Jeremías 51: Juicios de Jehová contra Babilonia

Jeremías 51:1 Así dice el Señor: He aquí, levanto contra Babilonia y contra los habitantes de Leb Camay el espíritu de un destructor.

Jeremías 51:2 Y enviaré extranjeros a Babilonia que la aventarán y vaciarán su tierra; porque estarán contra ella por todos lados el día de su tribulación.

Los aventadores trabajaban para separar el trigo de la paja. Cuando aventaban la mezcla al aire, el viento hacía volar la paja carente de valor mientras que el trigo limpio caía a tierra. A Babilonia la arrasarían como el viento a la paja. (Véase donde Juan el Bautista menciona que Jesús separará la paja del trigo.) [private]

Jeremías 51:3 Que no entese el entesador su arco, ni se levante con su coraza; no perdonéis a sus jóvenes; entregad a la destrucción todo su ejército.

Jeremías 51:4 Caerán muertos en la tierra de los caldeos, y traspasados en sus calles.

Jeremías 51:5 Porque no ha sido abandonado Israel ni Judá por su Dios, el Señor de los ejércitos, aunque su tierra está llena de culpa delante del Santo de Israel.

Jeremías 51:6 Huid de en medio de Babilonia, y salve cada uno su vida. No perezcáis por su culpa, pues este es el tiempo de la venganza del Señor; El le dará su pago.

Jeremías 51:7 Copa de oro ha sido Babilonia en la mano del Señor, que embriagaba toda la tierra. De su vino bebieron las naciones; se enloquecieron, por tanto, las naciones.

Jeremías 51:8 De repente cae Babilonia y se hace pedazos. Gemid por ella, traed bálsamo para su dolor; quizá se cure.

Jeremías 51:9 Quisimos curar a Babilonia, pero no ha sanado; dejadla, y vayamos cada cual a su tierra, porque ha llegado al cielo su juicio, se ha elevado hasta las nubes.

Jeremías 51:10 El Señor ha sacado a la luz nuestra justicia; venid y contemos en Sion la obra del Señor nuestro Dios.

Jeremías 51:11 Afilad las flechas, llenad las aljabas; el Señor ha despertado el espíritu de los reyes de Media, porque su plan contra Babilonia es destruirla; porque esta es la venganza del Señor, la venganza de su templo.

Ciro, rey de Persia, se alió a Babilonia para derrotar a Nínive (capital del Imperio Asirio) en el año 612 a.C. Luego los medos se unieron a Persia para derrotar a Babilonia (539 a.C.).

Jeremías 51:12 Levantad bandera contra los muros de Babilonia; reforzad la guardia, apostad centinelas, preparad emboscadas; porque el Señor ha decidido, y también ejecutará lo que habló acerca de los habitantes de Babilonia.

Jeremías 51:13 Oh, tú, que moras junto a muchas aguas, rica en tesoros, ha llegado tu fin, el término de tu codicia.

Jeremías 51:14 El Señor de los ejércitos ha jurado por sí mismo: Ciertamente te llenaré de hombres como langostas, y entonarán contra ti gritos de victoria.

Jeremías 51:15 El es el que hizo la tierra con su poder, el que estableció el mundo con su sabiduría, y con su inteligencia extendió los cielos.

Repite con poca variación 10.12-16. El nombre «Israel» no aparece en el texto hebreo del versículo 19. mundo, tebel: La tierra fértil; el globo, el planeta, la tierra seca; la sustancia material de la tierra. También se refiere al mundo entero, es decir, a sus habitantes. Tebel aparece 36 veces. Dios formó o estableció el mundo. La palabra designa primordialmente la tierra en general o el mundo habitado. La raíz de tebel es yabal, que significa: «traer», lo cual podría implicar terreno productivo.

Jeremías 51:16 Cuando emite su voz, hay tumulto de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde los confines de la tierra. El produce los relámpagos para la lluvia, y saca el viento de sus depósitos.

Jeremías 51:17 Toda la humanidad es necia, falta de conocimiento; se avergüenza todo orfebre de sus ídolos, porque sus imágenes fundidas son engaño, y no hay aliento en ellas.

Jeremías 51:18 Vanidad son, obra ridícula; en el tiempo de su castigo perecerán.

Jeremías 51:19 No es como estas cosas la porción de Jacob; porque El es el Hacedor de todo, y de la tribu de su heredad; el Señor de los ejércitos es su nombre.

