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Jeremías 50: Profecía sobre Babilonia

Pastor Lionel

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Yahvé hará que venga un pueblo procedente del septentrión que convertirá su tierra en soledad. Para los israelitas, los invasores siempre habían llegado del norte (asirios y babilonios); por eso el nombre de septentrión tenía, para ellos algo de recuerdo fatídico. Pero también para Babilonia el septentrión significará el camino de la desolación y de la ruina, pues de las montañas septentrionales de Mesopotamia surgirán los nuevos invasores, los medo-persas, bajo la dirección del gran caudillo Ciro. La invasión del conquistador persa no fue en realidad a sangre y fuego, como solían ser las de los asirios y babilonios. Ciro mostró un gran talento diplomático con los pueblos vencidos, ahorrándose todas las posibles humillaciones y desgracias. Pero el profeta, al describir la invasión medo-persa, lo hace según los módulos tradicionales en las conquistas de los antiguos vencedores: desolación y muerte por doquier. Es una indicación más en favor de la autenticidad jeremiana del fragmento, ya que, si estuviera compuesto por un autor posterior a la toma de Babilonia por Ciro (538), habría evitado descripciones que no estuvieran en consonancia con los hechos reales. Ya hemos indicado en otras ocasiones cómo los profetas conocen la sustancia del hecho futuro revelado por Dios, pero generalmente no las circunstancias concretas de su cumplimiento. De ahí que en sus descripciones generalicen e idealicen las situaciones futuras conforme a concepciones tradicionales adaptables a la expectación del ambiente. No obstante, podemos decir que, según Herodoto, Babilonia fue desmantelada bajo Darío I y destruida bajo Jerjes, terminando por ser abandonada y reducida a un gran desierto.

Arrepentimiento de los israelitas

La caída de Babilonia significará para los exilados israelitas la liberación. De nuevo las doce tribus, los hijos de Israel., los hijos de Judá, se unirán para constituir la nueva y única nación de Yahvé. El fragmento está inspirado en oráculos anteriores. Los repatriados seguirán su camino llorando con lágrimas de arrepentimiento por el pasado pecador de su pueblo, causa de la tragedia de la nación, y llenos de indecible alegría ante la perspectiva de la liberación y restauración nacional. Todas sus ilusiones se dirigirán a buscar a Yahvé, su Dios. Amos había anunciado que los que quedaran de la catástrofe andarían por los montes hambrientos de la “palabra de Yahvé.”Después de tantos desvarios reconocerán que su Dios debe ser el único centro de sus corazones. Los repatriados preguntarán por el camino de Sión. Los años del exilio les habían hecho sentir la nostalgia de Sión, la morada tradicional del Dios de sus antepasados. Por eso, cuando llega la hora del retorno, no tienen otra obsesión que volver a Jerusalén, centro de sus aspiraciones espirituales y nacionales. Desengañados con el pan amargo del destierro, se proponen emprender vida nueva, haciendo un nuevo pacto con Yahvé: Liguémonos con Yahvé con pacto eterno, que no se olvide jamás. El pacto del Sinaí había sido quebrantado por sus padres, y era hora de echar las bases de una nueva teocracia. En estas palabras animosas de los repatriados se echa de ver la ilusión de los tiempos mesiánicos, señuelo de sus corazones. Varios profetas anteriores habían hablado de un nuevo pacto entre el Israel rescatado y Yahvé 5. Según Jeremias 31:33, la nueva Ley sería escrita en los “corazones,” de modo que su obligatoriedad provendrá no de la coacción externa, sino del anhelo íntimo del nuevo ciudadano de Israel.

Esta actitud de conversión en el pueblo le hace recordar al profeta la tragedia de su pueblo, que ha sido como un rebaño descarriado. por sus falsos pastores (reyes, sacerdotes y falsos profetas), los cuales, en vez de urgir el cumplimiento de la Ley y de las obligaciones ético-religiosas para con su Dios, le hicieron vagar por los montes., adorando a los ídolos en los lugares altos y olvidándose de su aprisco, es decir, del templo de Jerusalén, síntesis de la verdad religiosa de Israel. Consecuencia de estos extravíos fue que el pueblo elegido se halló indefenso ante los ataques de sus enemigos, que impunemente le atacaron. Y el profeta pone en boca de ellos consideraciones teológicas que justifican el mal trato que dieron al pueblo israelita: no hay delito., han pecado contra Yahvé, sede de justicia y esperanza de sus padres. Ellos se consideraban así como instrumentos de la justicia divina de Yahvé, abandonado de sus fieles, cuando en realidad era la esperanza de sus padres, es decir, Yahvé les había hecho promesa de felicidad y prosperidad a condición de que le fueran fieles a la alianza sinaítica.

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