Jesús enseña a orar

El desarrollo de la idea de Satanás en la Biblia es de gran interés. En hebreo, la palabra satán quiere decir simplemente un adversario. Se usa a menudo de seres humanos. El adversario de una persona es su satán. Los filisteos tenían miedo de que David se volviera su satán: Pero los jefes filisteos se enojaron con Aquís, y le dijeron: –Pues ordénale que se vaya al lugar que le has dado y que nonos acompañe en la batalla; no sea que se convierta en nuestro enemigo en medio del combate. ¡La mejor manera que él tendría de quedar bien con su señor sería presentándole las cabezas de estos soldados! (1 Samuel 29:4); Salomón declara que Dios le ha dado tanta paz y prosperidad que no queda ningún satán que se le oponga: Ahora Jehová, mi Dios, me ha dado paz por todas partes, pues no hay adversarios ni males que temer. (1 Reyes 5:4); David considera a Abisai su satán: David entonces dijo: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel? ¿Pues no sé yo que hoy soy rey sobre Israel? (2 Samuel:19:22). En todos estos casos satán quiere decir un adversario o un enemigo.

De ahí la palabra satán pasa a significar uno que presenta acusaciones en un juicio contra otro. De ahí, por así decirlo, esta palabra deja la Tierra y se va al Cielo. Los judíos tenían la idea de que en el Cielo había un ángel que estaba a cargo de establecer el juicio contra una persona, una especie de ángel fiscal: y esa llegó a ser la visión de Satán.

En esa etapa, Satán no es un poder malvado, sino parte de la judicatura celestial. En Job 1: 6, Satán se menciona entre los hijos de Dios: «Un día acudieron a presentarse delante del Señor los Hijos de Dios, y entre ellos vino también Satán.» En esta etapa, Satán es el fiscal celestial correspondiente a la raza humana. Pero no hay tanto trecho entre presentar el caso contra una persona y urdir un caso contra una persona. Y ese es el siguiente paso. El otro nombre de Satán, o Satanás, es el Diablo; y Diablo viene de la palabra griega Diábolos, que es la palabra corriente para un calumniador. Así es como Satán llega a ser el Diablo, el calumniador par excellence, el adversario de la humanidad, el poder que se propone hacer fracasar los propósitos de Dios y destruir a la humanidad. Satán llega a representar todo lo que está en contra de la humanidad y de Dios.

De ese poder destructor es del que Jesús nos enseña a pedirle a Dios que nos libre. El origen de ese poder no se discute; no se presentan especulaciones. Como alguien ha dicho: «Si uno se despierta y ve que la casa está ardiendo, no se sienta en un sillón para escribir o leer un tratado sobre el origen del incendio en las casas particulares, sino aplica todo su conocimiento y habilidad a extinguir el fuego y salvar su hogar.»

Así que la Biblia no pierde el tiempo con especulaciones acerca del origen del mal, sino nos equipa para pelear la batalla contra el mal que está sin duda ahí.

El ataque de la tentación

La vida está siempre en el punto de mira de la tentación; pero ningún enemigo se puede lanzar a una invasión si no cuenta con una cabeza de puente. ¿Dónde encuentra la tentación su cabeza de puente? ¿De dónde proceden nuestras tentaciones? Si estar advertido es estar preparado; y si sabemos de dónde es probable que venga el ataque, tendremos más posibilidades de vencer.

(i) Algunas veces el ataque de la tentación nos llega de fuera de nosotros.

Hay personas que son una mala influencia. Otras, en cuya compañía sería sumamente difícil hasta sugerir una acción deshonesta; y otras en cuya compañía seria de lo más fácil hacer lo que no se debe. Cuando el poeta escocés Robert Bums era joven fue a Irvine para aprender a trabajar con el lino. Allí conoció a un cierto Robert Brown, que había visto mucho mundo y tenía una personalidad fascinante. Bums nos dice que le admiraba y se esforzaba en imitarle. Bums prosigue: «Era el único hombre que he conocido que era más idiota que yo cuando la Mujer era la estrella Polar… Hablaba de cierta debilidad de moda con ligereza, aunque hasta entonces yo la había mirado con horror… En eso su amistad me hizo mucho daño.»

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