Es muy tonto confiar en imágenes hechas por el hombre en lugar de Dios. Es muy fácil pensar que objetos que vemos y tocamos nos darán más seguridad que Dios. Pero los objetos se oxidan, pudren y corrompen. Dios es eterno. ¿Por qué depositar su confianza en algo que desaparecerá dentro de unos pocos años?

Jeremías 51:20 El dice: Eres mi maza, mi arma de guerra; contigo destrozaré naciones, contigo destruiré reinos,

Jeremías utiliza la reiteración como un recurso literario. Se describe a Babilonia como un martillo, un instrumento utilizado por Dios para ejecutar su juicio.

Jeremías 51:21 contigo destrozaré el caballo y a su jinete, contigo destrozaré al carro y al que lo conduce,

Jeremías 51:22 contigo destrozaré al hombre y a la mujer, contigo destrozaré al viejo y al joven, contigo destrozaré al mancebo y a la virgen,

Jeremías 51:23 contigo destrozaré al pastor y su rebaño, contigo destrozaré al labrador y su yunta y contigo destrozaré a los gobernadores y a los magistrados.

Jeremías 51:24 Y pagaré a Babilonia y a todos los habitantes de Caldea todo el mal que han hecho en Sion delante de vuestros ojos–declara el Señor.

Aunque Babilonia sirvió de instrumento en las manos de Dios, caerá como le sucedió a Asiria, a causa de su arrogancia.

Jeremías 51:25 He aquí, yo estoy contra ti, monte destructor, que destruyes toda la tierra–declara el Señor. Extenderé mi mano contra ti, te haré rodar desde las peñas y te reduciré a monte quemado.

Jeremías 51:26 Y no tomarán de ti piedra angular, ni piedra para cimientos, pues desolación eterna serás–declara el Señor.

Jeremías 51:27 Levantad señal en la tierra, tocad trompeta entre las naciones. Reunid las naciones contra ella, convocad contra ella los reinos de Ararat, Mini y Asquenaz; nombrad contra ella capitán, haced subir caballos como langostas erizadas.

Tercer reclamo contra Babilonia

Jeremías 51:28 Reunid a las naciones contra ella, a los reyes de Media, a sus gobernadores, a todos sus magistrados y a toda la tierra de su dominio.

Jeremías 51:29 La tierra tiembla y se retuerce, porque se cumplen los designios del Señor contra Babilonia de hacer de la tierra de Babilonia una desolación, sin habitantes.

Jeremías 51:30 Han dejado de luchar los valientes de Babilonia, permanecen en las fortalezas; se han agotado sus fuerzas, se han vuelto como mujeres; han sido incendiadas sus moradas, rotos están sus cerrojos.

Jeremías 51:31 Un correo corre al encuentro de otro y un mensajero al encuentro de otro, para decirle al rey de Babilonia que su ciudad ha sido tomada de un extremo al otro;

Jeremías 51:32 también los vados han sido ocupados, y quemados a fuego los juncos, y los guerreros están aterrados.

Jeremías 51:33 Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: La hija de Babilonia es como una era al tiempo de ser hollada; dentro de poco, le llegará el tiempo de la siega.

El grano se trillaba en una era, adonde traían las gavillas del campo. Las espigas se distribuían por el suelo, una enorme sección de tierra dura nivelada. Allí se aplastaba el grano para separar las semillas de los tallos. Para desgranarlo, se golpeaba el grano con una herramienta de madera. Algunas veces el grano se aplastaba con una tabla de madera usada para liberar las semillas. Babilonia pronto la iban a trillar cuando Dios ejerciera su juicio por sus pecados.

Jeremías 51:34 Me ha devorado y aplastado Nabucodonosor, rey de Babilonia, me ha dejado como vaso vacío, me ha tragado como un monstruo, ha llenado su estómago de mis delicias, me ha expulsado.

La liberación de Jerusalén será milagrosa, pero cuando Babilonia sea destruida se convertirá en montones de ruinas, morada de chacales, en espanto y burla

Jeremías 51:35 Caiga sobre Babilonia la violencia hecha a mí y a mi carne –dirá la moradora de Sion. Caiga mi sangre sobre los habitantes de Caldea –dirá Jerusalén.

Jeremías 51:36 Por tanto, así dice el Señor: He aquí, yo defenderé tu causa, y ejecutaré tu venganza; secaré su mar y haré que se sequen sus manantiales.

Este versículo quizás trata de un hecho realizado por Ciro, quien tomó Babilonia por sorpresa al desviar el río y caminar sobre su lecho seco. Lo más probable es que diga que a Babilonia la privarían del agua que da vida. A diferencia de Jerusalén, Babilonia no iba a ser restaurada.

