Jesús enseña a orar

Cuando vemos que ésta es una sencilla petición por las necesidades de cada día, de aquí surgen algunas verdades tremendas.

(i) Esto quiere decir que Dios se cuida de nuestros cuerpos. Jesús nos lo mostró; Él pasó mucho tiempo sanando enfermedades y satisfaciendo el hambre física. Estaba angustiado cuando se daba cuenta de que el gentío que le había seguido a lugares solitarios se encontraba muy lejos de su casa y no tenía nada que comer.

Haremos bien en tener presente que Dios tiene interés en nuestros cuerpos. Cualquier enseñanza que minimiza, y desprecia, y calumnia el cuerpo, es equivocada. Podemos ver lo que Dios piensa de nuestros cuerpos cuando recordamos que El mismo, en Jesucristo, asumió un cuerpo humano. El Cristianismo aspira, no sólo a la salvación del alma, sino a la salvación de toda la persona: cuerpo, mente y espíritu.

(ii) Esta petición nos enseña a pedir el pan nuestro de cada día, o el pan para el día que tenemos por delante. Nos enseña a vivir al día, y no preocuparnos o estar ansiosos acerca del futuro distante y desconocido.

Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a hacer esta petición, sin duda Su mente se retrotraía a la historia del maná en el desierto: Toda la comunidad israelita salió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí. Era el día quince del mes segundo después de su salida de Egipto. Allí, en el desierto, todos ellos comenzaron a murmurar contra Moisés y Aarón. y les decían: –¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto! Allá nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos hasta llenarnos, pero ustedes nos han traído al desierto para matarnos de hambre a todos. Entonces el Señor le dijo a Moisés: –Voy a hacer que les llueva comida del cielo. La gente deberá salir cada día, y recogerá solo lo necesario para ese día. Quiero ver quién obedece mis instrucciones y quién no. El sexto día, cuando preparen lo que van a llevar a casa, deberán recoger el doble de lo que recogen cada día. Moisés y Aarón dijeron entonces a los israelitas: –Por la tarde sabrán ustedes que el Señor fue quien los sacó de Egipto, y por la mañana verán la gloria del Señor; pues ha oído que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros para que ustedes nos critiquen? y Moisés añadió: –Por la tarde el Señor les va a dar carne para comer, y por la mañana les va a dar pan en abundancia, pues ha oído que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros? Ustedes no han murmurado contra nosotros, sino contra el Señor. Luego Moisés le dijo a Aarón: –Di a todos los israelitas que se acerquen a la presencia del Señor, pues él ha escuchado sus murmuraciones. En el momento en que Aarón estaba hablando con los israelitas, todos ellos miraron hacia el desierto, y la gloria del Señor se apareció en una nube. y el Señor se dirigió a Moisés y le dijo: –He oído murmurar a los israelitas. Habla con ellos y diles: ‹Al atardecer, ustedes comerán carne, y por la mañana comerán pan hasta quedar satisfechos. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios. Aquella misma tarde vinieron codornices, las cuales llenaron el campamento, y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Después que el rocío se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie del desierto. Como los israelitas no sabían lo que era, al verlo se decían unos a otros: «¿Y esto qué es?» y Moisés les dijo: –Este es el pan que el Señor les da como alimento. y esta es la orden que ha dado el Señor: Recoja cada uno de ustedes lo que necesite para comer y , según el número de personas que haya en su casa, tome más o menos dos litros por persona. Los israelitas lo hicieron así. Unos recogieron más, otros menos, según la medida acordada; y ni le sobró al que había recogido mucho, ni le faltó al que había recogido poco. Cada uno había recogido la cantidad que necesitaba para comer. Luego Moisés les dijo: –Nadie debe dejar nada para el día siguiente. Sin embargo, algunos de ellos no hicieron caso a Moisés y dejaron algo para el otro día; pero lo que guardaron se llenó de gusanos y apestaba. Entonces Moisés se enojó con ellos. Cada uno recogía por las mañanas lo que necesitaba para comer, pues el calor del sol lo derretía. (Éxodo 16:1-21). Los israelitas no tenían nada que comer en el desierto, y Dios les envió el maná, el pan del cielo; pero con una condición: tenían que recoger sólo lo suficiente para sus necesidades inmediatas. Si trataban de recoger demasiado, y almacenarlo, se les echaba a perder. Tenían que darse por satisfechos con tener lo suficiente para el día. Como decía un rabino: «La porción para el día-cada día, porque el Que creó el día creó el sustento para el día.» Y otro rabino decía: «El que posee lo que puede comer hoy, y dice: «¿Qué voy a comer mañana?,» es un hombre de poca fe.» Esta petición nos habla de vivir al día. Nos prohíbe la angustiosa preocupación tan característica de la vida que no ha aprendido a confiar en Dios.

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