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Jesús enseña sobre la venganza

Ahora bien, decía expresamente la ley judía que la túnica de un hombre se le podía retener en prenda, pero no la capa: «Si tomas en prenda el vestido (capa) de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás, porque sólo eso es su abrigo, el vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué dormirá?» (Éxodo 22:26). El detalle es que no era legal retenerle a una persona la capa permanentemente. Así que, lo que Jesús está diciendo es que: «El cristiano no insiste nunca en sus derechos; nunca discute sus derechos legales; no considera que tiene derechos legales en absoluto.» Hay personas que no hacen más que insistir en sus derechos, que se aferran a sus privilegios y no se los dejarán arrebatar, que irán a los tribunales militantemente antes que sufrir lo que consideren la más ligera infracción de ellos.

Las iglesias están trágicamente llenas de personas así: encargados cuyo territorio ha sido invadido, o a los que no se ha asignado el lugar merecido; de juntas que realizan su cometido con el reglamento siempre encima de la mesa, no sea que se le invadan a alguien sus derechos. Esas personas no han ni siquiera empezado a ver lo que es el Cristianismo. El cristiano no piensa en sus derechos sino en sus deberes; no en sus privilegios, sino en sus responsabilidades. El cristiano es una persona que ha olvidado si tiene derechos o no; y el que lucha hasta la muerte legal por sus derechos, dentro o fuera de la iglesia, está lejos del camino cristiano.

(iii) Jesús pasa entonces a hablar de que le obliguen a uno a ir una milla; y dice que en tal caso, el cristiano debe estar dispuesto a ir dos millas.

Aquí tenemos una escena que se refiere a un país ocupado. La palabra que se usa para obligar es el verbo angareuein, que es una palabra con historia. Se deriva del nombre angareus, que era la palabra persa para un correo. Los persas desarrollaron un sistema postal maravilloso. Todas las carreteras estaban divididas en etapas a recorrer en un día. En cada etapa había comida para el correo y agua y pienso para los caballos, y caballos de repuesto. Pero, si algo faltaba por lo que fuera, se podía requisar a cualquier persona, obligándola a dar comida, alojamiento, caballos, ayuda, y hasta a llevar él mismo el mensaje una etapa.

La palabra que indicaba esa obligación era angareuein. Por último esta palabra acabó por usarse para cualquier clase de requisa obligatoria para cualquier servicio en un país ocupado. En tal situación se podía obligar a los ciudadanos a que proveyeran alimentos, o alojamiento, o llevaran el equipaje. Algunas veces el poder imponía su derecho de requisa de la manera más tiránica y desconsiderada.
Este peligro siempre pendía sobre las cabezas de los ciudadanos. Palestina era un país ocupado. En cualquier momento un soldado romano podía darle un golpe en el hombro con lo plano de la espada, y ya sabía el ciudadano que estaba obligado a servirle, hasta de la manera más vulgar. Eso fue lo que le pasó a Simón de Cirene cuando le obligaron (angareuein) a llevar la cruz de Jesús. Así que, lo que Jesús esta diciendo es: «Suponte que tus amos se te presentan y te obligan a actuar de guía o de mozo una milla. No la recorras con un resentimiento amargo y obvio. Está dispuesto a ir dos millas con buena disposición y gracia.» Lo que Jesús está diciendo es: «No estés siempre pensando en tu libertad para hacer lo que te dé la gana; piensa siempre en tu deber y en tu privilegio de ser útil a otros. Cuando se te imponga una tarea, aunque sea injusta y odiosa, no la cumplas de mala gana y con resentimiento; sino como un servicio que se presta de buena gana.»

Hay dos maneras de hacer las cosas. Se puede hacer el mínimo irreductible, y ni una pizca más; se puede hacer de forma que quede bien claro que le asquea el asunto; puede hacerlo con el mínimo de eficacia, y nada más. O se puede hacer con una sonrisa, con simpática cortesía; con el propósito, no sólo de hacer lo que sea, sino de hacerlo bien y con agrado. Puede hacerse, no sólo tan bien como se debe, sino mucho mejor de lo que nadie tenga derecho a esperar de uno.

El obrero incompetente, el subordinado resentido, el ayudante obligado, no han empezado ni a hacerse idea de lo que es la vida cristiana. Al cristiano no le corresponde hacer las cosas como quiera, sino simplemente ayudar, aunque la demanda de ayuda sea descortés, irrazonable y tiránica. Así es que, en este pasaje, bajo la guisa de cuadros orientales gráficos, Jesús establece tres grandes reglas:
El cristiano no debe tener resentimiento ni buscar revancha por un insulto, por muy calculado y humillante que sea; el cristiano no debe regirse por sus derechos legales u otros que crea poseer; el cristiano no debe reclamar su derecho a hacer lo que le dé la gana, sino saber que su deber es siempre ser de ayuda. La cuestión es: ¿Cómo se consigue eso?

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