Jesús habla de la pureza interior y condena las tradiciones humanas

Esta impureza se contraía por el contacto con ciertas personas o cosas. Por ejemplo: una mujer estaba impura si tenía una hemorragia, aunque fuera la normal de la menstruación; permanecía impura durante un tiempo establecido después de dar a luz; todos los cuerpos muertos eran inmundos, y tocarlos suponía contraer la inmundicia. Todos los gentiles eran inmundos.

La impureza era transferible. Era, por decirlo así, infecciosa. Por ejemplo: si un ratón tocaba una vasija, esta quedaba inmunda, y a menos que se lavara y purificara ritualmente, todo lo que se pusiera en ella quedaba inmundo. En consecuencia, todos los que tocaran esa vasija o comieran o bebieran algo que había contenido contraían la inmundicia; y a su vez, todo el que tocara a la persona que había quedado inmunda así, también quedaba inmundo.

Esta no es una, idea exclusivamente judía. También se encuentra en otras religiones. Para un indio de alta casta, todos los que no pertenecen a ella son inmundos; si una de esas personas se convierte al Cristianismo, es aún más seriamente inmunda. Pre-manand nos cuenta lo que le sucedió a él: se hizo cristiano, y su familia le expulsó. A veces volvía a ver a su madre, que estaba tras el dolor por lo que consideraba la apostasía de su hijo, pero que le seguía queriendo entrañablemente: Pre-manand cuenta: «Tan pronto como se enteró mi padre de que yo estaba visitando a mi hermano por el día mientras él estaba en, la oficina, ordenó al portero; campesino Res Ram Rup que no me permitiera ir a la casa.» Ram Rup fue persuadido de que éste relajara la vigilancia: «y mi madre acabó por ganarse al portero Ram Rup, y pude entrar a su presencia. El prejuicio era tan considerable que hasta los domésticos hindúes de la casa no querían fregar los platos en los que me había puesto comida mi madre. Algunas veces mi tía purificaba el lugar y el asiento en que yo había estado rociándolo con agua del Ganges, o con agua mezclada con estiércol de vaca.»

Premanand era inmundo, y todo lo que tocaba se volvía inmundo. Debemos advertir que no se trataba de nada moral. El contacto con ciertas cosas producía la impureza ritual que excluía de la sociedad humana y de la presencia de Dios. Era como si alguna infección especial formara como un aura en torno a ciertas personas o cosas. Podremos entender esto un poco mejor si recordamos que esta idea no ha muerto totalmente tampoco en la civilización occidental, aunque en ella afecta principalmente al revés. Hay todavía algunos que creen que encontrarse un trébol de cuatro hojas, o una herradura, o un gato negro (que para los ingleses es señal de buena suerte, al contrario que para los españoles) traen buena fortuna.

Así que aquí tenemos una idea que considera la religión como algo que consiste en evitar el contacto con ciertas personas y cosas que se tienen por inmundas; y entonces, si se ha producido ese contacto, en tomar las medidas rituales necesarias para librarse de la impureza contraída. Pero debemos investigar esta cuestión todavía más a fondo.

Los alimentos que se ingieren

Las leyes de la pureza y de la impureza tenían un área de aplicación todavía más amplia. Establecían lo que se podía comer y lo que no. Por lo general todas las frutas y las verduras eran limpias. Pero en cuanto a los animales, las leyes eran muy estrictas. Estas leyes se encuentran en Levítico 11. Podemos resumirlas brevemente. Los únicos animales que se podían comer eran los que tienen la pezuña hendida y que rumian. Por eso es por lo que los judíos no pueden comer carne de cerdo, conejo o liebre. Tampoco se puede comer la carne de un animal que haya muerto por causas naturales (Deuteronomio 14:21). En todos los casos hay que desangrar totalmente el cuerpo del animal; los judíos ortodoxos todavía no comprar carne nada más que en las carnicerías koser, donde se vende carne debidamente sacrificada. La grasa ordinaria que haya sobre la carne se puede comer, pero la que hay en los riñones y el abdomen, lo que llamamos sebo, no se puede comer. En cuanto a los animales marinos, solo se pueden comer los que tienen escamas y aletas. Esto excluye todos los mariscos, como las gambas o los cangrejos, que son inmundos. Todos los insectos son inmundos, con la sola excepción de las langostas. En el caso de los animales terrestres y los peces hay una prueba estándar, como hemos visto, para determinar los que se pueden comer y los que no; pero en el caso de las aves no hay una regla general, así es que se da la lista de las inmundas, que están prohibidas (Levítico 11:13-21).

Hay ciertas razones identificables para todo esto.

(i) La prohibición de tocar cadáveres, o de comer la carne de un animal que hubiera muerto por causas naturales puede que tuviera que ver con la creencia en los espíritus malos o inmundos. Sería fácil figurarse que un demonio había hecho su residencia en tal cuerpo para así conseguir introducirse en el cuerpo del que lo comiera.

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