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Jeremías 50: Profecía sobre Babilonia

Pastor Lionel

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También la tremenda frase puesta en boca de Yahvé, mata a espada y extermínalos, hay que entenderla en el contexto del profeta; es la justicia divina la que se va a manifestar en toda su magnitud; los conquistadores son meros ejecutores de dicha justicia de Yahvé, y conforme a las leyes de guerra de la época se predica el exterminio o jérem (anatema), es decir, la aniquilación de todo como consagración al Dios de los ejércitos, de forma que nada quede para el vencedor. Nuestra sensibilidad cristiana se horroriza ante estas tremendas leyes de exterminio, pero una vez más debemos recordar que la moral del A.T. es muy inferior a la del ?. ?., y que, por otra parte, los profetas, poseídos de la idea de la justicia vengadora de Yahvé, recargan los colores en sus descripciones para impresionar más en el auditorio, cómo lo hacen al encarecer la misericordia divina. Siempre nos encontramos con el radicalismo de expresión de los escritores orientales, que no tienen tintas medias, sino que lo que nosotros vemos como gris, ellos lo presentan como negro o blanco. Hablan para gentes de imaginación ardiente, que sistemáticamente recortan la mitad de la mitad del contenido ideológico expresado, y, por tanto, en este supuesto, es necesario recargar el cuadro en función de una idea que ciertamente ha de quedar en la práctica muy diluida.

El cumplimiento de la orden de destrucción le sugiere al profeta un canto elegiaco teñido de ironía sobre el vencido: ¿cómo ha sido roto en pedazos el martillo de toda la tierra? . Yahvé se había servido de Babilonia como de un martillo para abatir a otros pueblos pecadores, entre ellos Israel; pero ahora ese martillo, que parecía de hierro, ha sido roto en pedazos en manos de la justicia vengadora divina, que actúa también como un martillo sobre su anterior instrumento punitivo de los pueblos. Es la visión teológica de la historia en los profetas: Yahvé dirige el curso de la historia de todas las naciones y pide cuenta de sus acciones y desvarios. Babilonia se ha convertido en horror entre las gentes, pues todos los pueblos la considerarán como una ciudad maldita de Dios, que la destinó a la ruina. Babilonia, orgullosa en su opulencia, se creía a resguardo de todo peligro, y por eso no se daba cuenta que en su vida había gérmenes de destrucción y de muerte; de ahí que vivía totalmente despreocupada, sin darse cuenta que Yahvé le ha tendido la red, quedando presa como un animal cogido con lazos. Según Herodoto, cuando las tropas de Ciro habían tomado una parte de Babilonia, los de la otra parte, despreocupados, no se habían dado cuenta de ello. El profeta ve en todo esto los designios secretos de Yahvé, que, como un soberano equipado para la guerra, llegado el momento, abrió sus arsenales., sacando las armas de su cólera. Los instrumentos de Yahvé en esta gran cruzada contra el tirano babilónico son las naciones que, federadas bajo Ciro, caen sobre Babilonia 23, pues Yahvé tenia un quehacer en la tierra de los caldeos: manifestar su justicia vengadora sobre un pueblo insolente y opresor. Por eso, enfáticamente invita a sus instrumentos de justicia a hacer presa en las riquezas inmensas de la nación vencida, enriquecida contra toda justicia: Venid desde los confines de la tierra., abrid sus graneros, haced de ella montones de gavillas y destruid. Nada debe quedar para la antigua nación opresora. Es la ley del jérem, o de la consagración al exterminio, del Deu_13:10s. Y entre las víctimas de esta hecatombe no deben faltar los toros, probable alusión a los guerreros babilonios vencidos. Todos están destinados al matadero. Es su día, el tiempo de su castigo. Cumplida la sentencia de exterminio, el profeta refleja nerviosamente la nueva de la catástrofe traída por los fugitivos, y entre ellos los israelitas, que anuncian en Sión la venganza de Yahvé. Es el triunfo de la justicia divina sobre la nación opresora, y por eso el momento de la alegría para los rescatados de la esclavitud.

Nueva Invitación a atacar a Babilonia

Babilonia es condenada por su arrogancia y opresión sobre otros pueblos. Yahvé convoca a los arqueros persas, dirigidos por Ciro, para que pongan cerco a la ciudad opresora e insolente. Babilonia no ha querido limitarse a ser instrumento de la justicia de Yahvé, y se ha atrevido a profanar el santuario de Yahvé, destruyendo totalmente al pueblo elegido: se irguió contra Yahvé. Por eso está decretada su destrucción, con la hecatombe de sus jóvenes y de sus guerreros. Babilonia ha atentado contra el Santo de Israel, expresión rara en Jeremías y característica de Isaías. Yahvé, al ser santo, es inaccesible, trascendente a todo lo profano y pecaminoso y, por tanto, intransigente con toda transgresión e iniquidad. Por eso debe castigar la insolencia de Babilonia, que ha mancillado el templo santo de Jerusalén y ha querido exterminar al pueblo santo de Israel, sellado con la elección divina. Yahvé, como Santo, debe vengar los atropellos cometidos contra su soberanía y contra la santidad de su pueblo.

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