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Jeremías 43: La emigración a Egipto

Pastor Lionel

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Anuncio de la Invasión de Egipto por Nabucodonosor

Jeremías reanuda sus acciones simbólicas para expresar gráficamente la futura humillación de Egipto, que con sus instigaciones fue la causa del desastre de Judá. La parábola en acción tiene lugar en Tafnes, ciudad fortificada en la frontera oriental de Egipto, la actual tell Defenne. Era el lugar de concentración de muchos judíos fugitivos. Algunos habían sido ya deportados en tiempo de Joacaz (608 a.C.), cuando el faraón Necao II llevó a Joacaz, hijo de Josías, a Egipto, poniendo en el trono en su lugar a Joaquim.

Jeremías les había dicho a los fugitivos en las cercanías de Belén que no fueran a Egipto, donde encontrarían la ruina y la espada. Ahora su primer oráculo sirve para confirmar aquellas palabras. Yahvé, Señor de los reinos y de la historia, ha decidido la invasión de Egipto por el implacable Nabucodonosor. Con ello quiere decir que los judíos no encontrarán en el país del Nilo la seguridad y abundancia anheladas. La acción simbólica del profeta quiere indicar que en aquel lugar donde está poniendo piedras., en el empedrado a la entrada de la casa del faraón, asentará Nabucodonosor su trono. Es el anuncio de la invasión del coloso caldeo. Las piedras grandes colocadas allí a la vista de todos por Jeremías deben servir de “memorial” de su profecía. La casa del faraón no es necesario tomarla en el sentido de palacio personal del faraón, sino uno de los edificios oficiales en los que estaban instalados los representantes del faraón en aquella zona fronteriza. No sabemos que Tafnes haya sido nunca residencia personal del faraón egipcio. Se trata, pues, de la residencia-fortaleza de la guarnición fronteriza egipcia, en donde moraba el gobernador, representante del faraón. Quizá habría sido residencia accidental del faraón en sus visitas de inspección a las fronteras y de paso en sus campañas militares en Palestina.

Yahvé hará que su siervo Nabucodonosor, instrumento de su justicia, plante sus reales en tierra de Egipto. Con él llegará la destrucción y la ruina: los que a la muerte, a la muerte. Abrasará los templos, llevando cautivos a sus ídolos 3. Nabucodonosor limpiará a Egipto de sus Dioses e ídolos como despioja el pastor su zamarra. El símil es expresivo y refleja la minuciosidad con que Nabucodonosor destruirá todo, sin dejar nada en pie. A su paso caerán los obeliscos del templo del Sol, o Heliópolis, la ciudad egipcia de On (nombre que da el texto griego), centro del culto solar, a poca distancia de El Cairo actual. Uno de sus obeliscos está aún en su lugar, mientras que otro fue llevado a Roma por Augusto.

Tenemos, pues, que aquí se anuncia una expedición de Nabucodonosor contra Egipto, como lo profetizó también Ezequiel allá por el 572 6. Durante mucho tiempo se dudaba de la realización de estas profecías. Flavio Josefo dice que Nabucodonosor conquistó Egipto en el año 23 de su reinado, es decir, en el 583-582 a.C. Pero quizá esto dependa de la profecía de Jeremías. Herodoto no conoce tal expedición a Egipto, pero el historiador griego tiene muchas lagunas. En un fragmento de una inscripción babilónica traducido en el 1878 se dice que Nabucodonosor dirigió una expedición contra Egipto en el año 37 de su reinado (568-567) contra el faraón Amasis (569-526), que durante algún tiempo compartió el trono como corregente con su antecesor Ofra (588-569). No sabemos detalles de esa expedición a Egipto llevada por Nabucodonosor, pero podemos suponer que fue victoriosa, pues de lo contrario no la hubiese consignado en la inscripción. Con esto tenemos lo suficiente para probar el cumplimiento de la profecía de Jeremías. Sin duda que sembró la ruina y la devastación por doquier, como era su costumbre, y más al tratarse del gran imperio enemigo. Como Tafnes estaba en la frontera oriental de Egipto, con toda seguridad que en su expedición militar Nabucodonosor instaló su trono. y tapiz en el palacio-residencia del representante del faraón, cumpliéndose así literalmente la profecía.

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