Jeremías 28: Incidente personal entre Jeremías y el falso profeta Ananias.

Pastor Lionel

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Respuesta de Jeremías

Jeremías responde a las venturosas predicciones de Ananías diciendo que bien desearía que así sucedieran las cosas: así sea., que mantenga Yahvé tu palabra (versículo 6). Pero la realidad es muy otra; pues, según sus revelaciones personales, el destino de sus compatriotas va a ser muy trágico como consecuencia de la indefectible invasión babilónica. Como buen patriota, deseaba que los utensilios de la casa de Yahvé volvieran a su lugar debido. Pero, aparte de que él no participa de este optimismo, la experiencia de profetas que desde antiguo profetizaron confirma sus lúgubres puntos de vista, pues profetizaron. la guerra 3, y sus predicciones han sido confirmadas por la historia. En efecto, las profecías anteriores a Jeremías son predominantemente pesimistas, y en este sentido están en la línea de él mismo, en contra de la posición ingenua de Ananías. Una de las características de los verdaderos profetas era hacer frente a la opinión optimista popular, llamándolos a la penitencia; de lo contrario, no tardaría en intervenir la justicia divina. La misión del profeta verdadero es ante todo despertar la conciencia religiosa del pueblo escogido, fustigando sus vicios y transgresiones e invitándole a retornar a Yahvé, dejando sus caminos materialistas y humanos. Por eso, cuando el profeta anuncia paz (en contra de su ordinario modo de obrar), es necesario esperar el cumplimiento de esa predicción venturosa para ver si es verdadera. La presunción, pues, por regla general, está a favor del profeta que anuncia castigos en contra de las ilusiones del vulgo, ya que es un signo claro de que no se busca la popularidad. La respuesta de Jeremías es prudente y comedida, buscando en todo el buen sentido en su contrincante.

Ananías rompe el yugo de Jeremías

La respuesta sensata, aunque irónica, de Jeremías tuvo el efecto de sobreexcitar a Ananías. Para salvar su prestigio ante los oyentes, recurrió a un gesto teatral, con el que iba a reafirmar la convicción en sus predicciones: tomó el yugo de sobre el cuello de Jeremías, haciéndolo pedazos. Jeremías se había presentado con el yugo como símbolo de su predicción de la esclavitud babilónica. Ahora su contrincante quiere impresionar al auditorio con otro gesto simbólico, al romper el yugo llevado por Jeremías: Así romperé yo el yugo de Nabucodonosor, y da el término de dos años para el cumplimiento de su profecía. Eran muchos los que esperaban y confiaban en una derrota del coloso babilonio; por eso esta promesa de Ananías confirmaba sus puntos de vista. Ante esta actitud histérica de Ananías, el profeta de Anatot opta por callarse, esperando mejor ocasión; así se fue su camino. Era la actitud más digna, ya que lo contrario era rebajarse a alternar con un charlatán de feria. Ha cumplido su misión de predicar al pueblo. Aparentemente ha triunfado su adversario. Ya llegará el momento en que hablará de modo más convincente de parte de Yahvé. El no podía extralimitarse en su misión de profeta, y dependía en todo de la inspiración directa divina. Era justamente esto lo que le distinguía de los falsos profetas, que predicaban lo que halagaba sus intereses y les sugería su imaginación.
Por orden divina, Jeremías vuelve a enfrentarse a Ananías para comunicarle una revelación que acaba de recibir. Ha creído triunfar con su gesto teatral de romper el yugo, pero no ha conseguido nada, pues Yahvé, por su presunción, le va a castigar de muerte. Con su aparatoso acto de romper el yugo había querido dar a entender que Yahvé iba a romper el yugo babilónico, pero las cosas iban a ir muy de otro modo. Yahvé reafirma su voluntad de que todos los pueblos se sometan a Nabucodonosor de modo inexorable: fías roto un yugo de madera. En su lugar, yo haré un yugo de hierro. En vez del yugo de madera que proponía antes Jeremías, invitando a su pueblo a someterse a los babilonios, con lo que la servidumbre sería menos dura, Yahvé hará venir una opresión feroz, consecuencia de la rebelión contra Nabucodonosor, y entonces el yugo será insoportable, de hierro.
Y como prueba de esta predicción, Jeremías le dirige personalmente a Ananías un vaticinio lúgubre sobre su propia suerte. Se ha arrogado el oficio de profeta, sin que Yahvé le hubiera enviado, desconcertando al pueblo con sus falsas esperanzas, y Dios justamente le va a enviar la muerte como castigo en un breve plazo, de modo que todos vean en ello un signo de la certeza de las profecías de Jeremías. Efectivamente, Ananías murió en ese mismo año, en el séptimo mes. Es la simple constatación del hecho, prueba de la veracidad de las profecías de Jeremías.

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