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Jeremías 44: Mensaje del Señor a los judíos que fueron a Egipto

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Jeremías 44:1  Palabra que vino a Jeremías para todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, los que moraban en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en la tierra de Patros, diciendo:

Todos los judíos : Puede que incluya el grupo dirigido por Azarías y Johanán, así como otros deportados antes. Colonias judías existieron desde una época temprana a través de Egipto. Migdol : Un lugar al noreste de Egipto cuya localización exacta es incierta (véase 46.14). Menfis , situada en la ribera occidental del Nilo, al sur de El Cairo. Patros es la palabra hebrea para el Alto (meridional) Egipto, más o menos el área entre El Cairo y Asuán.

Este mensaje, dado en el año 580 a.C. mientras Jeremías estaba en Egipto en contra de su voluntad, recordaba al pueblo que por seguir a otros Dioses su tierra fue destruida. Jeremías les dijo que nunca volverían a Judá debido a que la huida a Egipto iba en contra del consejo de Dios. Pero el pueblo se negó a aprender lección alguna de toda la destrucción que sus pecados provocaron.

Jeremías 44:2  Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Vosotros habéis visto toda la calamidad que he traído sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá, y que he aquí, hoy están en ruinas y no hay en ellas morador,

Jeremías 44:3  a causa de la maldad que ellos cometieron para provocarme a ira, quemando constantemente sacrificios y sirviendo a otros Dioses que no habían conocido, ni ellos, ni vosotros, ni vuestros padres.

Jeremías 44:4  «Con todo, os envié a todos mis siervos los profetas repetidas veces, diciendo: ‹No hagáis ahora esta cosa abominable que yo aborrezco.›

Jeremías 44:5  «Pero no escucharon ni inclinaron su oído para apartarse de su maldad, para dejar de quemar sacrificios a otros Dioses.

Jeremías 44:6  «Por tanto, se derramó mi ira y mi furor y ardió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que fueron convertidas en ruinas y en desolación, como lo están hoy.

Jeremías 44:7  «Ahora pues, así dice el Señor Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: ‹¿Por qué os hacéis un daño tan grande a vosotros mismos cortando de entre vosotros a hombre y mujer, niño y lactante de en medio de Judá, sin que os quede remanente,

Jeremías 44:8  provocándome a ira con la obra de vuestras manos, quemando sacrificios a otros Dioses en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado a residir, de modo que seáis exterminados y vengáis a ser maldición y oprobio entre todas las naciones de la tierra?

Obras de vuestras manos : muchos interpretan esto como ídolos, no necesariamente tiene que ser así. Con las manos se cometen muchos hechos que son abominación a los ojos de Dios.

Jeremías 44:9  ‹¿Habéis olvidado las maldades de vuestros padres, las maldades de los reyes de Judá y las maldades de sus mujeres, vuestras propias maldades y las maldades de vuestras mujeres, que cometieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?

Cuando olvidamos una lección o nos negamos a aprenderla, corremos el riesgo de repetir nuestros errores. El pueblo de Judá luchó con este mismo problema. Olvidar errores pasados significaba repetirlos. No aprender del fracaso es un futuro fracaso asegurado. Su pasado es la escuela de la experiencia. Permita que sus errores pasados lo dirijan hacia el camino de Dios.

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