Jeremías 51:37 Y Babilonia se convertirá en escombros, en guarida de chacales, en objeto de horror y de burla, sin habitantes.

Jeremías 51:38 A una como leones rugirán, gruñirán como cachorros de león.

Jeremías 51:39 Cuando entren en calor, les serviré su banquete y los embriagaré, para que se diviertan, duerman un sueño eterno y no despierten–declara el Señor.

Jeremías 51:40 Los haré bajar como corderos al matadero, como carneros y machos cabríos.

Jeremías 51:41 ¡Cómo ha sido tomada Sesac, y arrebatada la gloria de toda la tierra! ¡Cómo se ha convertido Babilonia en objeto de horror entre las naciones!

Jeremías 51:42 El mar ha subido sobre Babilonia; con la multitud de sus olas ha sido cubierta.

Jeremías 51:43 Sus ciudades se han convertido en desolación, en sequedal y yermo; una tierra en la cual nadie habita, y por la cual ningún hijo de hombre pasa.

Jeremías 51:44 Y castigaré a Bel en Babilonia, sacaré de su boca lo que se ha tragado, y no afluirán más a él las naciones. Aun la muralla de Babilonia caerá.

Juzgaré a Bel : La derrota de Babilonia será también una derrota de su Dios. Dios sacará de su boca lo que se ha tragado , esto es, a los pueblos cautivos, los ídolos y las imágenes, y el botín capturado en las tierras conquistadas. Bel es uno de los nombres de Merodac, el Dios principal de la ciudad de Babilonia.

Jeremías 51:45 Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salve cada uno su vida del ardor de la ira del Señor.

Jeremías 51:46 Y que no desmaye vuestro corazón, ni temáis al rumor que se oirá en la tierra; porque el rumor vendrá un año, y después otro rumor en otro año, y habrá violencia en la tierra con gobernante contra gobernante.

Jeremías 51:47 Por tanto, he aquí, vienen días en que castigaré a los ídolos de Babilonia; será avergonzada toda su tierra, y todos sus muertos caerán en medio de ella.

Jeremías 51:48 Entonces gritarán de gozo sobre Babilonia el cielo y la tierra y todo lo que en ellos hay, porque del norte vendrán a ella destructores –declara el Señor.

Jeremías 51:49 Ciertamente caerá Babilonia por los muertos de Israel, como también por Babilonia han caído los muertos de toda la tierra.

Jeremías 51:50 Los que escapasteis de la espada, partid, no os detengáis; acordaos desde lejos del Señor, y venga Jerusalén a vuestra memoria.

Jeremías 51:51 Estamos avergonzados porque hemos oído la afrenta; la ignominia ha cubierto nuestros rostros, porque extranjeros han entrado en los santuarios de la casa del Señor.

La culpabilidad de su pasado paralizó al pueblo. Los ejércitos babilónicos profanaron el templo y el pueblo sentía vergüenza de regresar a Jerusalén. Sin embargo, Dios les dijo que volvieran a la ciudad, ya que destruiría Babilonia por sus pecados.

Jeremías 51:52 Por tanto, he aquí, vienen días–declara el Señor– en que castigaré a sus ídolos, y por toda su tierra gemirán los heridos de muerte.

Jeremías 51:53 Aunque Babilonia ascienda a los cielos, y aunque fortifique en lo alto su baluarte, de mi parte llegarán destructores a ella–declara el Señor.

Jeremías 51:54 ¡Clamor de gritos desde Babilonia, y de gran destrucción de la tierra de los caldeos!

Jeremías 51:55 Porque el Señor destruirá a Babilonia, y hará desaparecer de ella su gran bullicio. Bramarán sus olas como muchas aguas; resonará el estruendo de sus voces.

Jeremías 51:56 Porque viene contra ella, contra Babilonia, el destructor, sus valientes serán apresados, quebrados están sus arcos; porque Dios de retribuciones es el Señor, ciertamente dará la paga.

Jeremías 51:57 Yo embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus gobernantes, a sus magistrados y a sus valientes, y dormirán un sueño eterno y no despertarán –declara el Rey cuyo nombre es el Señor de los ejércitos.

Jeremías 51:58 Así dice el Señor de los ejércitos: La ancha muralla de Babilonia será totalmente arrasada, y sus altas puertas quemadas; los pueblos habrán trabajado en vano, y las naciones sólo para el fuego se habrán fatigado.

Jeremías 51:59 Mensaje que el profeta Jeremías mandó a Seraías, hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando fue con Sedequías, rey de Judá, a Babilonia en el año cuarto de su reinado. (Seraías era jefe de abastecimientos.)

