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Jesús advierte sobre la tentación

¿Qué quiere decir esto? En el lenguaje corriente del Nuevo Testamento el fuego se relaciona con dos cosas.

(a) Se relaciona con la purificación. Es el fuego lo que purifica los metales bajos de ley; se les separan las aleaciones, y se deja el metal puro. Así que el fuego querrá decir cualquier cosa que purifica la vida: la disciplina, por la que una persona conquista su pecado; las experiencias de la vida, que purifican y fortalecen los nervios del alma. En este caso, esto querrá decir: «La vida que es aceptable a Dios es la que ha sido limpiada y purificada mediante la disciplina de la obediencia y de la aceptación de la dirección de Dios.»

(b) El fuego se relaciona con la destrucción. En este caso, este dicho tendría que ver con la persecución. Querrá decir que la vida que ha sufrido las pruebas y los peligros de la persecución es la que es aceptable a Dios. El que se ha enfrentado voluntariamente con el peligro de la destrucción de sus bienes y aun de su propia vida a causa de su lealtad a Jesucristo es el que Dios quiere.

Podríamos tomar este primer dicho de Jesús en el sentido de que la vida que se purifica mediante la disciplina, y que se ha enfrentado con el peligro de la persecución a causa de su lealtad es el sacrificio que es precioso para Dios.

(ii) La sal es buena; pero, si pierde su sabor, ¿cómo se le devolverá? Este es un dicho todavía más difícil de interpretar. No diríamos que no haya otras interpretaciones posibles, pero la que proponemos es la siguiente. La sal tiene dos virtudes características. La primera es que presta sabor a las cosas. Un huevo sin sal es una cosa insípida. Cualquiera sabe lo desagradables que son muchos platos cuando no se les ha echado la sal necesaria. Segundo, la sal fue el primero de todos los conservantes. Para evitar que una cosa se eche a perder, se le pone sal. Los griegos solían decir que la sal actuaba como una nueva alma en un cuerpo muerto. La carne muerta se echa a perder; pero sazonada con sal conserva su frescura. La sal parece que le infunde una especie de vida. La sal defiende de la corrupción.

Ahora bien, el cristiano es enviado a una sociedad pagana para hacer algo por ella. La sociedad pagana tenía dos características.

La primera, estaba aburrida y hastiada. Los mismos lujos y excesos del mundo antiguo eran una prueba de que en su agotamiento aburrido estaba buscando alguna emoción auténtica en una vida de la que habían desaparecido todas las emociones. A ese mundo aburrido y agotado vino el Cristianismo, y la tarea del cristiano era impartir un nuevo sabor y un nuevo encanto a la sociedad, como hace la sal cuando se usa con los alimentos.

Segundo, ese mundo antiguo estaba corrompido. Nadie lo sabía mejor que los mismos antiguos. Juvenal comparaba a Roma con una atarjea asquerosa. La pureza había desaparecido, y la castidad era desconocida. A aquel mundo corrompido llegó el Cristianismo, y la tarea del cristiano era aportar un antiséptico al veneno de la vida, una influencia limpiadora a toda esa corrupción. Exactamente lo mismo que la sal derrota la corrupción que ataca inevitablemente la carne muerta, así había de atacar el Cristianismo la corrupción del mundo.

Así que en este dicho Jesús le está presentando un desafío al cristiano. «El mundo -le decía- necesita el sabor y la pureza que solamente el cristiano puede aportar. Y si el mismo cristiano ha perdido el encanto y la pureza de la vida cristiana, ¿de dónde podrá sacar el mundo estas cosas?» A menos que el cristiano, por el poder de Cristo, derrote la fatiga y la corrupción del mundo, estas florecerán sin reservas.

(iii) Haya sal en vuestra vida para vivir en paz unos con otros. Aquí debemos tomar la sal en el sentido de pureza. Los antiguos declaraban que no había nada en el mundo más puro que la sal, porque esta procedía de las dos cosas más puras: el sol y el mar. La misma blancura resplandeciente de la sal era una señal de pureza. Así es que esto querría decir: «Haya en vuestra vida la influencia purificadora del Espíritu de Cristo; sed purificados del egoísmo y de la codicia, de la amargura y de la ira y del rencor; sed limpiados de la irritabilidad y del mal genio y del egocentrismo, y entonces, y solamente entonces, podréis vivir en paz con vuestros semejantes.» En otras palabras, Jesús está diciendo que es solamente la persona que ha sido limpiada del egoísmo y está llena de Cristo la que puede vivir en verdadera comunión con los demás.

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