Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Jesús envía a los doce discípulos

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Si tomamos el primer significado, Jesús quería decir que Sus discípulos no debían llevar provisiones para el camino, sino confiar en Dios para todo. Si se toma en el segundo sentido, quiere decir que no tenían que ser rapaces como los sacerdotes paganos. Tenían que ir a todas partes dando, y no recibiendo.

Hay otras dos cosas interesantes aquí.

(i) La ley rabínica decía que cuando uno entrara en los atrios del templo tenía que despojarse del bastón, el calzado y el cinto del dinero. Todas las cosas ordinarias tenían que dejarse a la entrada del lugar sagrado. Bien puede ser que Jesús estuviera pensando en eso, y que quisiera decir que Sus hombres tenían que considerar los humildes hogares en que entraran como tan sagrados como los atrios del templo.

(ii) La hospitalidad era un deber sagrado en Oriente. Cuando un forastero llegaba a una aldea, no era su obligación el buscar hospitalidad, sino la obligación de la aldea el ofrecérsela. Jesús les dijo a Sus discípulos que si se les negaba la hospitalidad, y si se les cerraban las puertas y los oídos, tenían que sacudir de sus pies el polvo de aquel lugar antes de marcharse. La ley rabínica decía que el polvo de un país gentil estaba contaminado, y que cuando uno entrara en Palestina viniendo de otro país tenía que sacudirse todas las partículas de polvo de la tierra inmunda. Era una repulsa formal y gráfica de que un judío pudiera tener ninguna asociación ni siquiera con el polvo de una tierra pagana. Es como si Jesús dijera: « Si se niegan a escucharos, lo único que podéis hacer es tratarlos como trataría un judío estricto la casa de un gentil. No puede haber ninguna relación entre vosotros y ellos.»

Así es que podemos ver que la señal del discípulo cristiano era la sencillez total, y la total confianza y la generosidad que siempre está dispuesta a dar y nunca a exigir.

El mensaje y la misericordia del Rey

Así es que los Doce fueron por ahí proclamando la llamada al arrepentimiento; y expulsaron a muchos demonios, y sanaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite. Tenemos aquí, en un breve resumen, el reportaje de la obra que llevaron a cabo los Doce cuando Jesús los envió.

(i) Llevaron al pueblo el mensaje de Jesús. La palabra que se usa quiere decir literalmente la proclamación de un heraldo. Cuando los apóstoles salieron a predicar, no crearon un mensaje; transmitieron un mensaje. No le decían a la gente lo que ellos creían y lo que consideraban probable, sino lo que Jesús les había encargado. No eran sus propias opiniones lo que llevaban a la gente, sino la verdad de Dios. Los profetas siempre empezaban su mensaje diciendo: «Así dice el Señor.» El que quiera llevar a otros un mensaje efectivo debe antes recibirlo de Dios.

(ii) Le comunicaban al pueblo el Mensaje del Rey; y el mensaje del Rey era: «¡Arrepentíos!» Está claro que aquel era un mensaje inquietante. Arrepentirse quiere decir cambiar de mentalidad, y seguidamente ajustar toda la vida a ese cambio.

Arrepentimiento quiere decir un cambio de corazón y de acción. No puede por menos de hacer daño, porque conlleva la amargura de darse cuenta de que el camino que se ha estado siguiendo era equivocado. No puede por menos de inquietar, porque supone una inversión total de la vida de arriba abajo. Precisamente por eso son tan pocos los que se arrepienten -porque lo que menos quiere la gente es que se la inquiete. Lady Asquith, en una frase lapidaria, habla de personas que «se deslizan perezosamente hacia la muerte.» Hay muchos que son así. Se resisten a toda actividad que requiera esfuerzo, y no sólo físico. La vida es para ellos «una tierra en la que siempre es la hora de la siesta.» En cierto sentido, es más atractivo, o menos repelente, el pecador positivo, activo, fanfarrón, que va lanzado hacia alguna meta que se ha propuesto, que el vago, negativo, nebuloso, que se deja arrastrar sin resistencia y sin dirección por la vida.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Salvado por un cántico

Una noche clara y serena, subía un vaporcito la corriente del Potomac, en América del Norte. La naturaleza estaba en calma, y sólo el ruido de la

Artículo Completo

Las tentaciones de Jesús

(i) La primera tentación era convertir las piedras en pan. Este desierto no estaba cubierto de arena, sino de piedras y cantos que parecían panes. El tentador

Artículo Completo

El juego de la vida

Imagina la vida como un juego en el cual tú te encuentras haciendo malabares con 5 pelotas en el aire. Las nombras: trabajo, familia, salud, amigos y

Artículo Completo

Tus hijos

Y una mujer que llevaba un niño contra su pecho le preguntó a un maestro: Háblanos de los hijos. Y él respondió: Vuestros hijos no son vuestros

Artículo Completo