Jesús enseña a orar

(i) Se puede decir «hágase Tu voluntad» con un tono de resignación derrotada, no porque se quiere decir, sino porque se ha aceptado el hecho de que no se puede decir otra cosa; se puede decir porque se ha aceptado el hecho de que Dios es demasiado poderoso; y es inútil darnos de cabezazos contra las murallas del universo. Se puede decir pensando solamente en el poder ineludible de Dios, Que nos tiene en un puño.

Como decía `Umar Jayyám: Como con piezas de ajedrez Él juega en tablero de días y de noches moviéndolas, les da jaque y las mata y las mete en la caja sin reproches. No admite noes, ni ayes, ni preguntas; de un lado a otro mueve el Jugador, y cuando te derriba en el tablero, del resultado Él solo es sabedor. Una persona puede que acepte la voluntad de Dios por la sola razón de que se ha dado cuenta de que no puede hacer otra cosa.

(ii) Se puede decir «hágase Tu voluntad» con un tono de amargo resentimiento.

Swinbume hablaba de sentir el pisotón de los férreos pies de Dios, y del mal supremo: Dios. Beethoven estaba solo cuando murió; y se dice que cuando encontraron su cuerpo tenía los labios echados hacia atrás con una mueca de rabia y los puños cerrados como amenazando a Dios y al Cielo. Puede que uno considere a Dios su enemigo, pero un enemigo tan fuerte que es imposible resistirle. Por tanto, puede que se acepte la voluntad de Dios, pero con un resentimiento amargo y una rabia difícilmente contenida.

(iii) Se puede decir «hágase Tu voluntad» con perfecto amor y confianza. Se puede decir gozosa y voluntariamente, sea cual sea esa voluntad.

Debería ser fácil para un cristiano decir así «hágase Tu voluntad;» porque el cristiano puede estar absolutamente seguro de dos cosas acerca de Dios.

(a) Puede estar seguro de la sabiduría de Dios.

Algunas veces, cuando queremos edificar o alterar o reparar algo, se lo consultamos al técnico. Puede que haga algunas sugerencias, y muchas veces acabamos diciendo: «Bueno, pues hágalo como le parezca. Usted es el experto.» Dios es el experto en la vida, y Su dirección no nos descarriará nunca. Cuando mataron al reformista escocés Richard Cameron, le cortó la cabeza y las manos un cierto Murray y las llevó a Edimburgo. «Su padre estaba en la cárcel por la misma causa. El enemigo se las llevó para añadirle más dolor en su dura situación, y le preguntó si las conocía. Tomando la cabeza y las manos de su hijo que eran muy hermosas (de una complexión como la suya) las besó y dijo: ‹Las conozco, las conozco. Son las de mi hijo, mi querido hijo. Es el Señor. Buena es la voluntad del Señor, Que no puede hacernos daño ni a mí ni a los míos, sino que ha hecho que el bien y la misericordia nos sigan todos los días de nuestra vida.› » Cuando uno puede hablar así, cuando está totalmente seguro de que sus tiempos están en las manos de la infinita sabiduría de Dios es fácil decir: «Hágase Tu voluntad.»

(b) Puede estar seguro del amor de Dios.

Los cristianos no creemos en un dios caprichoso y burlón, ni en un fatalismo ciego y cruel. Thomas Hardy acaba su novela Tess con las sombrías palabras: «El Presidente de los Inmortales había terminado su juego divertido con Tess.» Pero nosotros creemos en un Dios Cuyo nombre es amor. Como dice el himno de Juan Bautista Cabrera: Cual bálsamo que mitiga – tenaz y acerbo dolor es para el alma angustiada – saber que Dios es amor. Venero que proporciona – riquezas de gran valor es para el alma salvada – sentir que Dios es amor. Y como decía Pablo: «El Que no nos escatimó ni aun a Su propio Hijo, sino que Le entregó por todos nosotros, ¿no nos dará también con El todas las cosas?» (Romanos 8:32). No se puede mirar a la Cruz y seguir dudando del amor de Dios; y cuando se está seguro del amor de Dios, es fácil decir: «Hágase Tu voluntad.»

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