíos ortodoxos todas estas ceremonias rituales eran la religión; era eso, ellos creían, lo que Dios demandaba. Hacer estas cosas era agradar a Dios y ser buenas personas. Para decirlo de otra manera: Todo este asunto de las abluciones rituales se consideraba tan importante y tan vinculante como los Diez Mandamientos. Identificaban la religión con un montón de reglas externas. Era tan importante lavarse las manos de una cierta manera como obedecer el mandamiento: « No codiciarás.»

Quebrantar la ley de Dios para cumplir las leyes humanas

Jesús no contestó directamente la pregunta de los fariseos. Lo que hizo fue tomar un ejemplo del funcionamiento de la ley oral y ceremonial para mostrar que su observancia, lejos de ser obediencia a la Ley de Dios, podía convertirse en la contradicción de esa Ley.

Jesús dice que la Ley de Dios establece que una persona tiene que honrar a su padre y a su madre; y de ahí pasa a decir que si uno dice: «Es un don,» queda libre de la obligación de honrar a su padre y a su madre. Si miramos el pasaje paralelo de Marcos vemos que la frase característica era: « Es korbán.» ¿Qué quiere decir para nosotros este oscuro pasaje? De hecho puede tener dos sentidos, porque korbán tiene dos sentidos.

(i) Korbán puede querer decir lo que se Le ha consagrado a Dios. Ahora bien: supongamos que uno tiene un padre o una madre en pobreza y en necesidad, y supongamos que acuden a él con una petición de ayuda. Había una manera «legal» de evitar dársela. Podía dedicar todo su dinero y sus posesiones a Dios y al templo; sus propiedades serían entonces korbán, dedicadas a Dios; entonces le podía decir a su padre o a su madre: « Lo siento, no te puedo dar nada; todas mis posesiones están consagradas a Dios.» Podía usar una práctica ritual para evadir la obligación fundamental de ayudar y honrar a su padre y a su madre. Podía usar una ley de los escribas para borrar uno de los Diez Mandamientos.

(ii) Pero korbán tenía otro sentido, que es posible que sea el que tenga aquí. Korbán se usaba como fórmula de juramento o compromiso formal. Uno podía decirle a su padre o a su madre: «¡Korbán si algo de lo que yo tengo lo usara alguna vez para ayudarte!» Supongamos que más tarde a esa persona le remuerde la conciencia; supongamos que ha negado la ayuda en un momento de mal genio o de irritación; supongamos que cambia de actitud y se da cuenta de que, después de todo, tiene obligación de ayudar a sus padres. En tal caso, cualquier persona razonable diría que el hombre se había arrepentido genuinamente, y que su cambio de actitud era una buena cosa; y que, puesto que en última instancia estaba dispuesto a hacer lo que debía y obedecer la Ley de Dios, habría que animársele a que lo hiciera. Un escriba estricto diría: « ¡No! Nuestra ley dice que no se debe incumplir ningún juramento.» Citaría Números 30:2: «Cuando alguien haga un voto al Señor, o haga un juramento ligando su alma con alguna obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.» El escriba razonaría jurídicamente: «Has hecho un juramento, y no puedes incumplirlo de ninguna manera.» Es decir: el escriba comprometería al hombre a cumplir un juramento impropio, dado en un momento de pasión, y que obligaba, a quebrantar la Ley suprema de la humanidad y de Dios.

Eso es lo que Jesús quería decir: «Estáis usando vuestras propias interpretaciones y vuestras tradiciones para impulsar a las personas a deshonrar a su padre y a su madre aun cuando ellas mismas se habían arrepentido y habían decidido cumplir la ley de Dios.»

Lo extraño y trágico era que los escribas y fariseos de aquel tiempo iban en contra de lo que habían enseñado los grandes rabinos del pasado. Rabí Eliezer había dicho: «La puerta está abierta para un hombre por causa de su padre y de su madre;» con lo cual quería decir que si un hombre había hecho un juramento que faltaba al honor debido a su padre y a su madre, y se había arrepentido tenía la puerta abierta para cambiar de sentido y seguir un curso diferente aun cuando hubiera hecho un juramento. Como a menudo, Jesús no estaba presentándoles una verdad desconocida, sino recordándoles lo que Dios ya les había dicho, que habían sabido y olvidado porque preferían sus propias ingeniosidades a las grandes sencilleces de la Ley de Dios.

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