Jesús enseña a orar

Toda esta concepción se basa en la convicción de que los dioses son celosos, vengativos, y tacaños; y lo que menos- les interesa hacer es ayudar a los humanos. Esa es la idea pagana de la actitud del mundo invisible hacia la humanidad. Los paganos se sienten asediados por el miedo a una horda de dioses celosos, crueles y tacaños. Así pues, cuando descubren que el Dios al Que Jesucristo nos ha venido a revelar tiene el nombre y el corazón de Padre, eso trasforma completamente todas las cosas del mundo. Ya no tenemos por qué temblar de miedo ante una horda de dioses celosos; podemos descansar en el amor de un Padre.

(ii) Establece nuestra relación con el mundo visible, este mundo del espacio y el tiempo en el que vivimos.

Es fácil pensar que este mundo es hostil. Hay circunstancias y eventualidades en la vida; hay leyes férreas del universo que quebrantamos a nuestro riesgo; hay sufrimiento y muerte; pero, si podemos estar seguros de que detrás de este mundo hay, no un dios caprichoso, celoso, y burlón, sino un Dios cuyo nombre es Padre, entonces, aunque todavía haya muchas cosas que nos parezcan oscuras, todo es ahora soportable porque detrás de todo está el amor. Siempre nos ayudará creer que este mundo está organizado, no para nuestra comodidad, sino para nuestro entrenamiento.

Tomemos, por ejemplo, el dolor. Puede parecer algo malo; pero el dolor tiene su lugar en el orden de Dios. Algunas veces sucede que una persona está constituida tan anormalmente que es incapaz de sentir el dolor. Una persona así es un peligro para sí misma, y un problema para todos los demás. Si no hubiera tal cosa como el dolor, nunca sabríamos si estamos enfermos, y a menudo nos moriríamos antes de que se pudieran dar pasos para tratar la enfermedad. Esto no es decir que el mal no puede convertirse en una cosa mala; pero es decir que innumerables veces el dolor es la lucecita roja de Dios que nos avisa de un peligro en el camino.

Lessing solía decir que, si se le permitiera hacerle una pregunta a la Esfinge, sería: «¿Es éste un universo amigable?» Si podemos estar seguros de que el Dios que creó este mundo es Padre, entonces podremos también estarlo de que éste es fundamentalmente un universo amigable. Llamar a Dios Padre es establecer una nueva relación con el mundo en que vivimos.

(iii) Si creemos que Dios es Padre, esto establece nuestra relación con nuestros semejantes. Si Dios es Padre, es el Padre de todos los seres humanos.

La Oración Dominical no nos enseña a decir Mi Padre; nos enseña a decir Padre nuestro. Es muy significativo el hecho de que en la Oración Dominical no aparecen las palabras yo, mi, y mío; es verdad decir que Jesús vino para quitar esas palabras de nuestra vida y poner en su lugar nosotros, y nuestro. Dios no es la posesión exclusiva de ninguna persona. La misma frase Padre nuestro implica la eliminación del yo. La paternidad de Dios es la única base para la fraternidad humana.

(iv) Si creemos que Dios es Padre, esto establece nuestra relación con nosotros mismos.

Hay veces que uno se desprecia y se odia a sí mismo, se reconoce como la criatura más miserable que se arrastra por la tierra. El corazón conoce su propia, amargura, y nadie conoce la indignidad de una persona mejor que ella misma. Mark Rutherford proponía añadir otra bienaventuranza: «Bienaventurados los que nos sanan de despreciarnos a nosotros mismos.» Benditos sean los que nos devuelven nuestro propio respeto. Eso es precisamente lo que hace Dios. En esos momentos terribles, tenebrosos y crudos, todavía nos podemos recordar a nosotros mismos que, aunque no le importemos a ninguna otra persona, Le importamos a Dios; que, en la infinita misericordia de Dios somos linaje regio, hijos del Rey de reyes.

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