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Jesús aclara las dudas de Juan

Jesús es el que divide la Historia. Por tanto, a todos los que vivimos después de su venida y le recibimos se nos ha concedido una bendición mayor que a los que vivieron antes. La entrada de Jesús en el mundo divide en dos el tiempo y toda la vida. Si alguno está en Cristo, es una nueva creación: Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo. (2 Corintios 5:17).

Como dijo el mártir cristiano Bilney: «Cuando leí que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, fue como si la oscuridad de la noche se hubiera convertido de pronto en luz del día.»

La perversidad de los hombres

Este pasaje contiene dos grandes advertencias.

(i) Nos expone los peligros del libre albedrío. Los escribas y los fariseos habían conseguido hacer fracasar el plan que Dios tenía para ellos.

La maravillosa verdad del Evangelio es que Dios no se impone por fuerza, sino que se ofrece por amor. Ahí es donde podemos vislumbrar el dolor de Dios. Siempre es la gran tragedia del amor el ver a una persona amada que ha escogido el mal camino, y ver lo que hubiera podido ser. Es el mayor dolor de la vida. Como ha dicho alguien: «De todas las palabras tristes que captan el ojo o el oído, las más tristes de todas son ‹pudiera haber sido›.»

La tragedia de Dios también es el «pudiera haber sido» de la vida. Como dice G. K. Chesterton: «Dios había escrito, no tanto un poema, como una comedia; una comedia que había concebido perfecta, pero que tuvo que dejar por necesidad a directores y actores humanos, que la han convertido en una tragedia.» Que Dios nos libre de hacer de la vida un naufragio y producirle dolor de corazón al usar nuestra libertad para frustrar sus propósitos.

(ii)Nos expone la perversidad humana. Juan había venido, viviendo con la austeridad de un ermitaño, y los escribas y los fariseos habían dicho que era un loco excéntrico, y que algún demonio le había sorbido el coco. Jesús había venido, viviendo la vida de la gente y participando de sus actividades, y se burlaban de Él diciendo que le gustaban demasiado los placeres terrenales.

Todos tenemos una idea de cómo se comportan los niños cuando todo les parece mal y nada les interesa. El corazón humano se puede perder en una perversidad tal que todas las llamadas de Dios le producirán un descontento pueril.

Pero hay unos pocos que responden; y «los hijos de la sabiduría» le dan la razón a la sabiduría de Dios. Los hombres pueden usar mal su libertad para frustrar los propósitos de Dios; o, en su perversidad, hacerse ciegos y sordos a todas sus llamadas.

Si Dios hubiera usado una fuerza coercitiva y encadenado al hombre a una voluntad a la que no pudiera resistirse, el mundo estaría poblado por autómatas, y tal vez todo estaría en perfecto orden; pero Dios escogió el peligroso camino del amor, y el amor acabará triunfando.

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