Jesús habla de la pureza interior y condena las tradiciones humanas

Luego vienen las ansias (pleonexíai). Pleonexía viene de dos palabras griegas que quieren decir tener más. Se ha definido como un deseo maldito de poseer. También como «el espíritu que se apropia de lo que no tiene ningún derecho a poseer,» «la funesta hambre de lo que pertenece a otros.» Es el espíritu que arrebata cosas, no para atesorarlas como un avaro, sino para gastarlas en lujos y excesos desmedidos. Cowley lo definía como « un apetito voraz de ganancias, no por sí mismas, sino por el placer de malgastarlas inmediatamente por vías de lujo y orgullo.» No es meramente el deseo de dinero o de cosas; incluye también el de poder, la insaciable codicia de la naturaleza humana caída. Platón decía: « El deseo de una persona es como una criba o un recipiente con un agujero, que no se puede llenar nunca por mucho que se intente.» Pleonexía es la codicia de poseer que tiene en el corazón el que busca la felicidad en las cosas en vez de en Dios.

Siguen las malas acciones. En griego hay dos palabras para malo: kakós, que describe una cosa que es mala en sí, y ponérós, que describe a una persona o cosa que es activamente mala. Ponéríai es la palabra que se usa aquí. El hombre que es ponérós es aquel en cuyo corazón hay un deseo de dañar. Está, como decía Bengel, » entrenado en toda clase de crimen, y totalmente equipado para infligir mal a cualquier otra persona.» Jeremy Taylor definía esta ponéría como «aptitud para jugar malas pasadas, para deleitarse en desgracias y tragedias; complacencia en causar problemas y en complicar la vida. Irritación, perversidad y retorcimiento en nuestras relaciones.» Ponéría no solamente corrompe al que la practica, sino también a los demás. Ponérós -el Maligno- es el título de Satanás. El peor de los hombres, el que hace la obra de Satanás, es el que, siendo malo en sí mismo, hace a otros tan malos como él.

A continuación viene dolos, que traducimos como la astucia. Viene de una palabra que quiere decir el cebo; se usa con astucia y engaño; por ejemplo, en una ratonera. Cuando los griegos estaban sitiando Troya, no pudiendo ganar una entrada, les enviaron a los troyanos el regalo de un gran caballo de madera como señal de buena voluntad. Los troyanos abrieron sus puertas y lo metieron dentro; pero el caballo estaba lleno de griegos, que salieron por la noche y sembraron la muerte y la destrucción en Troya. Eso es exactamente dolos. Es una traición inteligente, astuta y engañosa.

 Lo siguiente en la lista es la maldad desmadrada (asélgueia). Los griegos definían asélgueia como « la actitud del alma que rechaza toda disciplina,» como « el espíritu que no acepta restricciones, que lo arriesga todo para conseguir su capricho e insolencia desmadrada.» La gran característica de la persona que es culpable de asélgueia es que ha perdido todo sentido de vergüenza y decencia. Uno que es malo puede que oculte su pecado; pero el que tiene asélgueia peca sin remordimientos y no vacila en escandalizar a sus semejantes. Jezabel fue el ejemplo clásico de asélgueia cuando construyó un altar pagano en la santa ciudad de Jerusalén.

La envidia se traduciría literalmente por el mal ojo, el ojo que mira el éxito y la felicidad de otro como si quisiera echarle una maldición si pudiera. La palabra siguiente es blasfemia. Cuando se usa en relación con las personas quiere decir calumnia; cuando se usa en relación con Dios es la blasfemia. Quiere decir insultar a las personas o a Dios.

Sigue en la lista el orgullo (hyperéfanía). La palabra griega quiere decir literalmente «ponerse uno por encima de los demás.» Describe la actitud de la persona «que siente desprecio hacia todo lo que no sea ella misma.» Lo interesante de esta palabra como la usaban los griegos es que describe una actitud que puede que nunca se manifieste públicamente. Puede que en lo más íntimo de su corazón uno se esté siempre comparando con los demás. Podría ser que se presentara hipócritamente humilde, y sin embargo fuera orgulloso de corazón. Algunas veces, por supuesto, el orgullo es autoevidente. Los griegos tenían una leyenda sobre este orgullo. Decían que los gigantes, los hijos de Tártaro y de Gué, trataron en su orgullo de asaltar el Cielo, pero Hércules los echó otra vez abajo. Eso es hyperéfanía. Es ponerse contra Dios; es «invadir las prerrogativas de Dios.» Eso es lo que se ha llamado « el Everest de todos los vicios,» y por lo que «Dios resiste a los soberbios» (Santiago 4:6).

Por último viene la locura (afrosyné). No quiere decir la necedad debida a la falta de sensatez o de cabeza, sino la locura moral. Describe, no al que es un estúpido insensato, sino al que se hace el tonto para salirse con la suya.

Es una lista verdaderamente terrible de las cosas que salen del corazón humano la que nos presenta Jesús. Cuando la examinamos, sentimos un escalofrío. Sin embargo, es un desafío, no a evitar tales cosas por vergüenza, sino a examinar honradamente nuestros corazones.

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