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Jeremías 31: Restauración de las tribus, retorno de la diáspora

Jeremías 31:9  Con llanto vendrán, y entre súplicas los guiaré; los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy un padre para Israel, y Efraín es mi primogénito.

Jeremías 31:10  Oíd, naciones, la palabra del Señor, anunciad en las costas lejanas, y decid: El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo guardará como un pastor a su rebaño.

Jeremías 31:11  Porque el Señor ha rescatado a Jacob, y lo ha redimido de manos más fuertes que él.

Jeremías 31:12  Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sion, y radiarán de gozo por la bondad del Señor: por el grano, por el vino y por el aceite, y por las crías de las ovejas y de las vacas. Su alma será como huerto regado, y nunca más languidecerán.

Jeremías 31:13  Entonces la virgen se alegrará en la danza, y los jóvenes y los ancianos a una; cambiaré su duelo en gozo, los consolaré y los alegraré de su tristeza.

Jeremías 31:14  Y llenaré con abundancia el alma de los sacerdotes, y mi pueblo se saciará de mi bondad–declara el Señor.

Esto significa que se harían muchos sacrificios en el templo para que los sacerdotes tuvieran un banquete con su porción. También es un símbolo de vida y prosperidad

Jeremías 31:15  Así dice el Señor: Se oye una voz en Ramá, lamento y llanto amargo. Raquel llora por sus hijos; rehúsa ser consolada, por sus hijos que ya no existen.

Raquel, madre de José y Benjamín, se lamenta por sus hijos (las tribus del norte que marchan al exilio). Mateo 2:18 cita el versículo 15 como expresión de dolor por la matanza de niños inocentes, pero aquí ya aparece la esperanza de restauración y gozo. Raquel, la esposa favorita de Jacob, era la madre simbólica de las tribus del norte, que los asirios llevaron al cautiverio. Se describe a Raquel llorando por los cautivos en Ramá, un lugar de escala en el camino a la deportación. Este versículo se cita en Mateo 2:18 para describir la tristeza de las madres de Belén cuando asesinaron a sus hijos varones. Hubo gran llanto en ambos casos

Jeremías 31:16  Así dice el Señor: Reprime tu voz del llanto, y tus ojos de las lágrimas; hay pago para tu trabajo–declara el Señor–, pues volverán de la tierra del enemigo.

Jeremías 31:17  Y hay esperanza para tu porvenir–declara el Señor–, los hijos volverán a su territorio.

Jeremías 31:18  Ciertamente he oído a Efraín lamentarse: «Me has castigado, y castigado fui como becerro indómito. Hazme volver para que sea restaurado, pues tú, Señor, eres mi Dios.

El primer paso en la conversión de Efraín (sinónimo de Israel) es una confesión y un arrepentimiento delante de Dios. Para evitar un regreso a los caminos de apostasía, se insta a Efraín a poner señales y recordar la senda que lo condujo a desobedecer a Dios. «Herí mi muslo» era una expresión de dolor y luto. Efraín era una de las tribus más grandes del reino del norte. Si bien cayó en los pecados más degradantes, Dios todavía amaba al pueblo. Un remanente se volvería a Dios, arrepintiéndose de sus pecados y El lo perdonaría. Dios lo sigue amando, a pesar de lo que haya hecho. Lo perdonará si vuelve a El.

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