Jeremías no pudo visitar Babilonia, así que envió el mensaje con Seraías, un oficial que velaba por el bienestar del ejército. Quizás Seraías era hermano de Baruc

Una conclusión en prosa para cerrar el libro, y en especial la profecía acerca de Babilonia . Seraías , el hermano de Baruc, debía llevar el mensaje escrito contra Babilonia a esa ciudad, leerlo, amarrarlo a una piedra y lanzarlo al río éufrates. La ciudad de Babilonia se hundiría al igual que el libro.

Jeremías 51:60 Escribió, pues, Jeremías en un solo rollo toda la calamidad que había de venir sobre Babilonia, es decir, todas estas palabras que han sido escritas acerca de Babilonia.

Jeremías 51:61 Y Jeremías dijo a Seraías: Tan pronto llegues a Babilonia, lee en voz alta todas estas palabras,

Jeremías 51:62 y di: «Oh Señor, tú has hablado acerca de este lugar, de destruirlo hasta que no quede morador en ella, ya sea hombre o animal, sino que desolación eterna será.»

Jeremías 51:63 Y tan pronto termines de leer este rollo, le atarás una piedra y lo arrojarás en medio del Eufrates,

Jeremías 51:64 y dirás: «Así se hundirá Babilonia y no se levantará más, por la calamidad que traeré sobre ella; extenuados sucumbirán .» Hasta aquí las palabras de Jeremías.

En este último mensaje de Jeremías, volvemos a encontrar los temas gemelos de la soberanía y el juicio de Dios. A Babilonia se le permitió oprimir al pueblo de Israel, pero ahora se juzgaría a la misma Babilonia. A pesar de que Dios saca cosas buenas del mal, no permite que el mal quede impune. Los malvados quizás tengan éxito por un tiempo, pero resista la tentación de seguirlos o a usted lo juzgaran con ellos.

Oráculo contra Babilonia.

Sigue la serie de profecías contra Babilonia. El estilo es muy similar al del capítulo anterior: exhortación al ataque contra la nación opresora. Yahvé la castiga por su insolencia y, sobre todo, por haber oprimido desmesuradamente al pueblo de Yahvé, Israel. La descripción de la toma de la ciudad es impresionante y dramática, siempre según el cuadro tradicional de las invasiones, sin que se requiera que sus detalles se hayan cumplido literalmente, por esa falta de perspectiva histórica que es común a los profetas, los cuales conocen sustancialmente el hecho futuro; pero, respecto a sus circunstancias, muchas veces se expresan conforme a su mentalidad e imaginación.

Exhortación a los conquistadores para combatir a Babilonia

Yahvé interviene con sus ejércitos vengadores para castigar a Babilonia la pecadora. Leb-Qamay es una cifra cabalística según el procedimiento de atbash, y equivale a Caldea, según lee el texto griego.

Yahvé va a enviar un espíritu exterminador contra Babilonia; es el genio conquistador de Ciro, que va a acabar con la arrogancia del imperio mesopotámico. Sus tropas actuarán como bieldadores, que harán dispersar a los habitantes de la gran metrópoli Yahvé mismo exhorta a los atacantes a estar prestos para la lucha: no deje el arquero su arco de la mano ni desciña su malla. No deben, pues, darse por contentos con la primera victoria, sino que deben continuar el ataque hasta exterminar al enemigo. La hecatombe será general. Y el pensamiento del profeta se vuelve, en medio de la lucha, a Israel, objeto de las predilecciones de Yahvé. La cautividad pudo dar a entender que Israel y Judá habían sido abandonados totalmente por su Dios, como viudas que se han quedado sin marido; pero no es así: No son ya Israel ni Judá viudas de su Dios. Yahvé había escogido al pueblo elegido como esposa de su juventud, y seguía amándolo; por eso nunca podrá abandonarlo totalmente. La frase su tierra está llena de crímenes ante el Santo de Israel hay que entenderla, por exigencias del contexto, como aplicada a Babilonia. Está, pues, fuera de lugar y hay que ponerla antes del versículo 5a.

