Jesús explica la parábola del sembrador

Jesús explica la parábola del sembrador

Después, cuando Jesús se quedó solo, los discípulos y los que estaban cerca de él se le acercaron y le preguntaron qué quería decir aquella parábola; porqué hablaba a la gente por medio de parábolas. Jesús les contestó: «A ustedes, Dios les da a conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no. A los que están afuera se les dice todo por medio de parábolas para que por más que miren, no vean, y por más que oigan, no entiendan, para que no se vuelvan a Dios, y él no los perdone. Pues al que tiene, se le dará más, y tendrá bastante; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden. Así, en el caso de ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías: ‹Por más que escuchen, no entenderán, por más que miren, no verán. Pues la mente de este pueblo está entorpecida, tienen tapados los oídos y han cerrado sus ojos, para no ver ni oír, para no entender ni volverse a mí, para que yo no los sane. «Pero dichosos ustedes, porque tienen ojos que ven y oídos que oyen. Les aseguro que muchos profetas y personas justas quisieron ver esto que ustedes ven, y no lo vieron; quisieron oír esto que ustedes oyen, y no lo oyeron. Les dijo: «¿No entienden ustedes esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderán todas las demás? «Escuchen, pues, lo que quiere decir la parábola del sembrador: La semilla representa el mensaje de Dios; el que siembra la semilla representa al que anuncia el mensaje. Los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón. Otros son como la semilla sembrada entre las piedras. La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fallan y pierden la fe. La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje, pero los negocios de esta vida les preocupan demasiado y el amor por las riquezas los engaña y quisieran poseer todas las cosas, y los placeres de la vida, de modo que no llegan a dar fruto. Todo esto entra en ellos, ahoga el mensaje y no lo deja dar fruto en ellos. Pero la semilla sembrada en buena tierra representa a las personas que con corazón bueno y dispuesto escuchan y hacen caso del mensaje y, permaneciendo firmes oyen el mensaje y lo aceptan y lo entienden y dan una buena cosecha, como las espigas que dieron cien, sesenta o treinta granos por semilla. También les dijo: «Nadie enciende una lámpara para después taparla con algo oponerla debajo de la cama, sino que la pone en alto, para que tengan luz los que entran. ¿Acaso se trae una lámpara para ponerla bajo un cajón o debajo de la cama? No, una lámpara se pone en alto, para que alumbre. De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a ponerse en claro. Los que tienen oídos, oigan. También les dijo: «Fíjense en lo que oyen. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes; y les dará todavía más. Pues al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.» Mateo 13: 10-23; Marcos 4: 10-25; Lucas 8: 9-18

Este es un capítulo muy importante en el esquema del evangelio.

(i) Muestra el gran cambio en el ministerio de Jesús. Al principio de Su ministerio Le encontramos enseñando en las sinagogas; pero ahora Le encontramos enseñando a la orilla del mar. El cambio es muy significativo. No es que ya se Le hubieran cerrado definitivamente las puertas de la sinagoga, pero se Le estaban cerrando. Todavía Le recibía con gusto en la sinagoga la gente corriente; pero los responsables oficiales de la ortodoxia judía se Le oponían abiertamente. Cuando entraba en una sinagoga ahora, no sería para encontrar sólo una multitud deseosa de escuchar; también sería para encontrar una compañía de espías escribas y fariseos y ancianos que sobrepasaban y filtraban cada una de Sus palabras y observaban cada acción Suya para tener algo de que acusarle.

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