Jesús es el camino al Padre

Jesús dijo también: « Yo soy la vida.» El autor de Proverbios había dicho: «Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz; y camino de vida las reprensiones que te instruyen» (Proverbios 6:23). «Camino a la vida es guardar la instrucción» (Proverbios 10:17). «Me mostrarás la senda de la vida» (Salmo 16:11). En último análisis, lo que la humanidad está siempre buscando es la vida. No busca tanto el conocimiento en sí, sino lo que hace que la vida valga la pena. Cierto novelista pone en boca de uno de sus personajes, que está enamorado: « o no sabía lo que era la vida hasta que la vi en tus ojos.» El amor le había descubierto la vida. Eso es lo que hace Jesús. La vida con Jesús es la auténtica.

Hay una manera de decir todo esto que incluye todas estas verdades. Jesús dijo: «No se puede llegar al Padre nada más que pasando por Mí.» Él es el único Camino que conduce al Padre. Solamente en Jesús podemos ver cómo es Dios; y Él es el único que puede conducirnos a la presencia de Dios sin vergüenza ni temor.

La visión de Dios

Jesús continuó diciéndoles: -Si me hubierais reconocido a Mí habríais conocido también a Mi Padre. Desde ahora en adelante estáis empezando a conocerle, porque Le habéis visto. -Señor -Le dijo Felipe-, déjanos ver al Padre, y ya no Te pedimos nada más. -Con todo el tiempo que llevo con vosotros, ¿y todavía no Me has reconocido, Felipe? -le contestó Jesús- . ¡El que Me ha visto a Mí ha visto al Padre! ¿Cómo puedes decir: Muéstranos al Padre? ¿Es que no crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí? Las palabras que Yo os hablo no tienen en Mí su origen, sino que es el Padre Que está en Mí el Que hace Sus propias obras. Creedme que Yo estoy en el Padre, y el Padre en Mí. Y si no lo podéis creer porque Yo os lo digo, creedlo por las mismas obras.

Bien puede ser que para el mundo antiguo esto fuera lo más alucinante que dijo Jesús. Para los griegos, Dios era esencialmente El Invisible; y los judíos estaban seguros de que a Dios nadie Le había visto jamás. Pero Jesús les dijo: « Si me hubierais reconocido a Mí habríais-conocido también a Mi Padre.»

Entonces Felipe pidió lo que le parecería un imposible. Tal vez estaba pensando en aquel tremendo día del pasado cuando Dios le reveló Su gloria a Moisés (Éxodo 33:12-32). Pero aun aquel gran día, Dios le dijo a Moisés: «Verás Mis espaldas; mas no se verá Mi rostro.» En tiempos de Jesús, los creyentes estaban fascinados y oprimidos por la idea de la trascendencia de Dios y de la distancia y diferencia insalvables entre Dios y la humanidad. Jamás se les habría ocurrido pensar que podían ver a Dios. Y entonces Jesús dijo con suprema sencillez: « ¡El que Me ha visto a Mí, ha visto al Padre!»

Ver a Jesús es ver cómo es Dios. Un escritor reciente dice que Lucas «domesticó a Dios;» es decir, que Lucas nos muestra a Dios en Jesús tomando parte en las cosas más íntimas y hogareñas. Cuando vemos a Jesús, podemos decir: «Este es Dios viviendo nuestra vida.» Si es así, podemos decir de Dios las cosas más hermosas.

(i) Dios Se introdujo en un hogar ordinario y en una familia normal y corriente. En el mundo antiguo se habría creído que, si Dios había de venir al mundo, vendría como rey a un palacio real con todo el poder y la majestad que el mundo considera grandeza; pero en Jesús, Dios santificó de una vez para siempre el nacimiento humano y el humilde hogar de la gente sencilla.

(ii) Dios no tuvo vergüenza en hacer el trabajo humano. Vino al mundo como un obrero. Jesús fue el carpintero de Nazaret. Nunca nos daremos cuenta suficientemente de lo maravilloso que es que Dios entienda nuestro trabajo cotidiano. Él sabe lo difícil que es muchas veces ganarse la vida y ajustarse a un salario, tratar con ciertos clientes y con los morosos. Conoció por propia experiencia las dificultades de la convivencia en el seno de una familia numerosa y los problemas que nos asedian en el trabajo de cada día. Según el Antiguo Testamento, el trabajo excesivamente duro e improductivo es una consecuencia del pecado (Génesis 3:19); pero en el Nuevo Testamento el trabajo ordinario se reviste de gloria porque Dios lo ha asumido en Jesús.

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