Después de afirmar que Yahvé no ha abandonado a Israel y a Judá en el momento de la ruina de Babilonia, invita a todos los exilados, principalmente a los israelitas, a salir de la ciudad para que salven su vida. La iniquidad de la nación caldea ha sido colmada, y ha llegado la hora de las reivindicaciones divinas. Babel ha sido un instrumento de la justicia divina, haciendo las veces de una copa de oro que ha de pasar de labio en labio de las otras naciones a las que había que castigar. Esa copa de oro en manos de Yahvé está rebosante de la cólera divina sobre los pueblos. En 25:135, Yahvé la hace beber a todas las naciones para que se embriaguen de la ira divina: Babilonia, invadiendo y arrasando las naciones, es entonces el instrumento de su justicia. Pero ha llegado la hora a ella, que fue copa de oro en manos de Yahvé para embriagar a los otros pueblos. Se ha extralimitado en su oficio de castigar a las otras naciones, y por eso no puede quedar impune en su iniquidad: Sirvió para embriagar a toda la tierra, pero de repente Babel ha caído y ha sido rota. Babilonia ha caído de su estado de magnificencia (copa de oro) a un estado total de postración.

El profeta invita irónicamente a que se le ponga un remedio a la situación ruinosa, al mismo tiempo que entona un canto fúnebre: gemid por ella, id en busca de balsamo para su herida. Los que asisten a la catástrofe no pueden creer en la ruina definitiva de la gran nación, y buscan un remedio desesperado, respondiendo a la invitación del profeta; pero han constatado que no hay solución: Hemos querido curar a Babilonia, pero no se ha curado. Todos los que estaban interesados en la prosperidad de la gran metrópoli (mercenarios, comerciantes, aliados, etc.) buscan dar una prolongación de vida a la situación, pero, en vista de que nada pueden hacer, deciden marcharse cada uno a su país para salvar su vida: dejémosla, vamonos cada uno a nuestra tierra. Y en la ruina reconocen un castigo divino: sube su maldad hasta los cielos. La frase es hiperbólica, muy en consonancia con las arrogancias de estilo en los protocolos reales babilonios, según consta por las inscripciones halladas. En Isaias 14:13 se pone en boca del rey de Babilonia esta frase pretenciosa: subiré hasta el cielo; frase análoga a la de los constructores de la famosa torre de Babel: hagamos una torre que llegue hasta el cielo.

En esta ruina de la nación opresora reconocen los israelitas la mano justiciera de su Dios: Yahvé ha hecho justicia a nuestra causa. Israel había sido culpable ante su Dios, pero Babilonia se había excedido en el castigo, oprimiéndolo excesivamente, destruyendo su santuario y pretendiendo prolongar indebidamente el tiempo de la cautividad. Pero, al castigar Yahvé a Babilonia, ha hecho justicia a la causa de su pueblo. Por eso de las gargantas de los libertados sale un canto de alabanza a su Dios: Anunciemos en Sión la obra de Yahvé, que los ha salvado, manifestando así la fidelidad a sus promesas.

La ruina inminente de Babilonia

El profeta supone al ejército persa invasor ya a las puertas de la ciudad maldita, y da militarmente órdenes entrecortadas para el avance: afilad las saetas., alzad las banderas, reforzad la guardia. Es Yahvé quien dirige el ataque, encomendado a los reyes de Media, es decir, al conglomerado de tropas mandadas por Ciro, que era rey de Persia y de Media después de haber vencido a Astiages, rey de esta última. Los planes destructores de Yahvé se cumplirán inexorablemente: hará como lo pensó. Es la venganza de su templo, es decir, la hora de pedir cuentas por la profanación del templo de Jerusalén. De nada le vale a Babilonia su opulencia y su posición estratégica, situada a los dos lados del Eufrates, rodeada de numerosos canales: junto a aguas abundantes, y, por otra parte, rica de tesoros, amontonados con su próspero comercio y sus depredaciones sobre los otros pueblos vencidos.

Pero, a pesar de todas sus riquezas, ha llegado su fin, porque así lo ha decretado Yahvé, dueño de los destinos de los pueblos. El decreto de destrucción de la ciudad es inexorable, ya que por sí mismo lo juró Yahvé (v.14) 13. El ejército invasor será incalculable: te inundaré de hombres como de langostas.

Los versículos 15-19 son idénticos a 10:12-16. Parecen romper con la ilación lógica del contexto, y, por tanto, podemos considerar el fragmento como adición posterior de un redactor, que ha creído cantar el poder de Yahvé como justificante de su dominio sobre Babilonia.

