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Jesús camina sobre el agua

Ambas interpretaciones son igualmente y validas; unos prefieren una, y otros la otra. Pero, sea cual sea la interpretación que escojamos del original, el sentido está perfectamente claro. Cuando los discípulos se encontraban en una necesidad perentoria, Jesús acudió en su ayuda. Cuando el viento les era contrario y la vida e una lucha a muerte, Jesús estaba allí para ayudarlos. Cuan d parecía que la situación era irremediable, Jesús estaba allí pare ayudar y para salvar.

En la vida tenemos que arrostrar a menudo vientos contra, ríos. A veces nos encontramos entre la espada y la pared, y la vida es una lucha desesperada con nosotros mismos, con las circunstancias, con las tentaciones, con el dolor y con largas decisiones. En tales casos, nadie tiene que pelear solo, porque Jesús acude a través de las tormentas de la vida con Su brazo; extendido para salvar, y con Su clara y tranquila voz animándonos a tener ánimo y a no tener miedo.

No importa demasiado cómo nos figuremos este incidente;. en cualquier caso, es mucho más que la historia de algo que Jesús hizo una vez en una tormenta de la lejana Palestina; es, una señal y un símbolo de lo que Él hace siempre por los Suyos cuando el viento nos es contrario y estamos en peligro de que nos traguen las tormentas de la vida.

Colapso y recuperación

No hay ningún otro pasaje del Nuevo Testamento en el que se nos revele el carácter de Pedro mejor que en este. Nos dice tres cosas acerca de él.

(i) Pedro era propenso a actuar por impulso sin pensar lo que hacía. Era su debilidad el actuar una y otra vez sin darse cuenta de la situación ni calcular el coste. Había de hacer exactamente lo mismo cuando hizo protestas de lealtad a Jesús a toda prueba y hasta la muerte (Mateo 26:33-35), negando al poco tiempo que Le conocía. Y sin embargo, hay pecados peores que ese, porque todo el problema de Pedro era que en él mandaba el corazón; y, aunque fallara a veces, siempre tenía el corazón en su sitio, y el instinto de su corazón era amar siempre.

(ii) Como Pedro actuaba por impulso, fallaba a menudo y luego se angustiaba. Jesús siempre insistía en que una persona tiene que considerar todos los contras en cada situación antes de actuar (Lucas 9:57s; Mateo 16:24s). Jesús era siempre completamente honesto con las personas: siempre las hacía comprender, antes de que iniciaran la andadura cristiana, lo difícil que era seguirle. Un montón de fracasos cristianos se deben a actuar en un momento de emoción sin contar el precio.

(iii) Pero Pedro nunca falló para no recuperarse, porque siempre, en el peor momento, se aferraba a Cristo. Lo maravilloso es que, cada vez que cayó, se levantó otra vez; y que tiene que haber sido verdad que hasta sus fracasos le acercaron más y más a Jesucristo. Como se ha dicho muy bien, un santo no es uno que no falla nunca, sino uno que se levanta y sigue adelante cada vez que cae. Los fracasos de Pedro sólo le hicieron amar más a Jesucristo.

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