Jesús enseña a orar

(i) La palabra más corriente es hamartía. Ésta era en su origen una palabra relacionada con el tiro, y quiere decir no dar en el blanco. Hamartía era fallar el tiro. Por tanto, pecado es fallar en ser lo que nos habría sido posible y teníamos capacidad para llegar a ser. Charles Lamb nos presenta un personaje llamado Samuel le Grice. Le Grice era un joven brillante que nunca llegó a ser lo que prometía. Lamb dice que hubo tres etapas en su carrera. Hubo un tiempo cuando la gente decía: «Éste hará algo.» Hubo un tiempo en que la gente decía: «Podría hacer algo si quisiera.» Hubo un tiempo en que la gente decía: «Podría haber hecho algo, si hubiera querido.» Edwin Muir dice en su Autobiografía: « Al llegar a una cierta edad, todos nosotros, buenos y malos, estamos apesadumbrados a causa de poderes que había en nosotros que nunca se han hecho realidad; porque, en otras palabras, no somos lo que debiéramos.» Eso es exactamente hamartía; y ésa es precisamente la situación en que todos nos encontramos. ¿Somos tan buenos maridos o esposas como podríamos ser? ¿Somos tan buenos hijos o hijas como podríamos ser? ¿Somos tan buenos trabajadores o empresarios como podríamos ser? ¿Hay alguien que pretenda ser todo lo que hubiera podido ser, o haber hecho todo lo que hubiera podido hacer?

Cuando nos damos cuenta de que pecado quiere decir errar el blanco, fracasar en la empresa de ser todo lo que nos habría sido posible y teníamos capacidad para llegar a ser, entonces está claro que cada uno de nosotros es un pecador.

(ii) La segunda palabra para pecado es parábasis, que quiere decir literalmente traspasar.

El pecado es pasarse de la raya que separa el bien y el mal. ¿Estamos siempre del lado debido de la línea que divide la honestidad de la deshonestidad? ¿No ha habido nunca en nuestras vidas ningún detalle deshonesto? ¿Estamos siempre del lado debido de la línea que divide la verdad de la falsedad? ¿Es que no hemos tergiversado o evadido o distorsionado nunca la verdad, con nuestra palabra o actitud o silencio o inhibición? ¿Estamos siempre del lado debido de la línea que divide la amabilidad y la cortesía del egoísmo y la aspereza? ¿Es que no ha habido nunca en nuestras vidas ninguna acción o palabra desamable o descortés? Cuando pensamos en estos términos, no hay ninguno que pueda pretender haberse mantenido siempre del lado debido de la línea divisoria.

(iii) La tercera palabra para pecado es paraptóma, que quiere decir deslizarse al otro lado.
Es lo que le pasa a uno en un suelo resbaladizo o helado. No es tan deliberado como parábasis, pero sin duda es algo que todos hemos experimentado. Una y otra vez decimos que se nos ha escapado una frase, o un gesto; una y otra vez hay algo que nos hace perder el equilibrio, un impulso o una pasión que se ha apoderado de nosotros momentáneamente haciéndonos perder el control. Los mejores de nosotros pueden deslizarse así al pecado cuando una situación nos sorprende con la guardia baja.

(iv) La cuarta palabra para pecado es anomía, que quiere decir ilegalidad.

Anomía es el pecado de la persona que sabe lo que debe hacer, y sin embargo no lo hace o hace lo contrario; el pecado de la persona que conoce la ley, pero que la quebranta. El primero de todos los instintos humanos es el de hacer lo que nos gusta; y por tanto llegan a la vida de cualquier persona momentos cuando querría saltarse las normas y desafiar las leyes y hacer o tomar lo prohibido. En Mandalay, Kipling hace decir al viejo soldado: Mándame adonde sea al Este de Suez donde los mejores son como los peores, donde no existen los Diez Mandamientos y uno puede provocar una hambruna. Aunque haya algunos que puedan decir que no han quebrantado nunca los Diez Mandamientos, no hay nadie que pueda decir que no ha querido quebrantar ninguno de ellos.

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