Jesús enseña abiertamente en el templo

Además, Jesús establece a continuación una verdad. Sólo los que hacen la voluntad de Dios pueden comprender de veras su enseñanza. Ésa no es una verdad teológica, sino universal. Aprendemos haciendo. Un médico puede aprender la técnica de la cirugía de los libros. Puede que llegue a saber la teoría de todas las operaciones posibles. Pero eso no le hará cirujano; tiene que aprender haciendo. Uno puede estudiar el funcionamiento de un motor de coche; en teoría puede que sea capaz de planificar cualquier arreglo o ajuste; pero eso no le hará un buen mecánico. Tiene que aprender haciendo.

Así sucede con la vida cristiana. Si esperamos hasta comprenderlo todo para ponerlo por obra, nunca empezaremos. Pero, si empezamos a hacer la voluntad de Dios hasta donde la conocemos, la verdad de Dios se nos hará más y más clara. Si alguien dice: «Yo no puedo ser cristiano, porque hay mucho de la doctrina cristiana que no entiendo, y tengo que esperar hasta entenderlo todo,» la respuesta correcta sería: «Nunca lo entenderás todo por completo; pero, si empiezas por tratar de vivir la vida cristiana hasta donde ya la entiendes, la entenderás más y más cada día.» En el Cristianismo, como en todo lo demás, la manera de aprender es ponerlo por obra.

Recordemos que es muy probable que este pasaje debería venir realmente detrás de la historia de la curación del inválido de Betesda. Han acusado a Jesús de impiedad porque devolvió la salud a uno en sábado, y Él pasa a demostrar que estaba buscando solamente la gloria de Dios, y que no había ninguna mala intención en su obra.

Un razonamiento sabio

-¿No os dio Moisés la Ley, y no hay ni uno de vosotros que de veras la guarde? ¿Por qué queréis matarme? – ¡Estás loco! -dijo la gente- ¿Quién es el que está pensando matarte? Jesús les contestó: -Yo no he hecho más que una obra, y todos os maravillasteis. Moisés os dio el rito de la circuncisión (aunque no fue Moisés el que la originó, sino que se remonta a vuestros antepasados), y circuncidáis los varones aunque sea sábado. Si es lícito circuncidar a un hombre en sábado sin que eso suponga quebrantar la Ley de Moisés, ¿os enfurecéis conmigo por curar todo el cuerpo de un hombre en sábado? Dejad ya de juzgar por las apariencias y haced que vuestros juicios sean justos.

Antes de empezar a considerar este pasaje en detalle; debemos aclarar una cuestión. Tenemos que darnos cuenta de que, en esta escena, tiene lugar un debate entre Jesús y los líderes de los judíos en medio de una multitud de espectadores. Jesús está justificando su acción de sanar a un enfermo en sábado, que era técnicamente un quebrantamiento de la ley tradicional concerniente a ese día.

Jesús empieza diciendo que Moisés les dio la Ley, pero que no hay ni uno entre ellos que la cumpla perfectamente. (Veremos dentro de poco lo que quería decir con eso). Entonces, si Él quebrantó la ley para sanar a un enfermo, ¿por qué ellos, que quebrantan la ley, están tratando de matarle?

En este punto, la gente interrumpe el debate con la exclamación: «¡Estás loco! ¿Quién es el que está pensando matarte?» La gente todavía no se ha dado cuenta del odio que sus líderes le tienen a Jesús, ni de su malvado designio de eliminarle. Creen que Jesús padece una manía persecutoria que le tiene desequilibrado; y creen eso porque no conocen los hechos. Jesús no les contesta a esta pregunta, que no es realmente una pregunta sino una interjección de la audiencia. Jesús continúa con su razonamiento, que es el siguiente. La ley establecía que había que circuncidar a los niños al octavo día de su nacimiento: « Y al octavo día se circuncidará al niño» (Levítico 12:3). Estaba claro que ese día caería frecuentemente en sábado; y la ley concretaba que « todo lo necesario para la circuncisión se podía hacer en sábado.» Así pues, el razonamiento de Jesús seguía estos pasos:

(a) «Vosotros decís que cumplís a rajatabla toda la ley que os ha venido por medio de Moisés que prohíbe que se haga ningún trabajo en sábado, y catalogáis como trabajo toda clase de atención médica que no sea absolutamente necesaria para salvar una vida. No obstante, permitís que se lleve a cabo la circuncisión en sábado.»

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