Los versículos 20-23 constituyen el llamado “himno del martillo,” como 50:355 constituían el “himno de la espada.” Parece que está aplicado a Babilonia, que ha sido instrumento de Yahvé en el castigo sobre los otros pueblos: tú fuiste mi martillo y maza de guerra. En el versículo 7 se compara a Babilonia a una copa de oro en manos de Yahvé, llena de la cólera divina para embriagar a las naciones. Ahora se la compara a un martillo en manos de Yahvé sembrando la destrucción por los pueblos. Babilonia ha abusado de su poder sobre los pueblos, sembrando la guerra por doquier contra todas las clases sociales: guerreros, mujeres, pastores, labradores, gobernantes, etc.. Y entre los oprimidos está sobre todo el pueblo israelita. Pero ahora ha llegado la hora para el martillo. Babilonia va a sentir el peso de la ira divina. Se la compara a una montaña de destrucción, o destructora, por la masa imponente de su poder aplastante frente a todas las naciones. Está como en la cima de la montaña de su poder, pero Yahvé extenderá su mano y la hará rodar desde lo alto de las rocas. En este segundo símil se la presenta como un castillo roquero que es destruido y echado a rodar con sus materiales dispersos por la montaña abajo. Los profetas superponen a menudo imágenes rompiendo la ilación lógica estricta. Se convertirá en horno encendido, en cuanto que sus piedras serán calcinadas como en un horno, en tal forma que no se podrán utilizar para la edificación, ni como piedra angular ni como piedra de cimiento para reconstruir de nuevo Babilonia. Será una perpetua ruina, la desolación total.

Caldea, entregada a sangre y fuego

Yahvé invita a levantar una bandera para congregar a las naciones al ataque. La guerra tiene en este caso un sentido sagrado, el de salir en defensa de la justicia de Yahvé; por eso los combatientes conquistadores son considerados corno “consagrados” para la guerra: santificad (para la guerra) contra ella las gentes. Es la hora de la rehabilitación de la justicia divina. Las naciones o gentes llamadas a la cruzada de Yahvé son el conglomerado de pueblos del norte que formaban parte del imperio medo, y entre ellos Ararat o Armenia, Minni y Askenaz, también regiones de esta parte de Armenia. Con su caballería deben presentarse como langostas hirsutas, es decir, con aspecto aterrador. La caballería de guerra es de importación indoeuropea (medopersa), y era el terror de los pueblos del Oriente Medio. Al frente de ella viene el rey de Media, designación genérica de los pueblos medo-persas, bajo la dirección de Ciro el Conquistador.

Ante ese espectáculo terrorífico de la caballería persa, los guerreros babilonios se repliegan y no quieren dar batalla en campo abierto, encerrándose en las fortalezas. De todas partes llegan los correos con las infaustas noticias: la ciudad ha sido tomada del uno al otro extremo. La descripción de los mensajeros al rey es patética: los vados, ocupados; las defensas, ardiendo, y los hombres de guerra, abatidos. La situación, pues, es totalmente desesperada 22. Babilonia es como una era al tiempo de apisonarla; bien pronto llegará el tiempo de la recolección versículo 33), e.d., está preparada cuidadosamente para el castigo, que es la recolección merecida. Cuando la era está ya limpia, apisonada y preparada, es que la recolección se acerca. Así, Babilonia, ya cercada por las tropas persas, está dispuesta para ser tomada, recibiendo así su merecido, la recolección de tanta iniquidad obrada impunemente hasta entonces.

El profeta, ante el castigo de Babilonia, piensa de nuevo en la tragedia de su pueblo a manos de la opresora Babilonia: Nabucodonosor me devoró, me trituró.. La Ciudad Santa fue expoliada, saqueada y vaciada de todo su valor: me dejó como vasija vacía. Todo fue a engrosar los tesoros de la implacable nación invasora: llenó su vientre de mis bocados mas suculentos. La vida de la nación desapareció, y las fuerzas vivas del país fueron llevadas en cautividad. Por eso, los habitantes cíe Jerusalén dicen amargados y con deseos de revancha: sean sobre Babel mi violencia, mis carnes, mi sangre. Han sufrido tanto, que no pueden menos de desear el castigo de la nación opresora. Yahvé recoge estos desahogos de su pueblo y garantiza con su palabra que pedirá cuenta al opresor de sus violencias: secaré su mar.; alusión a la destrucción de la canalización del Eufrates y de sus afluentes artificiales, fuente de la riqueza de Mesopotamia. Con ello todo será un montón de ruinas.

