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Jesús enseña acerca del servicio a otros

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La otra frase que usa Jesús puede llevar a confusión en una traducción literal, motivo por el cual la hemos traducido más libremente para dar el sentido. Habla del bautismo con el que Él fue bautizado. El verbo griego baptizein significa sumergir. Su participio pasado (bebaptismenos) quiere decir sumergido, y se usa corrientemente de ser sumergido en alguna experiencia, lo mismo que en español inmerso. Por ejemplo, un manirroto se dice que está sumergido, inmerso en deudas.

Un borracho se dice que está sumergido en bebida. Una persona afligida se dice que está sumergida, inmersa en aflicción. Un muchacho ante el profesor que le va a examinar se dice que está sumergido, inmerso en preguntas. La palabra se usa corrientemente de un barco que ha sufrido un naufragio y se sumerge bajo las olas. La metáfora está muy íntimamente emparentada con la que usa corrientemente el salmista. En Salmo 42:7 leemos: «Todas Tus ondas y Tus olas han pasado sobre mí.» En Salmo 124:4 leemos: « Entonces nos habrían anegado las aguas; sobre nuestra alma habría pasado la avenida.» La expresión, como Jesús la usa aquí, no tiene nada que ver con el Bautismo. Lo que está diciendo es: «¿Podéis soportar pasar la terrible experiencia que Yo tengo que pasar? ¿Podéis sumergiros en odio y dolor y muerte como Yo?»

Estaba diciéndoles a estos dos discípulos que sin Cruz no puede haber corona. El baremo de grandeza en el Reino es el baremo de la Cruz. Fue cierto que en días entonces por venir ellos pasaron la experiencia de su Maestro, porque Santiago fue decapitado por Herodes Agripa (Hechos 12:2), y, aunque Juan probablemente no murió mártir, sí tuvo que sufrir mucho por Cristo. Ellos aceptaron el desafío de su Maestro -aunque fuera a ciegas.

(iv) Jesús les dijo que la decisión final pertenecía a Dios. La asignación final del destino era Su prerrogativa. Jesús nunca usurpó el lugar de Dios. Toda Su propia vida fue un largo acto de sumisión a la voluntad de Dios, y El sabía que esa voluntad era suprema hasta el fin.

El precio de la salvación humana

Era inevitable que la acción de Santiago y Juan produjera un profundo disgusto entre los otros diez. Les parecería que aquellos dos habían tratado de tomarles la delantera y sacar una ventaja fraudulenta sobre los demás. Inmediatamente empezó otra vez la antigua discusión sobre cuál de ellos era el más importante.

Era una situación delicada. El compañerismo del grupo apostólico podría haber empezado a resquebrajarse si Jesús no hubiera intervenido a tiempo. Los llamó, y dejó bien claro que los baremos de grandeza de Su Reino y los de los reinos de este mundo eran completamente diferentes. En los reinos del mundo, el baremo de grandeza es el poder. La prueba era: ¿Cuántas personas controla un hombre? ¿Cómo es de grande el ejército de servidores que tiene a sus espaldas y a sus órdenes? ¿A cuántas personas puede imponer su voluntad? No mucho después de esto, Galva había de resumir la idea pagana de la realeza y de la soberanía diciendo que ahora él era el emperador podía hacer lo que le diera la gana y a quien le diera la gana. En el Reino de Jesús, el baremo es el del servicio.

La grandeza consiste, no en reducir a otros al servicio de uno mismo, sino en reducirse uno mismo al servicio de los demás. La prueba no era: ¿Qué servicio puedo extraer?; sino: ¿Qué servicio puedo prestar?

Se tiende a pensar en esto como un estado ideal de cosas; pero, de hecho, es del más sano sentido común. Es de hecho el primer principio de la vida de negocios normal y corriente. Bruce Barton indica que la base sobre la cual una compañía de coches pretenderá ganar clientes es asegurando que se meterán debajo de tu coche más a menudo y se pondrán más sucios que ninguno de sus competidores. En otras palabras, que están dispuestos a dar mejor servicio. También señala que aunque el empleado normal puede irse a casa a las cinco y media de la tarde, se seguirá viendo la luz en la oficina del jefe de personal hasta bien entrada la noche, porque quiere aportar el servicio extra que le hace ocupar ese puesto.

El problema fundamental de la situación humana es que la gente quiere aportar lo menos posible y recibir lo más posible. Es solamente cuando se está lleno de deseo de meter más en la vida de lo que se saca cuando la vida vale la pena para uno y para los demás. El mundo necesita personas cuyo ideal sea el servicio -es decir, que se hayan dado cuenta de lo sensato que fue lo que dijo Jesús.

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