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Jeremías 50: Profecía sobre Babilonia

Pastor Lionel

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Jeremías 50:44  He aquí que uno subirá como león de la espesura del Jordán a un pastizal de perenne verdor, y en un instante le haré huir de él, y al que sea escogido nombraré sobre él. Porque ¿quién es como yo y quién me citará a juicio? ¿Quién es el pastor que me podrá resistir?

El invasor fue Ciro, quien atacó Babilonia por sorpresa y la derrotó. El mundo se estremeció porque su más grande imperio cayó de repente. Ninguna cantidad de poder terrenal puede permanecer para siempre.

Jeremías 50:45  Por tanto, oíd el plan que el Señor ha trazado contra Babilonia, y los designios que ha decretado contra la tierra de los caldeos; ciertamente los arrastrarán, aun a los más pequeños del rebaño; ciertamente a causa de ellos hará una desolación de su pastizal.

Jeremías 50:46  Al grito de ¡Babilonia ha sido tomada!, la tierra tiembla y el clamor se oye entre las naciones.

Oráculo Contra Babilonia.

En estilo dramático y entrecortado, el profeta anuncia el castigo de la opresora Babilonia. Todos los pueblos son invitados a caer sobre ella en la medida que fueron oprimidos por su omnipotente fuerza. Los críticos creen que esta profecía contra Babilonia tiene un marcado carácter compilatorio. Se repiten los temas, lo que hace pensar en una serie de oráculos contra Babilonia ensamblados por un redactor posterior a Jeremías.

Anuncio de la caída de Babilonia

Babilonia era la gran opresora de todos los pueblos del Antiguo Oriente, digna sucesora de la insoportable Asiría. Por eso la caída de Babilonia suscita una alegría incontenible en todos los corazones oprimidos. Nabucodonosor había sido elegido como instrumento de la justicia de Yahvé, pero se había excedido en su cometido, y, sobre todo, se había considerado como omnipotente, sin consideración para con el Dios de Israel, que le había dado la victoria. Por eso la justicia divina exigía también el castigo del insolente babilonio. Ningún pueblo se substrae al poder de Yahvé. Todos han tenido que beber la copa de la cólera divina, y la gran opresora Babilonia no iba a quedar exceptuada.

El profeta anuncia, alborozado, la caída de la común opresora: alzad bandera. Todos los pueblos oprimidos deben alegrarse ante tan magna nueva. Es la hora de la liberación. Y, sobre todo, para los monoteístas israelitas era la hora de la derrota de los supuestos Dioses babilonios. Los caldeos creían que, por el hecho de haber sometido a otros pueblos, sus Dioses eran superiores, y se habían atrevido a ponerlos por encima del Dios de Israel, Señor de los mundos y de los reinos de la tierra. Pero ahora, con la derrota de Babilonia, ha quedado avergonzado Bel, vencido Marduk. Bel aquí es sinónimo de Marduk. El nombre de Bel, o “Señor,” lo habían aplicado primero los semitas al Dios sumerio Emlil, adorado en Nippur. Cuando Babilonia llegó a ser la capital de Mesopotamia, su Dios principal, Marduk, fue llamado Bel, o Señor por excelencia. El nombre de Bel equivale al Baal de los cananeos, con el mismo sentido sustancial. Con la caída de Babilonia, sus ídolos han demostrado su total impotencia para salvar a su pueblo de la ruina; por eso han sido confundidos y abatidos.

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