Pero los moradores de Babilonia no conocen la proximidad de la tragedia y se entregan a gozar de sus riquezas y expoliaciones: rugen como leones. Su inconsciencia será trágica, ya que, calentados por el vino en los festines, no les hará ver la gravedad de la situación: en su fiebre, yo les prepararé la bebida, los embriagaré para que se adormilen. El mejor comentario de esto es lo que nos narra el libro de Daniel sobre la cena de Baltasar. El mismo Herodoto se hace eco de una tradición según la cual, cuando los persas entraron en Babilonia, los magnates de ésta estaban entregados al desenfreno en continuos convites. Yahvé los va a hacer dormir el sueño eterno, del que no despertaran, pues la muerte está próxima, porque así lo ha decidido Yahvé: Yo los llevaré al degüello como corderos. La frase es impresionante, pero es la que mejor refleja la suerte trágica de la gran metrópoli mesopotámica.

Elegía sobre Babilonia

El canto elegiaco comienza con el característico ¿Cómo ha sido. ? El profeta asiste en espíritu a la realización de la ruina de Babilonia, llamada con el nombre cabalístico de Sheshak según el procedimiento del atbash, que hemos visto en 25:26. Babilonia era considerada como la gloria de toda la tierra por su magnificencia y riquezas, lo que constituía la admiración de todos los pueblos. Pero de pronto se ha convertido, por la derrota, en objeto de horror entre las naciones. El ejército enemigo ha caído sobre Babilonia como el mar, sumergiéndola bajo el cúmulo de sus olas. No quedará más que desolación y ruinas. Y todo ha sido efecto de la ira divina, que se ha ensañado con Bel, la principal divinidad babilónica: Bel-Marduk. Aquí el Dios simboliza la ciudad, ya que, en la mentalidad antigua, el Dios seguía la suerte de su nación. La desolación será total, y ya no concurrirán más a él las gentes. Babilonia era el centro de convergencia de millares de comerciantes que iban con sus mercancías a la gran metrópoli. Todo esto desaparecerá, y las mismas murallas de Babel, orgullo de los babilonios, caerán. De nuevo ante la inminencia de la catástrofe, el profeta piensa en la salvación de Israel exilado: sal de ella, pueblo mió; salve cada uno su vida. La expresión pueblo mió tiene un aire de ternura muy característico del espíritu afectuoso del profeta de Anatot. Para él, su vida ha estado siempre vinculada a la tragedia de su pueblo, y ahora piensa en su liberación ante el furor de la cólera de Yahvé; Israel ha sufrido ya demasiado y no debe exponerse a nuevos peligros.

La destrucción total de Babilonia

Elversículo 46 está en prosa y tiene el aire de nota redaccional posterior. El autor parece querer salir al paso de rumores de disturbios que pudieran intranquilizar a la comunidad israelita exilada. Muchos autores creen ver en este verso una alusión a los disturbios que precedieron a la caída de Babilonia. Entre los años 550-540, Ciro fue apoderándose poco a poco de las provincias medo-persas, y se extendía hacia el imperio babilónico. Este, gastado, había entrado en una época de clara descomposición: el rey Nabónides había sido confinado al oasis de Tema, en el desierto siró-arábigo, gobernando el reino su inepto hijo Baltasar. La región de Gutium se había emancipado de los babilonios. Por todas partes había brotes de rebeldía. Quizá en este ambiente de inseguridad hay que entender las palabras confortadoras que invitan a la confianza en Yahvé, defensor de los intereses de su pueblo.

