Jesús enseña a orar

No se podía sentir reverencia por los dioses griegos, con sus amoríos, y celos, y rivalidades, y odios, y adulterios, y trampas y villanías. No se pueden reverenciar dioses caprichosos, inmorales, impuros. Pero en el Dios que Jesucristo nos ha venido a revelar hay tres grandes cualidades. Hay santidad; hay justicia, y hay amor. Debemos reverenciar a Dios, no sólo porque existe, sino por ser el Dios Que sabemos que es.

(iii) Pero puede que una persona crea que hay Dios; puede que esté intelectualmente convencida de que Dios es santo, justo y amoroso; y puede que todavía no Le reverencie. Porque para tenerle reverencia es menester ser conscientes permanentemente de Dios.

Reverenciar a Dios es vivir en un mundo que está lleno de Dios, una vida que sucede en Su presencia. Esta consciencia no se limita a la iglesia, ni a los llamados lugares santos; tiene que ser una consciencia que nos acompaña siempre y en todas partes. El salmista lo expresa bellamente: Señor: Tú me has escudriñado, y me conoces. Sabes cuándo estoy en reposo, y cuándo en acción. Comprendes mis pensamientos antes de que los tenga. Has escudriñado mi conducta y mi carácter, y tienes a la vista los planos de mis planes. Aun antes de que profiera una palabra, Tú, Señor, ya sabes lo que iba a decir. Estás presente en mi pasado y en mi futuro, y mantienes Tu mano sobre mí en cada momento. El saber esto es demasiado maravilloso para mí; es algo sublime, y más allá de lo que puedo comprender. ¿Adónde me podría ir para desligarme de Tu Espíritu? ¿Adónde podría huir que no estuviera en Tu presencia? Si subiera al Cielo, es allí donde Tú estás; y si me ocultara en el seol, allí me encontrarías. Si tomara las alas del alba, e hiciera mi morada al otro lado del mar, aun allí sería Tu mano la que me guiara, y Tu diestra la que me cobijara. Si-dijera: «¡Seguro que la oscuridad me esconderá!, » hasta en la noche Te sería tan visible como al mediodía; porque las tinieblas tampoco encubren de Tu vista: y la noche Te es tan clara como el día. ¡Lo mismo Te dan las tinieblas que la luz! (Salmo 139:1-12). Dios en la iglesia, y en el campo, y en el hogar; Dios en el taller, y en la tienda, y en la mina; Dios entre los pucheros y en medio del tráfico…

Lo malo es que, para la mayoría, la consciencia de Dios es algo espasmódico, con altibajos, presencias y ausencias. Reverencia quiere decir la consciencia constante de Dios.

(iv) Todavía nos falta otro ingrediente de la reverencia. Tenemos que creer que Dios existe; tenemos que saber qué clase de Dios es; debemos ser siempre conscientes de Dios. Pero puede que una persona tenga todo esto, y no tenga todavía reverencia. A todo esto hay que añadir la obediencia y la sumisión a Dios. Reverencia es conocimiento más sumisión.

Lutero preguntaba en su catecismo: «¿Cómo es santificado el nombre de Dios entre nosotros?» Y su respuesta era: «Cuando tanto nuestra vida como nuestra doctrina son verdaderamente cristianas.» Es decir: cuando nuestro convencimiento intelectual y todas nuestras acciones están perfectamente sometidas a la voluntad de Dios. El saber que Dios existe, el saber la clase de Dios que es, el ser siempre consciente de Dios y el serle siempre obediente -esa es la reverencia y lo que pedimos cuando oramos: «Santificado sea Tu nombre.» Que Dios reciba la reverencia que merece por Su carácter y Su naturaleza.

El reino de Dios y la voluntad de Dios

Venga Tu Reino; que Tu voluntad se haga, como en el Cielo, así en la Tierra. La frase El Reino de Dios es característica de todo el Nuevo Testamento. Es una de las frases que más se usan en la oración, y en la predicación, y en la literatura cristiana. Por tanto, es de importancia capital que sepamos lo que quiere decir.

Es evidente que el Reino de Dios era central en el mensaje de Jesús. La primera vez que apareció Jesús en el escenario de la Historia fue cuando llegó a Galilea predicando la Buena Noticia del Reino de Dios: Después que metieron a Juan en la cárcel, Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. (Marcos 1:14). Jesús mismo describía la predicación del Reino como la obligación que se Le había impuesto: «Vamos a los lugares vecinos para que predique también allí, porque para esto he venido» (Marcos 1:38; Lucas 4:43). La descripción que nos hace Lucas de la actividad de Jesús es que Él iba por todas las aldeas y pueblos predicando y mostrando la Buena Noticia del Reino de Dios: Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas, anunciando la buena noticia del reino de Dios. Los doce apóstoles lo acompañaban… (Lucas 8:1).

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario