Jesús enseña acerca del servicio a otros

Entonces, la madre de los hijos de Zebedeo, se le acerca con sus dos hijos, y le adora, manifestando querer pedirle alguna gracia. Jesús le dijo: ¿Qué quieres? Y ella le respondió: Quisiéramos nos concedieses todo cuanto te pida­mos. Dispón que estos dos hijos míos tengan su asiento en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Mas Jesús le dio por respuesta: No sabéis lo que os pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo tengo de beber?, ¿o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? Y le dijeron: Bien podemos. Les replico: Mi cáliz sí que lo beberéis; y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado; pero el asiento a mi diestra o siniestra no está en mi arbitrio darlo a voso­tros, sino que será para aquellos a quienes lo ha desti­nado mi Padre. Escuchando esto los otros diez apóstoles, se indignaron contra Santia­go y Juan. Mas Jesús los convoco a sí, y les dijo: No ignoráis que los príncipes de las naciones avasallan a sus pueblos y ejercen sobre ellos un poder absoluto, y que sus magnates, los que tienen autoridad de mandar a las naciones, las tratan con imperio. No ha de ser así entre vosotros, sino que quien aspirase a ser mayor entre vosotros, debe ser vuestro criado. Y el que quiera ser entre vosotros el primero, ha de ser vues­tro siervo. Porque aun el Hijo del hombre no ha venido a ser servi­do, sino a servir, y a dar su vida para redención de mu­chos. Mateo 20: 20-28; Marcos 10:35-45

Falsa y verdadera ambición

Aquí vemos en acción la ambición mundana de los discípulos. Hay una pequeña diferencia muy reveladora entre los relatos de este incidente de Mateo y de Marcos. En Marcos 10:35-45, son Santiago y Juan los que vienen a Jesús con esta petición. En Mateo, es su madre. Se sugiere que la razón para este cambio es que Mateo escribía veinticinco años después que Marcos; para entonces, se les había colocado a los discípulos una especie de halo de santidad. Mateo no quería mostrar que Santiago y Juan habían sido culpables de ambición mundana, así es que coloca la solicitud en labios de la madre de ellos más que en los de ellos mismos. Puede que hubiera una razón muy natural para esta petición. Es probable que Santiago y Juan fueran parientes cercanos de Jesús. Mateo, Marcos y Juan nos dan la lista de las mujeres que estaban al pie de la Cruz. Vamos a ponerlas por orden.

La lista de Mateo es: María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo 27:56). La lista de Marcos es: María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé (Marcos 15:40). La lista de Juan es: La Madre de Jesús, la hermana de Su Madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena (Juan 19:25).

María Magdalena aparece en todas las listas; María la madre de Santiago y José debe de ser la misma que María la mujer de Cleofás; por tanto, la tercera mujer se describe de tres maneras diferentes. Mateo la llama la madre de los hijos de Zebedeo; Marcos la llama Salomé, y Juan la llama la hermana de la madre de Jesús. Así que se nos dice que la madre de Santiago y Juan se llamaba Salomé, y que era hermana de María la Madre de Jesús. Eso quiere decir que Santiago y Juan eran primos hermanos de Jesús; puede ser que creyeran que su parentesco les daba derecho a un lugar especial en Su Reino.

Este es uno de los pasajes más reveladores del Nuevo Testamento. Arroja luz en tres direcciones. Primero, ilumina a los discípulos. Nos dice tres cosas acerca de ellos.

(a) Nos habla de su ambición. Todavía estaban pensando en términos de recompensas y de distinciones personales; y en el éxito personal sin el sacrificio personal. Querían que Jesús, por decreto real, les asegurara una vida de príncipes. Todos tenemos que aprender que la verdadera grandeza reside, no en el dominio, sino en el servicio; y que en cualquier esfera, el precio de la grandeza ha de ser pagado.

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