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Jeremías 50: Profecía sobre Babilonia

Pastor Lionel

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Reintegración de Israel a su tierra

La atención del profeta se dirige hacia su pueblo Israel, que ha sido tratado como una oveja dispersa, indefensa ante los leones que la dispersaron. Primero los insoportables monarcas asirios Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón, destruyeron el reino del norte, ocupando a Samaría, su capital; y después Nabucodonosor le quebró los huesos a Judá, deshaciendo su vida nacional. La toma de Jerusalén por los caldeos en 586 señala el fin de la vida de Israel como colectividad nacional. Pero Yahvé no puede dejar impunes a los expoliadores de su pueblo. El imperio asirio había desaparecido (en el 612 cayó Nínive), y a Babilonia le está reservada la misma suerte. Dios los había escogido como instrumento de la justicia purificadora para hacer volver al buen camino a su pueblo. Pasada la hora del castigo, vendrá la de la rehabilitación. Sobre Israel existen unas promesas de salvación, y Yahvé las cumplirá. Nunca en sus designios ha querido destruir totalmente a su pueblo; por eso ahora renueva la promesa de la restauración de Israel como pueblo: Haré volver a Israel a sus pastizales.. El pueblo elegido había corrido disperso fuera de la órbita de la protección divina en justo castigo por sus pecados, pero llega la hora de que la oveja descarriada vuelva a sus pastizales, a encontrarse en la tierra que desde antiguo les había dado Yahvé en heredad, desalojando a los cananeos. Bajo la égida protectora de Yahvé, Israel volverá a conocer días venturosos de prosperidad en los ricos pastizales del Carmelo y de Basan, territorios famosos por sus ricos pastos, y en las ricas regiones de Efraím (parte central de Palestina) y de Galaad, en TransJordania. La mención de todos estos lugares insinúa que Israel volverá a formar una nueva nación con todas sus tribus, desapareciendo la tradicional separación habida después de la muerte de Salomón. Y, sobre todo, ese nuevo Israel será muy distinto del histórico anterior al exilio. La prueba tremenda de la abandonado de su Dios, sintiera nostalgias de El.cautividad ha servido para que Israel, Por eso, en la nueva teocracia (en aquellos días. de la plena rehabilitación de Israel en los tiempos mesiánicos) se verá libre de las tradicionales lacras, en tal forma que se buscara la iniquidad en Israel y no se hallará. Es la realización plena de la nueva alianza con las leyes escritas en el corazón. La nueva comunidad israelita vivirá del conocimiento y del amor de su Dios. Por ello, Yahvé se manifestará en toda su magnanimidad: seré propicio a los que queden, es decir, el resto salvado de Israel, núcleo de restauración en los tiempos mesiánicos. Para entrar en la nueva fase teocrática es preciso una amplia amnistía de los pecados del pueblo israelita. De nuevo nos encontramos ante entusiastas idealizaciones proféticas: la nueva comunidad será sin mancilla, viviendo íntegramente de la Ley de Dios. Históricamente, la realización de esto se da inicialmente en la Iglesia (Israel espiritual) y plenamente en la etapa definitiva mesiánica celeste, hacia la que converge este primer estadio histórico de la Iglesia militante.

Exhortación a los enemigos de Babilonia para. marchar contra ella

De nuevo una urgente invitación a los invasores para que cumplan los designios punitivos de Yahvé. El profeta escoge dos nombres para designar Babilonia en consonancia con su pasado y su castigo: Meratayim se suele identificar con Nar Narratu (“río amargo”), la región pantanosa entre el delta formado por el Tigris y el Eufrates. Transcrito en hebreo, Meratayim significa “doble rebelión,” alusión a la insolencia de Babilonia contra Yahvé. El profeta ha escogido este nombre aplicado a Babilonia para establecer una paranomasia en consonancia con el pecado específico de Babilonia. Pecod es el Pukudu de los textos babilónicos, y designa una tribu aramea establecida en el extremo oriental de Babilonia. En hebreo, su nombre juega con la palabra paqad, que significa “visitar” con designios punitivos. Así, pues, se aludiría en este juego de palabras al “castigo” que le espera a Babilonia. Ha llegado la hora del exterminio contra la impía ciudad, y los conquistadores deben cumplir fielmente su cometido: haz cuanto te he mandado. El cumplimiento de la orden ya está en marcha: Estruendo de guerra en la tierra.; es el eco de los gritos de los vencedores, que siembran por doquier una inmensa ruina. De nuevo tenemos que hacer recalcar que estas descripciones proféticas son ideales, conforme al clisé tradicional de las invasiones, que solían llevar consigo la destrucción y la ruina por doquier. En realidad sabemos que las tropas de Ciro no sembraron la desolación al entrar en Babilonia, pero el hecho de la derrota total de la ciudad permanece a través de estas descripciones hiperbólicas y radicales.

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