Jesús enseña a orar

La oración por la reverencia

¿Hay alguna palabra en español que quiera decir darle a Dios el lugar único y soberano que requieren Su naturaleza y carácter? La hay, y es reverencia. Pedimos ser capacitados para reverenciar a Dios como Dios merece ser reverenciado. En toda auténtica reverencia de Dios hay cuatro elementos esenciales.

(i) A fin de reverenciar a Dios, debemos creer que Dios existe. No podemos reverenciar a alguien que no exista; debemos empezar por estar seguros de la existencia de Dios.

Para la Biblia, Dios es un axioma. Un axioma es un hecho autoevidente que no necesita demostración, sino que es la base de todas las otras pruebas. Por ejemplo: «La línea recta es la distancia más corta entre dos puntos;» o: «las líneas paralelas son las que, hallándose en un mismo plano, no se encuentran nunca.» Estos son axiomas. Los autores bíblicos habrían dicho que era superfluo intentar demostrar la existencia de Dios, porque ellos experimentaban la presencia de Dios en todos los momentos de su vida. Habrían dicho que un hombre no necesita demostrar que Dios existe más de lo que necesita demostrar que existe su mujer. Se encuentra con ella y convive con ella todos los días, y así con Dios. Pero supongamos que necesitáramos demostrar que Dios existe usando nuestras propias mentes para hacerlo; ¿por dónde empezaríamos? Podríamos empezar por el mundo en que vivimos. El antiguo argumento de Paley no está todavía totalmente desfasado.

Supongamos que una persona va andando por un camino. Tropieza con el pie con un reloj que está en el suelo. Supongamos que esa persona no había visto un reloj en la vida; no sabía lo que era eso. Lo recoge; ve cómo está hecho y la colocación en su interior de ruedecillas y muelles. Ve que está andando y funcionando de una manera deliciosamente ordenada, y que las manillas se mueven alrededor de la esfera con una regularidad obviamente predeterminada. ¿Qué es lo que se dice? No se dice: «Todos estos metales y piezas diversas han llegado aquí del fin del mundo por casualidad, y se han hecho ruedas y muelles por casualidad, y se han reunido en este mecanismo por casualidad, y se dan cuerda y se ponen en marcha a sí mismos por casualidad, llegando a este funcionamiento obviamente ordenado por casualidad.» No; sino dice: «Me he encontrado un reloj; de modo que tiene que existir un relojero.»

Un orden presupone una mente. Cuando miramos al mundo vemos una máquina inmensa que funciona con orden. El Sol sale y se pone en sucesión invariable. Las mareas tienen su flujo y reflujo cronométricamente. Las estaciones se suceden en orden. Cuando miramos al mundo no tenemos más remedio que decir: «Tiene que existir el Relojero.»

La existencia del mundo nos empuja a reconocer la de Dios. Como decía sir James Jeans: « Un astrónomo no puede ser ateo.» El orden del universo revela la mente de Dios que está detrás.

Podríamos empezar por nosotros mismos. Lo único que el ser humano no ha llegado a crear es la vida. Puede alterar y cambiar y reorganizar las cosas; pero no puede crear un ser viviente. ¿De dónde, entonces, nos hemos sacado la vida? De nuestros padres. ¿Y ellos, de dónde se sacaron la suya? De los suyos. ¿Y ellos? La vida tiene que haber empezado alguna vez en el mundo; tiene que venir de fuera del mundo, porque nosotros no podemos crearla. Y, de nuevo, el misterio de la vida nos empuja a Dios. Cuando miramos a nuestro interior, y al mundo exterior, nos sentimos empujados hacia Dios.

Como decía Kant hace mucho: «Dos cosas nos sobrecogen de admiración: la ley moral dentro de nosotros mismos, y los cielos estrellados por encima de nosotros.» Y nos empujan hacia Dios.

(ii) Antes de reverenciar a Dios tenemos que creer, no solamente que Dios existe, sino también tenemos que saber cómo es Dios.

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