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Jeremías 49: Profecía acerca de los amonitas

No les queda sino la desbandada vergonzosa cuando llegue el invasor enviado por Yahvé: Huid., habitantes de Dedán. Dedán era una ciudad de Arabia en estrechas relaciones con los edomitas. Eran frecuentes las caravanas comerciales de dedanitas. Por eso aquí se invita a los habitantes de Dedán a huir con celeridad, pues se acerca el devastador, enviado por Yahvé para traer la ruina a Esaú, es decir, de Edom, ya que Esaú, hermano de Jacob, era el epónimo de los edomitas. La devastación será completa. Los invasores caerán sobre Edom como viñadores, que no dejan rebusco, o como ladrones, que asaltan de noche y saquean a su gusto. Por otra parte, como es Yahvé quien los ha traído, les enseñará los escondites, de modo que puedan llevárselo todo. Los pueblos que antes eran considerados como hermanos o vecinos, llegada la hora de la prueba, se desentenderán de sus compromisos de sangre o de alianza. Y por eso, su descendencia será destruida. Nada podrá evitar la ruina total. La frase es muy radical, pero no es necesario tomarla al pie de la letra. En el versículo 11 se alude a los huérfanos que quedan desamparados y son protegidos por el mismo Yahvé. La catástrofe afectará sobre todo a los varones, y sólo Yahvé se preocupará de sus viudas y huérfanos.

El versículo 12 reproduce en forma abreviada 25:28-29. La idea parece ser que, si otros que tenían más títulos para verse a resguardo de la ira de Yahvé (como Israel, por ser su pueblo escogido) han tenido que beber el cáliz de la cólera divina, ¿cuánto más Edom, que no merece consideración especial alguna? Yahvé jura solemnemente destruirlo. Es una expresión antropomórfica y enfática para indicar la certeza del castigo. Su capital, Bosra, será convertida en desolación y objeto de oprobio y maldición, frase estereotipada que expresa la trágica suerte de una nación antes gloriosa.

Los versículos 14-i6 están casi al pie de la letra en Abdias 1:1-4 El profeta se presenta como un centinela puesto en los confines de Edom y asiste en espíritu a la invasión: Yahvé ha enviado un heraldo por los pueblos, convocando a los invasores: Reunios y marchad contra él. para declararle la guerra y exterminarle. Con esta escenificación, el profeta quiere destacar que es Yahvé el que envía al invasor sobre Edom. Yahvé ha decidido humillarle convirtiéndole en un pueblo pequeño entre los pueblos, sin que se le tenga consideración alguna. Y todo le ha venido por la altanería de su corazón. Se consideraba seguro en los huecos de las rocas., en las crestas de los montes, favorecido por las anfractuosidades de su territorio, desde donde se lanzaba impunemente a las razzias sobre los pueblos vecinos. Se creía libre como el águila, que pone alto su nido, pero Yahvé se encargará de hacerla bajar24. Su destrucción será tal, que los que pasen por sus ruinas quedarán estupefactos., silbando burlonamente. La comparación con Sodoma ‹y Gomorra para indicar el castigo aselador divino era clásica en la literatura profética. Las dos ciudades malditas estaban colindando con los territorios de Edom, y por eso su recuerdo debía ser una lección permanente para los edomitas. Los edomitas fueron suplantados en su territorio por las tribus árabes nabateas.

Los versículos 19-21 aparecen ligeramente cambiados en 50:44-46. El devastador es representado como un león que sube de los boscajes del Jordán a los pastos siempre verdes. La exuberante vegetación era lugar donde se ocultaban las fieras que inesperadamente irrumpían en la llanura de la depresión del Jordán, donde pastaban confiados rebaños. La feracidad de la zona del Jordán era un verdadero oasis para los que habitaban en los parajes semiesteparios de la montaña y meseta palestinense y moabita. En realidad, Yahvé mismo será el que trae al devastador, y nadie puede impedirlo: los arrojaré y estableceré a quien me plazca. ¿Quién me pedirá cuentas? ¿Quién es el pastor que me hará frente? Nadie puede oponerse a sus designios. Sigue el símil anterior. Si él envía al león devastador, ¿quién es el pastor que puede proteger al rebaño? Ningún rey de Edom puede defender su grey en contra de los planes de Yahvé, que ha decidido el exterminio.

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