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Jesús enseña cómo usar su nombre en la oración

(v) Tendremos una nueva relación con Dios. Cuando conozcamos a Dios de veras y a fondo, podremos acudir a Él y pedirle todo lo que necesitemos. Sabemos que la puerta está abierta; sabemos que Él es nuestro Padre, y que Su corazón es amor Somos como niños que nunca ponen en duda que a su padre le encanta verlos, y que pueden hablar con él como y cuando quieran. En esa relación, Jesús dice que podemos pedir lo que sea; pero vamos a considerarlo en términos humanos -que son los únicos de que disponemos. Un niño que ama a su padre y confía en él, sabe muy bien que hay veces que su padre le dirá que no; porque, en su amor y sabiduría, sabe más. Nosotros podemos llegar a tal intimidad con Dios que tengamos libertad para consultárselo todo; pero siempre debemos terminar con « ¡Hágase Tu voluntad!»

(vi) Es Jesús el Que hace posible esa nueva relación con Dios. Existe en Su nombre. Todo es gracias a Él: que nuestro gozo es indestructible y perfecto, que nuestro conocimiento es completo, que el camino al corazón de Dios está abierto. Todo lo que tenemos nos ha venido por medio de Jesucristo. Sólo en Su nombre podemos pedir, y recibimos, nos podemos acercar, y somos bienvenidos.

El acceso directo

-Os he dicho estas cosas de una manera que es difícil de entender; pero está a punto de llegar el momento en que dejaré de hablaros de una manera que os sea difícil, y os hablaré claramente acerca del Padre. Ese día pediréis en Mi nombre; y no os digo que Yo Le pediré al Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama, porque vosotros Me habéis amado y habéis creído que vine del Padre. Vine del Padre, y entré en el mundo; ahora dejo el mundo, y vuelvo al Padre.

La versión Reina-Valera.09 ponía que Jesús había hablado hasta entonces en proverbios, y R-V.60 en alegorías. La palabra griega es paroimía, que es la que se usa para las parábolas de Jesús, pero que significa básicamente algo que es difícil de entender, un dicho cuyo sentido está velado para el que lo escucha casualmente, que requiere meditación para descubrir lo que quiere decir. Se puede usar, por ejemplo, de las sentencias de los sabios cuya concisión las hace preñadas de contenido, o de los acertijos que desafían a la imaginación.

Jesús les quiere decir: «Hasta ahora os he estado haciendo sugerencias e indicaciones, dándoos la verdad cubierta con un velo; os he estado diciendo cosas que os hacían pensar o que os dejaban confusos; pero desde ahora os voy a decir la verdad con toda claridad.» Y pasa a decirles sencillamente que vino de Dios y que vuelve a Dios. Ese era Su secreto: no era sino el Hijo de Dios, y la Cruz no iba a ser la muerte de un criminal sino el camino de vuelta a Dios.

Y entonces Jesús dice una cosa que no debemos olvidar. Los suyos tienen acceso directo a Dios porque Dios los ama; Jesús no tiene necesidad de presentarle a Dios las súplicas de los Suyos; ellos lo pueden hacer por sí mismos. Aquí tenemos la prueba definitiva de algo que no se debe olvidar jamás. Muchas veces se piensa en términos de un Dios airado y de un Jesús benévolo, y que Jesús hizo algo que obligó a Dios a cambiar de actitud hacia la humanidad, haciendo que fuera un Dios de amor y no de juicio. Pero aquí Jesús nos dice: «Podéis acercaros a Dios, porque Él os ama.» Y eso lo dice antes de la Cruz. Jesús no murió para hacer que Dios nos amara, sino porque Dios nos ama; no para hacer que Dios sea un Dios de amor, sino para demostrar que Dios es amor. Jesús vino, no porque Dios odiaba al mundo, sino porque lo amaba de tal manera. Jesús ha traído a la humanidad el amor de Dios.

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