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Jesús explica la parábola de la cizaña

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Jesús despidió entonces a la gente y entró en la casa, donde sus discípulos se le acercaron y le pidieron que les explicara la parábola de la mala hierba en el campo. Jesús les respondió: «El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre, y el campo es el mundo. La buena semilla representa a los que son del reino, y la mala hierba representa a los que son del maligno, y el enemigo que sembró la mala hierba es el diablo. La cosecha representa el fin del mundo, y los que recogen la cosecha son los ángeles.  Así como la mala hierba se recoge y se echa al fuego para quemarla, así sucederá también al fin del mundo. El Hijo del hombre mandará a sus ángeles a recoger de su reino a todos los que hacen pecar a otros, y a los que practican el mal. Los echarán en el horno encendido, y vendrán el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Los que tienen oídos, oigan. Mateo 13:36-43 

Bien se puede decir que, por su enseñanza, esta es una de las parábolas más prácticas que contó Jesús.

(i) Nos enseña que hay siempre un poder hostil en el mundo, buscando y esperando destruir la buena semilla. Sabemos por experiencia que ambas influencias actúan en nuestra vida: la influencia que ayuda a florecer y producir la semilla de la Palabra, y la influencia que trata de destruir la buena semilla antes que pueda llegar a producir fruto. La lección es que debemos estar siempre en guardia.

(ii) Nos enseña lo difícil que es distinguir entre los que están en el Reino y los que no. Una persona puede parecer buena y ser de hecho mala; y otra, parecer mala, y sin embargo ser buena. Nos damos demasiada prisa a clasificar a las personas y ponerles la etiqueta de buena o mala sin conocer todos los hechos.

(iii) Nos enseña a no precipitarnos en nuestros juicios. Si hubiera sido por los segadores, habrían tratado de arrancar la cizaña arrancando también el trigo. El juicio tenía que esperar a que llegara la siega. Cada persona será juzgada, no por una sola acción o etapa de su vida, sino por toda su vida. El juicio no se puede hacer hasta el final. Puede que una persona cometa una equivocación terrible, y luego se redima a sí misma y, por la gracia de Dios, expiarla viviendo dignamente el resto de su
vida. Y una persona puede que viva honorablemente, y al final lo arruine todo con un colapso repentino en el pecado. Nadie que vea sólo una parte de una cosa puede juzgarla en su conjunto; ni nadie que no conozca a una persona nada más que en parte puede juzgarla en su totalidad.

(iv) Nos enseña que el juicio llega al final. No es precipitado, pero llega irremisiblemente. Puede que, humanamente hablando, el pecador parezca escapar las consecuencias en esta vida, pero hay otra vida por venir. Puede que, humanamente hablando, la bondad no parezca recibir nunca su recompensa, pero hay un mundo nuevo en el que se ajustarán los ejercicios del viejo.

(v) Nos enseña que el único que tiene derecho a juzgar es Dios. Dios es el único que puede discernir entre el mal y el bien, el único que ve la totalidad de la persona y su vida. Dios es el único que puede juzgar. Así que, esta parábola contiene dos advertencias: una es que no debemos juzgar a nadie, y la otra es que, al final, vendrá el juicio-de Dios.

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