Jeremías 37: Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías

Pastor Lionel

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La retirada del ejército babilónico había hecho surgir la euforia general entre los nacionalistas a ultranza. Creían que había llegado la liberación definitiva, y suponían irónicamente que las predicciones de Jeremías habían resultado fallidas. Sin embargo, el rey no compartía esta euforia, pues estaba preocupado por la seriedad de las amenazas de Jeremías, al que consideraba como hombre de Yahvé. De ahí la razón de la embajada . El faraón Ofra, sucesor de Psamético II, había atacado repentinamente hacia el 588 al ejército babilonio, que estaba en Palestina en un último esfuerzo por reponerse del desastre sufrido por Necao II en Carquemis (605). El choque fue violento, y la consecuencia fue que el faraón retornó a Egipto. Libres del peligro egipcio, los babilonios volverán a reanudar el asedio de Jerusalén.

La respuesta de Jeremías a la consulta del rey Sedecías no pudo ser más desconsoladora: el ejército babilonio volverá con nuevos ímpetus a asediar la ciudad y la incendiará. Son vanas, pues, las ilusiones fáciles de este momento, ya que, aun en el supuesto imposible de que los judíos vencieran al colosal ejército de Nabucodonosor, detrás estaba la mano de Yahvé, que con unos cuantos que quedasen. heridos entre los babilonios habría de pegar fuego a Jerusalén. La suerte de la ciudad está echada. Los babilonios son los instrumentos de la justicia divina, que inexorablemente se cumplirá.

Otro precioso relato autobiográfico, lleno de verismo por sus circunstancias. Jeremías quiso aprovechar aquel intervalo del asedio para ir a su pueblo de nacimiento, Anatot, a arreglar sus negocios personales familiares. Ausentados los soldados de Nabucodonosor, era posible salir al campo y encaminarse a su lugar de nacimiento, a unos cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén. La expresión tierra de Benjamín indica el territorio en que estaba enclavado Anatot. La tribu de Benjamín lindaba con la Ciudad Santa. Su intención era hacer una partición en medio del pueblo, es decir, arreglar un asunto familiar de herencia o de compra. Quizá su viaje está relacionado con el campo comprado a su primo Ananeel. La puerta de Benjamín debía de estar cerca de la actual “puerta de Damasco,” que daba acceso directamente al territorio de la tribu de Benjamín. Existía una puerta de Benjamín en la parte septentrional del recinto del templo, pero aquí debe de aludir a una puerta de los muros exteriores de la ciudad. Algunos la identifican con la “puerta de las Ovejas”, pero es más probable que corresponda a “la puerta de los Peces”, al oeste de la torre Ananeel, en la dirección de la actual “puerta de Damasco.” Allí fue apresado Jeremías cuando salía para Anatot, acusado de querer pasarse a los caldeos. Era el pretexto para encarcelarle. Tantas veces había predicado la rendición a los babilonios, que bien podía sospecharse de él que era un espía de los asediantes. Jeremías protesta enérgicamente contra esta acusación de traición. De nada le sirvió su protesta, pues fue llevado a los jefes, mal dispuestos contra el profeta, los cuales, después de azotarle, le encerraron en una cisterna abovedada, o cavidad subterránea, utilizada, cuando estaba seca, para prisión.

Mientras tanto, las circunstancias habían cambiado. Después de haber sido vencidos los egipcios, las tropas de Nabucodonosor iban a volver de nuevo a poner sitio a Jerusalén. Las ilusiones de liberación fomentadas por los falsos profetas se desvanecían, y el rey empezó a pensar de nuevo en las predicciones sombrías de Jeremías, que tenía todos los visos de profeta auténtico de Yahvé. Quiso entrevistarse con él en secreto para no contrariar a los cortesanos enemigos de Jeremías y de su política religiosa. El rey ha llegado a la conclusión de que sólo Yahvé puede salvar la ciudad, y tiene esperanzas que modifique las predicciones derrotistas comunicadas antes por el profeta; por eso le pregunta ansioso: ¿Hay palabra de Yahvé?. Sabía que Jeremías recibía muchas comunicaciones divinas relativas a la suerte del pueblo judío. ¿Qué designios tenía actualmente Yahvé sobre Jerusalén y sobre la suerte del rey? Jeremías, a pesar de hallarse extenuado por los tratos recibidos, dice con energía a su rey, sin abdicar de su condición de mensajero de Dios: Sí, la hay.; serás entregado en manos del rey de Babilonia. El profeta, pues, fiel a su misión, seguía anunciando la misma suerte trágica para la familia real. La injusticia ha colmado el cáliz de la ira divina, y llega la hora de la cuenta, en la que se confirmarán los trágicos vaticinios de Jeremías.

Después proclama su inocencia ante el rey y protesta enérgicamente contra el trato injusto que se le da. No pide piedad, sino justicia: ¿Qué pecado he cometido yo contra ti. para que me hayas metido en la cárcel ?. El rey, en definitiva, era el responsable de que él estuviera en la prisión, pues consentía la injusta conducta de sus funcionarios. Y a continuación Jeremías pregunta con ironía por los falsos profetas. Ellos, deseando halagar al rey y a sus cortesanos, han anunciado la liberación, engañándolos miserablemente, pues ya tienen de nuevo a los babilonios cercándolos, y, en cambio, esos falsos profetas están libres o huyeron avergonzados. Mientras que Jeremías, que anunció lo que le comunicaba Dios, y cuyas predicciones se están cumpliendo, está encarcelado. Proclamada su inocencia, hace una súplica de liberación al rey. El rey no se atrevió a libertarlo del todo, pero por sentimientos de humanitarismo le mitigó la pena, ya que la prisión en el fondo de la cisterna era condenarle a muerte lenta e inhumana. Así, pues, Jeremías quedó, en calidad de libertad vigilada, en el vestíbulo de la guardia del palacio, y el rey le señaló una mínima ración de subsistencia.

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