Jesús enseña a orar

Las primeras tres tienen que ver con Dios y con Su gloria; las tres siguientes se refieren a nuestras necesidades. Es decir, que se empieza por darle a Dios el lugar supremo que Le corresponde, y después, y sólo después, nos volvemos hacia nosotros y nuestras necesidades. Sólo cuando se Le da a Dios el lugar que Le corresponde, todo lo demás pasa a ocupar el lugar que le corresponde. La oración no debe ser nunca un intento de forzar la voluntad de Dios a nuestros deseos, sino siempre un intento de someter nuestra voluntad a la de Dios.

La segunda parte de la oración, la que trata de nuestras necesidades, tiene una unidad preciosamente ensamblada. Trata de las tres necesidades esenciales de la persona humana, y las tres esferas del tiempo en que se mueve. Primero, pide pan, lo que necesita para mantener la vida, y de esta manera presenta las necesidades del presente ante el trono de Dios. Segundo, pide perdón, y así trae el pasado a la presencia de Dios. Y tercero, pide ayuda en la tentación, y deja así el futuro en las manos de Dios. En estas tres breves peticiones se nos enseña a depositar el pasado, el presente y el futuro en el estrado de la gracia de Dios. Pero esta oración no se limita a presentarle a Dios la totalidad de la vida; también es una oración que trae la totalidad de Dios a nuestras vidas. Cuando pedimos pan para sostener nuestra vida terrenal, esa petición dirige nuestro pensamiento inmediatamente a Dios el Padre, Creador y Sustentador de toda la vida. Cuando pedimos perdón, esa petición nos dirige el pensamiento inmediatamente a Dios el Hijo, Jesucristo nuestro Salvador y Redentor. Y cuando pedimos ayuda en las tentaciones futuras, esa petición dirige inmediatamente nuestro pensamiento a Dios el Espíritu Santo, el Confortador, iluminador, Guía y Guardián de nuestras almas.

De la manera más maravillosa, esta breve segunda parte de la Oración Dominical toma el presente, el pasado y el futuro, y los presenta a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; es decir, a Dios, en toda Su plenitud. Jesús nos enseña en la Oración Dominical a presentar la totalidad de la vida a la totalidad de Dios, y a traer la totalidad de Dios a la totalidad de la vida.

El padre en el cielo

Padre nuestro del Cielo. Bien se podría decir que la palabra Padre aplicada a Dios es un resumen breve de la fe cristiana. El gran valor de esta palabra Padre está en que establece todas las relaciones de esta vida.

(i) Establece nuestra relación con el mundo invisible. Los misioneros nos dicen que uno de los más grandes desahogos que el Cristianismo trae a la mente y al corazón paganos es la certeza de que hay un solo Dios.

Los paganos creen que hay innumerables dioses, que cada corriente o río, árbol o valle, colina o bosque, y todas las fuerzas de la naturaleza tienen su propio dios. El pagano vive en un mundo infestado de dioses. Todavía más: Todos estos dioses son celosos y tacaños y hostiles. Hay que aplacarlos, y uno no puede nunca estar seguro de no haber omitido nada del honor debido a alguno de ellos. La consecuencia es que el pagano vive en terror de los dioses; está «asediado y no ayudado por su religión.» La leyenda griega más significativa sobre los dioses es la de Prometeo.

Prometeo era un dios. Corrían los días antes de que la humanidad poseyera el fuego; y la vida sin fuego era fría, triste e incómoda. Por piedad, Prometeo tomó el fuego del cielo y se lo dio como un regalo a la humanidad. Zeus, el rey de los dioses, se airó extraordinariamente de que la humanidad recibiera este regalo; así que se apoderó de Prometeo y le encadenó a una roca en medio del mar Adriático, donde era atormentado con el calor y la sed del día, y el frío de la noche. Y todavía más: Zeus preparó un buitre que le rasgara el hígado a Prometeo, que volvía a crecer, solamente para ser destrozado otra vez. Eso fue lo que le sucedió a un dios que trató de ayudar a la humanidad.

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