La hora del castigo de Yahvé se acerca: caerán los ídolos y vendrá la matanza general. Todos los pueblos, cielos y tierra (expresión hiperbólica) se alegraran por la caída de Babilonia. El vengador viene del norte: es el ejército medo-persa. La sangre de los muertos de Israel está clamando venganza contra Babilonia, y lo mismo reclaman los muertos de toda la tierra. La suerte de la nación opresora es inexorable. Sufrirá la suerte de las naciones antes expoliadas y oprimidas. Como en secciones anteriores, el profeta, a la hora de la catástrofe, piensa en sus conciudadanos y los invita a salir para que no caigan con los babilonios: Partid, no os detengáis. Por otra parte, el profeta quiere evitar que los israelitas, que se habían creado una vida próspera en Babilonia, se queden allí. Les exhorta por ello a acordarse desde lejos (Babilonia) de Yahvé, pensando siempre en Jerusalén, su única y verdadera patria. Los israelitas responden a la invitación del profeta con la mejor disposición. La tragedia de la madre patria la llevan muy en el corazón, y sienten un íntimo bochorno por lo acaecido a su país: Estamos llenos de vergüenza., pues entraron extranjeros en el santuario de Yahvé. La profanación del templo de Jerusalén es la mayor humillación para los deportados de Babilonia. Precisamente por este ultraje al pueblo santo y a su santuario va a intervenir la justicia divina: yo visitaré a sus ídolos. De nada servirán los baluartes inaccesibles para salvar a Babilonia, pues está la mano omnipotente de Yahvé, que hace venir a devastadores para cumplir sus designios punitivos.
El efecto de la intervención divina no se deja esperar: óyense alaridos en Babel.. Es el griterío de los vencidos y heridos. El estado caótico de la ciudad es como el mar alborotado, cuyas olas braman como aguas desbordadas. Ha llegado la hora del castigo, porque Yahvé es Dios de retribuciones. Por encima de todo brillan sus atributos de justicia y de santidad. Sobre todo serán castigadas las clases directoras, responsables de las injustas opresiones de Babilonia: Emborracharé a sus grandes.. La muerte será su pago: dormirán un sueño eterno. Y como garantía del cumplimiento de esto está Dios, que tiene por nombre Yahvé de los ejércitos. Su omnipotencia, como Señor de los cielos y de la naturaleza y como Señor de las batallas, vencerá todos los obstáculos, y de nada servirán a Babilonia sus orgullosas defensas amuralladas: la ancha muralla de Babel sera arrasada. Las murallas de Babilonia, con sus puertas de bronce y sus altas torres, eran la maravilla de la antigüedad. Las excavaciones recientes han probado que las cifras de las dimensiones de las mismas no son tan exageradas como parecían. Babilonia estaba rodeada por una muralla doble de 18 kilómetros de largo en tiempos de Nabucodonosor. Tenía dos muros: uno externo, de ocho metros de ancho, y otro interno, de la misma anchura. Entre ambos, un espacio de 26 metros de ancho, y por fuera un foso de agua. Además, innumerables torres, entre las que destacaba la llamada de Istar, de 12 metros de altura. La obra era colosal, y parecía que la ciudad era inexpugnable; pero, llegada la hora de Dios, de nada sirvió el trabajo invertido en construirla. Durante generaciones, millones de esclavos habían trabajado en la erección de esta obra gigantesca: trabajaron en vano los pueblos. Pero han trabajado para el fuego. Todo será pasto de las llamas. Como hemos dicho varias veces, no fue necesaria una lucha excepcional para que los soldados de Ciro entraran en la gran metrópoli, pues las disensiones internas habían facilitado la entrada. Por otra parte, Ciro no destruyó la ciudad. Más tarde, Darío daría cumplimiento a la profecía; hoy día sólo quedan inmensas masas informes de paredes de ladrillo, que nos dan una idea de la granDiosidad de las fortificaciones de la época del esplendor del imperio babilónico.

Profecía, acompañada de una acción simbólica, contra Babilonia

Esta sección está fuera de contexto, y su lugar natural sería después de los c.27-28. Según el versículo 59, esta profecía fue redactada en el año cuarto del reinado de Sedecías, es decir, en 594 a.C. Por lo que aquí se refiere, el rey Sedecías se fue personalmente a Babilonia a rendir pleitesía a Nabucodonosor para evitar que éste desconfiara de Judá. En realidad, el rey judío estaba tramando una alianza contra Babilonia, basándose en Egipto. Le acompañaba Saraya, que debía de ser pariente de Baruc, el secretario de Jeremías. Esto facilitó la transmisión del mensaje del profeta a los deportados del 598. Por orden suya, Saraya debía anunciar después la ruina de Babilonia, echando al río el mensaje en una acción simbólica, para indicar la ruina de la metrópoli mesopotámica. Es interesante notar que Jeremías en aquellos años en que predicaba la sumisión al coloso babilónico, porque Yahvé había decidido entregar la tierra de Judá a Nabucodonosor, enviase al mismo tiempo una profecía sobre la futura destrucción de Babilonia. Era consecuente en ello, ya que sabía que, si bien Babilonia era el instrumento de la justicia divina para castigar a Judá por sus pecados, sería ella a su vez castigada por Yahvé a causa de sus iniquidades y de su desobediencia. Siempre los profetas se mueven en el campo de la teología de la historia, persuadidos de que Yahvé dirige los hilos de los hechos humanos y que al fin impondrá sus designios.

No se da el contenido de la profecía de Jeremías al detalle, sino la idea general, que es confirmada por el acto simbólico de lanzar la profecía al agua. Su sentido es que del mismo modo que se hunde el escrito en el río, se hundirá Babilonia para no levantarse jamás. Se trata, pues, de una acción simbólica del estilo de las que hemos visto en 13:19. El colofón hasta aquí las palabras de Jeremías falta en los LXX, y parece una nota redaccional posterior. [/private]

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