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Jesús envía a los doce discípulos

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El pasaje acerca de dar un saludo y de recibir la respuesta de rigor es típicamente oriental. En Oriente, una palabra que se dice se considera que tiene una especie de existencia activa e independiente. Salió de la boca como la bala de un arma de fuego. Esta idea surge regularmente en el Antiguo Testamento, especialmente en relación con las palabras que dice Dios. Isaías oyó decir a Dios: «Por Mí mismo hice juramento, de Mi boca salió palabra en justicia y no será revocada» (Isaías 45:23). «Así será Mi palabra que sale de Mi boca: No volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié» (Isaías 55:11). Zacarías ve el rollo volador y oye la voz: «Esta es la maldición que se extiende sobre la faz de toda la Tierra» (Zacarías 5:3). Hasta el día de hoy en Oriente, si una persona le da su bendición a un viandante y luego descubre que es de otra religión, vuelve a pedirle que le devuelva su bendición. Aquí la idea es que los mensajeros del Rey pueden enviar su bendición para que descanse sobre la casa; y si la casa es indigna de ella, pueden recuperarla.

Si se rechaza su mensaje en algún lugar, los mensajeros del Rey deben sacudirse el polvo de aquel lugar que se les haya pegado a los pies y seguir su camino. Para un judío, el polvo de un pueblo o de una carretera gentiles era contaminante; por tanto, cuando un judío cruzaba la frontera de Palestina y entraba en su patria después de un viaje por tierras gentiles, se sacudía el polvo de las carreteras gentiles de los pies para librarse hasta de la última partícula de contaminación. Así es que Jesús dijo: « Si alguna ciudad o pueblo no os recibe, debéis tratarlos como si fueran lugares gentiles.» De nuevo debemos tener claro lo que Jesús está diciendo. En este pasaje encontramos una verdad coyuntural y una verdad eterna.

(i) La verdad coyuntural es ésta: Jesús no estaba diciendo que hubiera que dejar a nadie fuera del mensaje del Evangelio y del alcance de la gracia. Éstas eran unas instrucciones como las que dio al principio acerca de no ir a los gentiles y a los samaritanos. Se referían a la situación en que se dieron. Esto se debía exclusivamente al factor tiempo; el tiempo era corto; todos los posibles debían oír la proclamación del Reino; así es que no había tiempo para discutir con los diletantes o para tratar de ganar a los testarudos; eso llegaría más tarde. De momento, los discípulos tenían que recorrer el país lo más rápido posible, y por tanto tenían que pasar a otro lugar cuando no se recibía el mensaje que llevaban.

(ii) La verdad permanente es la siguiente. Es uno de los grandes hechos básicos de la vida que la oportunidad llega a una persona una y otra vez -y ya no se presenta más. Para aquellas personas de Palestina llegaba la oportunidad dé recibir el Evangelio; pero si no la aceptaban, podría ser que no volviera nunca. como dice el proverbio: «Hay tres cosas que nunca vuelven: la palabra hablada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.»

Esto sucede en todas las esferas de la vida. En su autobiografía, Chiaroscuro, Augustus John cuenta un incidente y añade un comentario lacónico. Estaba en Barcelona: «Era hora de salir para Marsella. Había mandado mi equipaje por delante, e iba andando a la estación cuando me encontré a tres gitanas ocupadas en comprar flores en un puesto. Me impresionaron de tal manera su belleza y su elegancia deslumbrante que casi perdí el tren. Hasta cuando llegué a Marsella y me encontré con mi amigo, aquella visión me seguía fascinando, y no tuve más remedio que volver. Pero ya no encontré a las tres gitanas. Eso nunca pasa.» El artista estaba siempre buscando atisbos de belleza que trasladar al lienzo -pero sabía muy bien que si no pintaba la belleza cuando la encontraba, todas las probabilidades estaban en contra de que volviera a captar esa vislumbre otra vez. Lo más trágico de la vida es a menudo la oportunidad perdida.

Por último, dice que lo tendrán más fácil Sodoma y Gomorra en el Día del Juicio que los pueblos y aldeas que rechacen el mensaje de Cristo y el Reino. Sodoma y Gomorra se mencionan en el Nuevo Testamento como el arquetipo de la maldad (Mateo 11:23s; Lucas 10:12s; 17:29; Romanos 9:29; 2 Pedro 2:6; Judas 7). Es interesante y pertinente notar que precisamente antes de su destrucción Sodoma y Gomorra habían sido culpables de quebrantar grave y viciosamente las leyes de la hospitalidad (Génesis 19:1- I1). Ellas también habían rechazado a los mensajeros de Dios. Pero hasta en su peor momento, Sodoma y Gomorra nunca habían tenido la oportunidad de recibir el mensaje de Cristo y de Su Reino. Por eso es por lo que lo tendrían más fácil al final que los pueblos y aldeas de Galilea; porque siempre es verdad que cuanto más grande ha sido el privilegio mayor es la responsabilidad.

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